Londres, Reino Unido (Clàudia Sacrest).- En una capital cosmopolita como Londres las tapas de jamón ibérico y tortilla de patatas pueden presumir de ser alternativa al ‘fish and chips’, pero el arranque de año no está siendo fácil para los restaurantes y tiendas de gastronomía española que, además del confinamiento, se enfrentan a las trabas burocráticas impuestas por el Brexit.

Pese al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Reino Unido, las nuevas barreras aduaneras desde el pasado 1 de enero hacen tambalear lo fundamental: la llegada del producto.

“Para nosotros es de vital importancia traer nuestros productos”, asegura Alberto Torres, encargado de un restaurante de comida típica española en el norte de Londres.

Del mismo nombre que un pueblo de Badajoz, Llerena, el local se ha adaptado a las restricciones del coronavirus y ahora solo sirve comida para llevar, desde un secreto ibérico hasta una tabla de quesos extremeños.

“Nosotros vamos a tener unos costes asociados a las agencias aduaneras”, señala el joven de 31 años a Efe. “Otro de los puntos es que vamos a tener un coste en el factor tiempo”, apostilla, en referencia a las horas de elaboración de la documentación aduanera.

Bajo el amparo del mercado único los productos les llegaban fácilmente en el plazo de una semana, sin ningún trámite ni control sanitario. Ahora, tras el acuerdo sellado ‘in extremis’ en diciembre y efectivo desde el 1 de enero, el restaurante Llerena ha tenido que empezar a lidiar de la noche a la mañana con burocracia de comercio internacional.

Pese a todo, el escollo del Brexit no fue sobrevenido, sino que el referéndum de 2016 ya dibujó el horizonte. “Nos pilló un poco en medio cuando estábamos comenzando el proyecto. Barajamos la oportunidad que nos ofrecía y los posibles problemas que pudiera haber y decidimos seguir adelante, aún sabiendo que podría haber consecuencias”, concluye.

DESABASTECIMIENTO EN LAS TIENDAS

Para el gallego Antonio Carreira, de 69 años, fue todo lo contrario, ya que lleva emprendiendo en el Reino Unido más de cuatro décadas, después de llegar a los dieciocho para trabajar como friegaplatos.

Con dos restaurantes y una tienda de larga tradición en el barrio de Notting Hill, Carreira todavía no ha conseguido desenmarañar el papeleo necesario para cruzar los postes fronterizos desde que se hizo efectiva la salida de la UE.

“La situación en este momento es muy incierta”, cuenta entre las estanterías repletas de galletas y conservas de La Plaza Delicatessen.

“Encuentro bastantes problemas en el momento de hacer las importaciones, creo que ni España ni el Reino Unido saben todavía lo que hace falta”, lamenta Carreira, abrumado por las 72 páginas de papeleo que le puede llegar suponer, dice, poder traer un camión de mercancías.

El acuerdo comercial exime de aranceles solo a los productos enteramente obtenidos y elaborados en la Unión Europea y, en cualquier caso, nada evita los costes de los nuevos requisitos de etiquetaje.

“Ajustaré para que la gente siga viniendo a comprar y no sienta este golpe”, sostiene el empresario, que de momento no quiere ni oír hablar de subir los precios a los clientes con “el coronavirus y todo lo que está cayendo”.

Carreira, que vio cómo España entraba en la UE y ahora ve cómo el Reino Unido se va, lleva una larga trayectoria a sus espaldas que lo ha curtido. “Yo me atrevería a decir que no hay que asustarse, que esto va a ser un año de una transición un poco confusa, pero los ingleses nos necesitan aquí”, señala.

UNAS IMPORTACIONES NECESARIAS

Efectivamente, el Reino Unido necesita irremediablemente los alimentos de fuera de sus fronteras, dado que solo es capaz de producir tres cuartas partes de lo que consume. Para cubrir la cuarta parte restante, equivalente a 47.000 millones de libras (54.000 millones de euros), se apoya en un 70 % en los países de la UE.

“No olvidemos que precisamente la proximidad geográfica de España con el Reino Unido es la gran ventaja para competir a futuro con nuevos participantes en el mercado británico”, incide en una entrevista con Efe Eduardo Barrachina, presidente de la Cámara de Comercio de España en el país anglosajón.

Barrachina considera de hecho esta cercanía como un atributo clave para que los controles sanitarios no afecten a los productos frescos.

“El acuerdo pos-Brexit alcanzado es un punto de salida y no un punto de llegada”, sostiene, ya que una veintena de comités sectoriales se encargará de ir adaptando el texto.

Ahora bien, a pesar de ser un acuerdo “muy dinámico” sometido a modificaciones, aclara Barrachina, “nunca va a ser tan fácil exportar al Reino Unido como lo ha sido hasta la fecha”. EFE