SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Guido Gómez Mazara señaló que los excesos de actores sociales y políticos en el país, sin quererlo, están creando las condiciones para que un amplio espectro de la población asuma como bueno y válido que la solución al actual proceso de resquebrajamiento de la institucionalidad democrática sea asumida por expresiones autoritarias.

Para el abogado y dirigente político, el descreimiento que tiene la gente sobre un alto porcentaje de miembros de la partidocracia deja mal parada las organizaciones, debido a que los ciudadanos no llegan a distinguir entre las inconductas de sus cúpulas y el resto de sus miembros, y así, se crea la idea de que como toda anda perdido se deben estimular propuestas lejanas de las organizaciones que, desde el ajusticiamiento de la tirania, ejercen la dirección del gobierno y el común denominador de esas gestiones profundizan la pobreza, incrementan la desigualdad, las calles resultan inseguras y no se persiguen las prácticas de corrupción.

Gómez Mazara sostuvo que en la medida que las organizaciones partidarias obstruyan el desarrollo de nuevos liderazgos están estimulado que la mirada ciudadana no encuentren empatía para sentirse representados, creando toda una ambientación que habilita encontrar “soluciones” en nuevas modalidades y ofertas políticas que sólo apelan a decapitar el innegable desprestigio de la clase dirigente sin que “el cambio” vaya sustanciado de las ideas y visión de la sociedad garante de una efectiva transformación de una nación que luce rumbo al deterioro de toda la institucionalidad.

El ex consultor jurídico y profesor universitario dijo que todo el sentimiento de descreimiento apela a la necesidad de estimular un vengador social que liquide la clase partidaria, disuelva las instituciones formales, resuelva los problemas judiciales al margen del respeto al debido proceso y construya un orden sobre criterios autoritarios que, en otras sociedades, la cura salió muy cara porque en definitiva los efectos de la popularidad creada por la retórica redentora terminó reproduciendo en el poder todos los vicios que combatían.

El dirigente político reconoció que cuando voces ilustradas se levantan reclamando un desplazamiento del orden establecido mediante procesos electorales lo que revelan es el criterio de una franja del país que siente que las cosas no andan bien y que, en períodos de la vida institucional, fueron reclamados por fuerzas opositoras transitando en ambos casos una ruta más afín al cuestionamiento que a la aventura sediciosa.

Finalmente, estimuló que los actores de primera línea en el país no pueden seguir creyéndose que pueden contar con la gente sin tomar conciencia de la carga de desprestigio acumulada, lo que ha ido creando a nuevos exponentes de la acción ciudadana que reemplazan el rol de los partidos y sus liderazgos debido a la falta de sintonía entre sus reclamos y la agenda de su dirigencia que, en definitiva, constituye la materia prima de la sed por un vengador social.