SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Corrían los años  de la transición política española (1977), en casa de Michelle y Paco Casares, la vieja calle  Hortaleza del antiguo casco de Madrid, quinto derecha, para más señas del número 50.

La biblioteca estaba repleta de libros mal colocados y uno de ellos era una novela de Gore Vidal, titulada Juliano el Apóstata (1964). La devoré de inmediato, Michelle me la había recomendado.

Allí Gore Vidal mostraba su sentido meticuloso, porque esa novela recrea la vida en el siglo V, a.c de un modo vital y convincente. Narra con acierto y derroche de profundidad sicológica el drama de Juliano, aquel emperador que quiso desterrar el cristianismo para volver al neoplatonismo y al paganismo, de modo obsesivo.

Los detalles de la vida cotidiana de entonces, en Juliano el Apóstata, describían a Gore Vidal como un investigador histórico creíble y versado.

Luego leería En la Búsqueda de un Rey (1949), un pequeño relato sobre un personaje llamado Blondel de  Nesle, un famoso trovador francés del siglo XII, cuyo nombre derivaba de su rubia cabellera, cuya acción amistosa fue  recorrer parte de  Europa cantando una canción que Ricardo I de Inglaterra pudiera identificar, para ser rescatado de un secuestro, que le mantenía en algún castillo de Europa. Interesante texto, rinde un culto a la amistad.

Me interesé por este genial personaje, que le disputaba a otros dos grandes monstruos de su tiempo la supremacia del escándalo fundamentado en convicciones críticas, me refiero a Truman Capote y Norman Mailer, dos escritores del parnaso norteamericano implicados en los momentos políticos de su tiempo, dícese décadas del 60, 70 y 80.

Me interesaban sus debates con Norman Mailer en la Televisión pública de New York, la ferocidad con la que defendía sus ideas.

Gore Vidal fue gran ensayista, crítico literario, guionista de Hollywood, novelista y gran conversador.

Gore corresponde al nombre de dos ciudades en el mundo, una está situada en Etiopía y otra, curiosamente está situada en el estado Oklahoma, ubicado en el centro sur de los Estados Unidos de América.

Justamente allí, y no creo que sea una coincidencia, el abuelo de Gore Vidal fue Senador por aquel Estado. Me refiero a Mister Thomas Gore.

Gore Vidal nació en West Point en 1925, en cierta manera se crió en el mismo centro de un universo donde el poder político y militar era importante para esta saga dinástica en la América de los años 40, 50 y 60 del siglo XX.

Por encima de sus desaforadas inteligentes críticas al sistema norteamericano, Gore tenía una descendencia típica de esas aristocracias yankee, formadas en clanes blancos del poder, donde la tradición y el orgullo de la pureza en América, era singular. Este mismo hecho, más sus rebeldías y escándalos gay, le fueron convirtiendo en una pluma tenaz y brillante, al margen de toda consideración sobre su rechazo al advenimiento de Barack Obama al poder, porque no tenía linaje.

Ese era Gore Vidal, sincero, demoledor, pero aristócrata al fin.

Una vida prolífica como escritor de ensayos, panfletos políticos y un exilio voluntario en Italia que comenzaría en 1960, en el pueblo de Ravello, ubicado en la provincia de Salerno, costa amalfitana, espacio marítimo de una de esas viejas repúblicas marítimas, típica de la Italia mediterránea.

Una de sus últimas hazañas pública fue enfrentar a Bush y plantear duras críticas al 11S, llegando a extremos, noticias reveladas luego, de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, le tenían fichado como un extranjero más.

Calificó el 11S como un nuevo Pearl Harbor, alegando que los servicios de inteligencia de su país conocían toda la trama y que aprovecharon esa conspiración para dar riendas sueltas a un plan previo de invasión a Afghanistan e  Irak, en la búsqueda del  petróleo de esa zona. El resultado final lo hemos visto: devastación, desarraigo y posteriori: radicalización de los islamistas extremos, eso ha cultivado Estados Unidos al final con estas guerras estratégicas.

Gore Vidal, amante de la historia, en el fondo preconizaba la vuelta a las ideas originales que fundaron aquella nación, Emerson, Adam, Paine. Era lo que se podía llamar un avanzado del nuevo republicanismo, siendo al mismo tiempo un pensador marcado por ser liberal toda su vida y por tradición familiar, con unos vínculos de por vida con el partido demócrata, primo de James Carter y Al Gore y por el lado de su madre, Nina Gore , estuvo vinculado de modo parental con Jacqueline Bouvier Kennedy, la más fina aristocracia política de su tiempo.

Outsider a tiempo completo, el mundo exterior a los Estados Unidos, Palestinos en particular, le deben una gran reverencia a un gladiador de sus derechos y un severo y constante crítico del expansionismo norteamericano en los siglos XX y XXI.

Con la desaparición de Gore Vidal, América se relaja y descansa, ve partir a una de sus más lúcidas conciencia crítica, con extremada inteligencia, fabuloso sentido de la sátira y especialmente, con un sentido de reclamo de justicia perenne. (CFE).