Al término del plazo para registrarse en el Programa Nacional de Regularización de Extranjeros (PNRE), el gobierno ha dispuesto otorgar un estatus migratorio regular al 1.8 por ciento de los que lo han solicitado, y provisional al 93 por ciento que habiendo presentado documento de identidad no ha podido completar los demás requisitos.

Otras flexibilizaciones que permitirían registrar unos 260 mil inmigrantes irregulares, alrededor del 50 por ciento de más de medio millón estimado, son aceptar como solicitantes del registro a entre 20 y 25 mil que esperan ser documentados por el gobierno de Haití y beneficiar como inmigrantes regulares a 2 mil 835 cañeros pensionados.

Armónica reunión en Haití

Durante una armónica reunión en Puerto Príncipe el sábado 6 de junio entre una delegación dominicana, encabezada por el canciller Andrés Navarro, y su homólogo haitiano Lener Renaud, se informó sobre la marcha dcl PNRE y las decisiones del gobierno dominicano, que según el acta oficial dominicana fueron: 

Hasta el día anterior, los inscritos en el plan totalizaban 239 mil 368, más del 96 por ciento haitianos; 86 mil 953 con pasaporte (36 %), 78 mil 425 con actas de nacimiento (33%) y 56 mil 695 con cédula (24%) El total de los poseedores de por lo menos uno de los documentos de identidad requeridos para  la regularización es de 222 mil, el 93%.

Se precisa que "únicamente el 1.8% de los extranjeros ha cumplido al presente con todos los requerimientos del Decreto 327-13″, a los cuales se les dará el estatus migratorio regular. Al resto, o sea el 98.2 %, "el gobierno ha decidido otorgar diversos períodos de gracia para completar dicho proceso". A los que presentaron actas o cédula se les dará un permiso de estadía de un año, y de dos años a los que se registraron con pasaporte.         

A unos 20-25 mil a quienes el gobierno haitiano no ha entregado la documentación solicitada, se les reconocerá como iniciados en el plan si presentan el recibo provisional de solicitud expedido por la embajada de Haití con fecha de entrada al país.

El gobierno anunció "estatus migratorio regular" para 2 mil 835 nacionales haitianos pensionados tras décadas de trabajar en el país "a pesar de que no habían podido tener el documento de identidad regular de su país de origen", y que a 7 mil 986 haitianos que estudian en el país no se les cobrará la visa, ni impuestos de entrada o salida del país.

Sobre las deportaciones

En la reunión, dice la relatoría, las autoridades dominicanas informaron que procederán a deportar después del 17 de junio, a quienes no se acogieran al PNRE, "en función de las disposiciones legales del país y los compromisos internacionales en materia de los DDHH y la dignidad de cada persona", en coordinación con la OIM y la ONU .Se detallaron seis lugares de acogida y el protocolo de procedimiento. El canciller haitiano reconoció la soberanía dominicana, aunque expresó temor de que un alto volumen pueda  sobrepasar la limitada capacidad de su país para asimilarlos y generar conflictos.

El problema es sumamente complejo si, atendiendo a los estimados, los sujetos a deportación podrían superar los 300 mil e implicar a nacidos en el país, incluso de los 53 mil que la Junta Central Electoral ya anunció que serán documentados como dominicanos, según la ley 169-14, pero aún sin ejecución. Se añade un número indeterminado de los descendientes que estos no han podido declarar.

Se asume que la Encuesta Nacional de Inmigrantes del gobierno dominicano 2012 arrojó 524 mil extranjeros, que de esos un 10% serían inmigrantes regulares, por lo que los indocumentados se reducirían a 472 mil. Pero si se les suma el flujo 2012-15 pueden alcanzar los 600 mil, ya que la encuesta dice que entre 2010-12 creció 36.8%.

Verdadero círculo vicioso

Más allá del discurso nacionalista, está la realidad de si el país tiene capacidad para identificar y deportar a 300 mil personas, sin incurrir en graves violaciones de derechos y generar un tráfico no sólo de ida, sino también de lta proporción que intentará retornar. Sería un negocio redondo para los traficantes de personas de ambos lados de la frontera.

Hay  dos grandes interrogantes, la primera si los sectores productivos dominicanos,  -agropecuario, construcción y servicios- podrían soportar tal extracción de recursos laborales, y segundo, si la precaria estabilidad económico-política de Haití podría asimilar  una deportación tan elevada sin graves sacudimientos políticos-sociales que generarían nuevos flujos migratorios hacia la República Dominicana.

A la vez el gobierno está preso del discurso de deportación, que aunque ha bajado desde que "los Vinchos" se alejaron del presidente Danilo Medina, ha calado en su partido y buena proporción de la sociedad, que esperan su materialización sin tener a manos suficientes elementos de ponderación, que no los ofrece públicamente el gobierno.

La falta de cooperación

Durante años "El Tema de hoy" reclamó el dilatado Reglamento de la Ley de Migración del 2004. El 27 de octubre 2013, con el título "Han preferido el desorden para explotar inmigrantes", se detallaron los numerosos fracasos en iniciar la regularización dispuesta por el Decreto  417 de 1990 y luego por la Ley 285 promulgada por el presidente Hipólito Mejía el 15 de agosto del 2004.

Al ponderar el inicio del PRNE, el 15 de junio del 2014, el Tema titulaba "El Plan de Regularización ha arrancado con éxito". Pero ya el pasado 30 de noviembre advertía que "Se encamina al fracaso el Plan de Regularización de Extranjeros", y el 24 de mayo del 2015 se adelantaba que "El Gobierno busca salvar su Plan de Regularización", que es lo que ha hecho ahora con la flexibilización anunciada. Con esos títulos y mediante cualquier buscador de internet, se accede a los textos.

Durante todo el proceso se centraron las explicaciones de sus problemas en la falta de cooperación del gobierno haitiano, lo que es cierto sólo en parte, como lo demuestra el acta de la reunión de cancilleres al consignar que la embajada de Haití tiene pendiente de responder entre 20 y 25 mil solicitudes de documentos, 5% del total de inmigrantes.

Si únicamente el 1.8% de los solicitantes ha podido completar los requerimientos y el 93% por ciento ha presentado documentos de identidad válidos, es obvio que los tropiezos fundamentales hay que buscarlos en la  falta de apoyo que ha tenido el PNRE por la incomprensión de que para que sea exitoso debería abarcar una alta proporción del universo, para hacer posible identificar y deportar los excedentes. La escasa respuesta está determinada básicamente por exceso de requerimientos, la negativa de los empleadores a dar certificaciones de empleo, que la Procuraduría General, en contradicción con el decreto, reclamó hasta el mes pasado el pasaporte para emitir certificados de buena conducta, y por los elevados costos de las notarizaciones, del tráfico hasta con los turnos y de los 7 viajes de promedio que han tenido que realizar los que lograron inscribirse.       

El pecado original

Es difícil encontrar quien niegue el derecho dominicano a limitar la abrumadora inmigración haitiana, por lo que el PNRE ha sido de unánime aprobación, nacional e internacional. El problema es el pecado original: que después de décadas amenazando establecer controles, pasaron 9 años antes de que se pusiera en vigencia, la nueva ley de  Migración, que preveía la regularización. Las autoridades prefirieron desatar una venganza sobre los que habían nacido en el país, primero negándoles administrativamente sus documentos y luego despojándoselos por la retroactiva y colectiva sentencia 168-13.

El caso de Juliana Deguis Pierre fue "resuelto" con la sentencia 168-13, del Tribunal Constitucional, desnacionalizando a miles de personas

La Encuesta Nacional de Inmigrantes, con una muestra de 68 mil 146 viviendas, realizada por la Oficina Nacional de Estadística, y avalada por el gobierno, indica que el 80% de los extranjeros dijeron haber llegado al país en el período 2000-12, y el 62 % entre el 2005 y 2012, justo mientras se libraba el combate contra los que habían nacido aquí durante décadas y habían sido reconocidos como dominicanos.

Es significativo que ese enorme flujo ocurriera justo cuando el grupo más nacionalista controlaba la Dirección de Migración y el Consejo Nacional de Fronteras e influía sobre el Ministerio de Interior, la Junta Central Electoral y hasta en la Presidencia de la nación. No hubiera sido lo mismo iniciar la regularización con 300 mil inmigrantes que ahora con alrededor de 600 mil.

Todo el que quiera que alguna vez se inicie un control de la inmigración debería apoyar el esfuerzo que hace el gobierno al flexibilizar el plan, y reclamar que se extendiera otros 60 días, ahora que ya no se exige el pasaporte para el papel de buena conducta, lo que permitiría alcanzar una proporción mayor que viabilizara los controles. Y centrarse en las mayores causas del limitado resultado, sobre todo en reclamar la cooperación de los empleadores que, en su mayoría, prefieren mano de obra excedente y sin derecho alguno.-