QUITO, Ecuador.- Las Islas Galápagos, ubicadas frente a Guayaquil, en el océano Pacífico, a unos mil kilómetros de las costas continentales de Ecuador, celebraron los 61 años de haber sido declaradas como la primera área protegida del país sudamericano.

El ministro del Ambiente ecuatoriano en funciones, Paulo Proaño, en una ceremonia celebrada en la isla de Santa Cruz, en el corazón del archipiélago, destacó la actitud de la población isleña para involucrarse en la conservación de esta región.

Añadió que la cartera de Estado a su cargo tiene como prioridad "el trabajo coordinado con las comunidades locales, a quienes agradecemos estar siempre vigilantes de las acciones que emprendemos como verdaderos guardianes de sus recursos".

"Una comunidad involucrada en las decisiones de su futuro es una sociedad saludable", insistió el ministro al recordar que este es uno de los archipiélagos volcánicos mejor conservados del mundo, pues el 95% de las especies originalmente registradas se mantienen en un buen estado de conservación.

El Parque Nacional Galápagos, declarado en 1959 como la primera área protegida de Ecuador por su alto valor ecosistémico, cuenta con 7.970 kilómetros cuadrados de áreas terrestres y 138 mil en su reserva marina.

Las Galápagos albergan más de 7 mil especies endémicas y nativas. Fueron declaradas en 1978 como el Primer Patrimonio Natural de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El director del Parque Nacional Galápagos, Danny Rueda, destacó hoy la labor institucional que permitió que "la Unesco ampliara la extensión de la reserva de biosfera de 772 mil a 14.6 millones de hectáreas".

Recordó que uno de los mejores ejemplos de conservación fue la reciente restauración ecológica de la isla Española, que incluyó el retorno de un grupo original de tortugas gigantes, entre ellas el emblemático quelonio conocido como "Diego", que fue devuelto a su hábitat tras décadas de reproducirse en cautiverio.

Al finalizar la ceremonia, las autoridades efectuaron un reconocimiento a unos sesenta guardianes del Parque Nacional por su contribución a la conservación del archipiélago.

EL SOLITARIO JORGE QUE SE NEGÓ A AMAR

El Solitario Jorge se negó a amar.

El 1 de febrero se informó que una expedición científica localizó en enero unas 30 tortugas gigantes de dos especies que se creían extintas, entre ellas una pariente del Solitario George, un gigante que murió hace unos ocho años sin dejar descendencia y a quien se creía el último de su linaje.

La expendición se realizó en el volcán Wolf, en la isla Isabela, la más grande del archipiélago, a mediados de enero.

La Isabela sirvió de prisión a cientos de los más peligrosos delincuentes vigilados por los más severos carceleros del Ecuador de la primera mitad del siglo XX, algunos de los cuales o sus descendientes se cuentan entre sus habitantes.

HISTORIA DE RECLUSOS Y CARCELEROS

Este corresponsal conversó hace algunos años en Isabela con antiguos presos y carceleros que no regresaron al continente cuando en Quito se decidió cerrar la prisión debido a las denuncias de maltratos a los reclusos. Hijos y nietos de estos formaron familia con los hijos y nietos de los antiguos penitenciarios y unos y otros ayudan a conservar la isla y a las misiones de científicos que periódicamente llegan al lugar.

De las tortugas localizadas por los integrantes de la última expedición, 29 animales entre hembras y machos tienen un “linaje parcial” de la especie de la isla Floreana y otra posee una “alta carga genética” de la especie Chelonoidis abingdonii de la isla Pinta, considerada extinta y la misma del Solitario George.

“Hemos obtenido 30 tortugas de dos especies extintas de (las islas) Floreana y Pinta y con esto podemos continuar con el programa de crianza en cautiverio y ojalá en un futuro cercano poder traer de nuevo a dos especies que fueron extintas”, dijo Danny Rueda, director de Ecosistemas del Parque Nacional Galápagos.

El emblemático quelonio conocido como "Diego"

La tortuga de Pinta, una hembra joven, es la de más alta prioridad porque los científicos presumen que podría ser descendiente directa de “un individuo puro”, el que posiblemente aún habite en las cercanías del volcán.

El Solitario George, murió en 2012, luego de que científicos del parque intentaron durante años y a través de varios métodos obtener descendencia de la tortuga gigante para preservar su especie, sin conseguirlo.

La tortuga gigante de Galápagos, que puede vivir hasta 200 años, estaba entre las especies que ayudaron a Charles Darwin a formular su teoría de la evolución en el siglo XIX. (Con información de EFE y otras fuentes).