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Días de sol radiante, de Virginia Read Escobal

Por Karina Castillo


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La novela de la escritora, arquitecta y gestora cultural Virginia Read Escobal es, como el sol radiante: cálida, encantadora y con una gran sensibilidad.  En ella la autora se conecta con el joven lector en una mezcla de ternura, humor, realismo y fantasía.

La obra está ambientada en la época de la Revolución de Abril del 1965, en “La capital” o Santo Domingo, una ciudad “sitiada, partida en dos”, en donde en el día “brillaba el sol con la sensación de vivir en un paraíso multicolor” y “en la noche, reinaba la incertidumbre”.

La trama gira alrededor de la familia Reyes, compuesta por los padres, sus tres hijas, la adolescente Isabel y las pequeñas Nirse y Manita, un bebé en camino y los abuelos paternos, Papá Yayo y Yoya. Existía una complicidad entre el abuelo y sus nietas, quienes “renegaban que oliera a viejo” y amaban besar sus arrugadas mejillas.

Las niñas no entendían el porqué de la guerra, de la revolución. Y es que “un día están jugando, tranquilas a la pelota o el trúcamelo y al otro día ¡te cae encima!...como una sombra, como el guaraguao, con sus garras te saca de tus juegos, de la libertad…”

Trataban de vivir su vida lo más normal posible, conversando con los vecinos, tomando agua, aunque no fuera fría, pero escondiéndose, en especial durante los tiroteos. Por ello, un día los mayores decidieron, “sin consultar a los chiquitas”, enviarlas a Cambita Garabito, un pueblo del sur, a estar con la tía Tona, hermana de la abuela Yoya.

La madre de las niñas tenía que esperar a dar a luz, por eso fueron acompañadas por su padre hasta las afueras de la cuidad y luego en autobús hasta San Cristóbal. Isabel, la mayor, sintió que “a ella también le había caído encima la dichosa revolución” y en su cabeza planificaba la forma de regresar a casa.

En el campo, fueron recibidas por su tía y la ahijada de ésta, María. Al abrazarlas, pudieron sentir el olor de la señora “a polvos talcos y trementina”, y es que era enferma con la limpieza.

Durante los primeros días, les costó un poco adaptarse, pero luego a las más pequeñas les gustaba correr descalzas, “marotear” “aguacates, mangos, guayabas, cajuiles y chirimoyas”,  ir al mercado y a la panadería, porque les “olía rico la harina, la masa cruda y el horno de ladrillo con la leña ardiendo”.

Pero ninguna de estas experiencias persuadió a la mayor de las hermanas de su intención de escapar a la capital. Ni los cuentos nocturnos de María, quien además de cuidarlas era experta en hacer historias, con efectos especiales y todo, ni el “cutúm, cutúm, cutúm” de una fiesta de palos cercana, ni la tranquilidad del campo, libre de balas.

Por eso, una madrugada las hermanas Reyes salieron sigilosamente con destino a casa y al notar su ausencia, toda una búsqueda se desató, desde Cambita a Santo Domingo y viceversa.

En el trayecto, las fugitivas pasaron varias peripecias que incluyeron un “aguacerito” que con el fresco, trajo muchos cocuyos se enredaron en sus cabellos, como “las princesas taínas”. La comida que habían llevado se agotó por lo que tuvieron que comer unas cerezas silvestres. Solo le quedaban unos pocos ahorros para tomar el autobús desde que divisaran el río Haina.

Sin embargo,  su travesía terminó cuando un doble encuentro se dio: las personas del campo que las buscaban las alcanzaron, y ellas divisaron el viejo carro del abuelo Yayo, junto al anciano y su hijo, cerca del puente, justo a tiempo antes de Isabel desmayarse.

Las viajeras  fueron reunidas con el resto de la familia, y pudieron participar del nacimiento de su hermanito, lo que acabó con la fama de chancletero que tenía su padre.

Virginia Read Escobal presenta una narrativa fluida y fresca. Emplea variadas imágenes con estilo poético y sonidos onomatopéyicos que permiten al lector sentirse en el ambiente de la historia. Sus personajes son auténticos y definidos y más que ocuparse de describir su apariencia, nos muestra su interior, permitiendo a su vez que sean éstos los que la cuenten, a través de diálogos animados y “sus pensamientos”.

Además, se vale de expresiones y elementos propios de la cultura y realidad histórica locales para hacer su lectura cercana, representando situaciones particulares dentro del relato: el corre-corre, radio Bemba, una mano delante y otra detrás, la canción de Las tres muñecas llegadas de París o La viudita de la Capital.

Sobre todo, esta historia nos muestra el valor de la vida, de las cosas simples que muchas veces damos por sentadas, la importancia de aceptarnos y tomarnos en cuenta unos a otros, y que no hay nada mejor que la familia, la cual debe ser un refugio, donde nos sintamos a salvo de todo el ruido, de las amenazas y de la guerra, cualquiera que ésta sea.

 

La novela “Días de sol radiante”, de Ediciones SM, fue obra finalista del Premio Barco de Vapor 2007.

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