La vejez… es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura de lo que fue la juventud alguna vez (Alberto Cortez).

SANTIAGO, República Dominicana.-Las 7:35 marcaba el reloj la mañana del sábado. Estaba lista para empezar los quehaceres domésticos… de pronto la escuché, con su tímpano a todo pulmón, entonando la canción que le había dado el sustento por más de 30 años: “llevo güandule, recaíto verde, auyama, cereza llevo… llevo aguacate, manzanilla, limone, tomate llevo…”.

Su paño, desgastado por el tiempo, es el soporte en que se sostiene su inseparable amiga de siempre la ponchera, o como usted la conozca. Es el recipiente que sirve de almacén para cargar las cerca de 50 libras que a diario Cristina Peña lleva sobre su cabeza caminando más de dos kilómetros a pies.

Cristina, para quien su delantal es el único banco existente, donde guarda el fruto de su forzado trabajo, la vida le presenta escasas opciones. Desde los 12 años vende frutos y verduras… hoy ya tiene 69, y un marido que cada día se levanta antes de que el sol se ponga, a eso de las 4 para cargar víveres en el Hospedaje Yaque.

Al contemplarla pensé en todos los que como ella han trabajado toda una vida para sacar sus hijos a flote y no tienen garantías de vivir sus últimos años sin mendigar una “cajita” que le del gobierno en la navidad o una tarjeta solidaridad para tener lo básico para subsistir.

¿La pensión: derecho o favor?

A sol y sereno sale a trabajar, aguanta malos tratos y desdenes ahora que puede. ¿Cómo será cuando ya no pueda trabajar? ¿A quién podrá acudir cuando sus fuerzas se acaben? ¿Quién podrá darle el equivalente a tantos años de trabajo y sacrificio?

Lo triste es que esta situación no es exclusiva de ella, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas los adultos mayores son cerca del 10% de la población, ya que las personas mayores de 65 años superaran las 844,996. Y de estas sólo el 12% tiene acceso a una pensión mínima que por lo regular ronda los 4 dólares 50 centavos diarios, según las cifras oficiales. Para que usted tenga una idea eso es menos de 80 pesos que deben ser distribuidos entre medicinas, agua, luz, comida, transporte, y pago de vivienda… una situación realmente improcedente.

Ya en el 2007[2] más del 60.3% de las personas mayores de 60 años no recibía ingresos por pensión, jubilación ni por trabajo, y para el 25% su única posibilidad era continuar con su vida laboral más allá de esta edad.

Pero no crea usted que obtener una pensión es un out al quécher. De acuerdo con Rafael –Pepe- Abreu, presidente de la Confederación Nacional de Unidad Sindical (CNUS), la cantidad de trabajadores que tiene más de 8 años esperando su pensión supera las 15,000.

“Hay que esperar tanto, y dar tantos viajes que cuando te sale por lo menos los 3 primeros pagos ya tu los debes”, cuenta Ana Rivas, una profesora que luego de cumplir los 67 años, y tener más de 30 en ejercicio tuvo que pagar durante un año una sustituta en la escuela mientras esperaba su compensación.

En este país es tan difícil ser envejeciente de acuerdo a la geriatra Rossy Pereyra “porque todo está mucho más caro y las pensionados siguen recibiendo la misma suma precaria”.

Si usted aun cree que puede ser exagerado, piense que el sistema provisional dominicano solo cubre a 8 de cada 100 personas mayores, y que esos beneficiarios reciben unas sumas tan ínfimas que no les da para vivir.

La ley 87-01 no es esperanzadora, ya que para tener derecho a una pensión la cotización mínima es de 30 años, 360 meses y al menos 65 años cumplidos. Pero sobre todas las cosas, tener un empleo formal.

Salud

Aun estupefacta viendo aquella marchanta, me acorde del señor Juan que pide limosna en la calle del Sol, a diario lleva su cruz a cuesta, una pierna que le ha impedido trabajar por más de 10 años. Saber que alrededor del 15% de los adultos mayores de este país comparte su realidad.

Al 31 de diciembre del 2011 el régimen contributivo [3]tenía 95,222 afiliados mayores de 65 años. Eso se traduce que menos del 4% de la población tiene acceso a un médico por el fruto de su trabajo.

Y la porción que se beneficia del régimen subsidiado de SENASA son solo 243,509 envejeciente, aun es mucho lo que hay por hacer.

El Censo de Población y Vivienda del 2002 revelo que para ese ano en Quisqueya se destino 295 dólares per cápita a la salud, quedando como la nota discordante de la región que invirtió 438 dólares per cápita.

De estos, el 56.1% fue costeado por las propias familias, en Latinoamérica solo el 36.8%. Incluso si sumamos los seguros y planes privados asciende a 63.3%. Una realidad casi imposible de costear para una familia pobre. Juan Rodríguez sale a pedir como Jesús camino al calvario porque su familia no puede proporcionarle la alimentación para poder mantenerse vivo, ¿cómo puede él acceder a la salud?

Según las investigadoras Sandra Huenchuan, Mariana Paredes y Daniela González. “una enfermedad en cualquier etapa del ciclo de la vida, y con mayor razón en la vejez, se puede convertir en un evento catastrófico capaz de empobrecer a una familia dominicana”.

Pero en el papel la realidad es otra, la ley 352-98 en su artículo 4 explica que: “el o la envejeciente que padezca alguna enfermedad física o mental grave tiene derecho a protección especial, de modo que tenga fácil acceso a los servicios de salud”.

La desprotección social

Doña Eneria convive con su esposo que está incapacitado y no trabaja hace más de 10 años; una hija que se separo de su marido, y aunque es contadora no ha conseguido empleo  hace cerca de 3 años. Consigo se llevó sus 3 hijos de 5,7 y 9 años.

El padre de los niños le da lo que puede, cuando puede. Y la familia se sustenta de los aportes de sus otros hijos. En el presupuesto no está la visita periódica al médico porque lo que hay apenas alcanza para vivir.

El 51% de la población adulta mayor tiene un espejo similar, viven en familias extendidas con hijos, nietos, sobrinos. Y casi todos ejercer el rol de jefe del hogar, aunque su edad sobrepase los 70. Según el Censo del 2002 el 47% de la población adulta mayor era económicamente activa.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo 2002, el 25% de las personas en el área urbana, y el 38% rural recibe ingresos por trabajo.

El 12% aunque no vive con sus hijos, se mantiene de las remesas que le envían sus familiares en el exterior.

El Consejo Nacional de Personas Envejeciente ayuda a 82 mil adultos mayores con programas para recibir medicamentos, tratamientos, alimentos, reparación de viviendas y donaciones, gastos que al 2010 sumaban unos 10 millones de dólares. Pero no es suficiente.

La ley 362-98 de protección a la persona envejeciente, es clara en su artículo 2: “el consejo Nacional de Personas Envejeciente, a través de su dirección ejecutiva, otorgará un carnet de exoneración a todo envejeciente que se encuentre en discapacidad, desamparado, incurable, institucionalizado, prisionero, con trastornos mentales.

En general, a todo aquel envejeciente que requiera asistencia en las áreas de salud, educación, trabajo, nutrición, cultura, recreación, y otras, y que perciba un ingreso menor al salario mínimo, mediante pensión o cualquier otro ingreso”

La mayor parte de la población que vive en desamparo no conoce esta oportunidad para tener un mejor nivel de vida.

Según el estudio de la CEPAL las provincias que  tienen más de un 10% de la población mayor son: Santiago Rodríguez, El Seibo, Salcedo, Dajabón, Monte Cristi y San Juan.

Albergue

Pensé en mi madre que se levantaba a las 5 de la mañana a hacer desayuno y preparar todo para llevarnos a la escuela, o cuando se levantaba a las 3 para estudiar para un parcial de la universidad. Que llevaba 2 trabajos, la casa, la universidad, dos hijas adolescentes y mantenía un matrimonio.

Y lloré, lloré de impotencia, de miedo, de la incertidumbre de no saber si mañana voy a poder ser capaz de proporciónale lo que ella necesita.

Las lagrimas caían por mi mentón al pensarla desamparada, pidiéndole a algún funcionario una contribución para vivir mejor o peor aun en un asilo, abandona a su suerte.

En el país hay 28 hospicios y 37 hogares de día, en estos últimos se atienden a cerca de 50 ancianos.

La mayoría de las personas de la tercera edad que residen allí han sido atropelladas y abandonadas en la calle o en un centro de salud.  Muchos permanecen por meses en los centros de  salud por las lesiones sufridas  y sin que nadie vele por ellos.

En los asilos públicos no hay espacio para más personas, hay una lista de espera. Las familias deben hacer un aporte mínimo de 1,000 mensuales que incluye desayuna, almuerzo, cena,  merienda y ropa limpia. Las familias deben llevarles ropa y zapatos.  En el San Vicente de Paúl de Santiago tienen 80 envejeciente.

En el caso de los hogares de día, los adultos mayores deben valerse por sí solos, en el de Santiago se atiende un promedio de 40 personas que son recibidas desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Pero si usted quiere darle a su padre el cuidado que merece y que no le puede dar, usted puede acceder a la Edad Dorada hay capacidad para 28 ancianos y se paga en una habitación doble 30,000 cada 4 meses, en la triple 25,000 por cada cuatro meses, esto incluye servicio las 24 horas del día.

Pero si usted es de los que se preguntan si alguien puede sostenerse con 700 pesos mensuales, le recomiendo que se lo pregunte a los 75 mil ancianos beneficiarios del programa Solidaridad. Quienes, en su mayoría, sólo tienen ese ingreso fijo mensual.

Cristina (la marchanta) con una lagrima bordeando su cara, se presigna “en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo… Amén” y da gracias a Dios porque gracias a esa ayuda sólo tiene que trabajar de 6 a 12.

Educación

El 4% es tan necesario. El 60% de los ancianos son analfabetos, lo cual les impide realizar tareas que mejoren su calidad de vida.

La situación es crítica entre las personas mayores de 75 que suman un 45%.

Pregunte a su abuelo o alguien mayor que tan difícil era acceder a la educación, mi abuela me cuenta que para poder llegar a octavo tenía que caminar 10 kilómetros por caminos inseguros y solitarios. Por ello la mayoría de su generación sólo llegó hasta la primaria. Son muy escasos, solo el 6.9% fue a la universidad.

Es necesario proporcionar soluciones rápidas y contundentes a los problemas de los adultos mayores, aunque usted no lo crea mañana el próximo puede ser usted.

¡Mami, mami… tengo hambre! ¡Ay, verdad que es sábado y tenemos que limpiar!

Cerré la puerta y entre a mi hogar.


[1] Estudio “Escenarios futuros de políticas de vejez en Rep. Dom.”, realizado por la  CEPAL

[2] Estudio “Escenarios futuros de políticas de vejez en Rep. Dom.”, realizado por la  CEPAL

[3] Boletín del mes de Junio del Sistema Dominicano de Seguridad Social