El Padre de la Democracia dominicana, Balaguer, padecía la misma inclinación brechera de  Cabral y utilizaba los servicios de este,  que era más eficiente que las instituciones de "inteligencia" y "seguridad" (demasiado ocupadas, masacrando gente) averiguando incidencias domésticas, especialmente sexuales, que el  retorcido mandatario degustó con fruición hasta el final de su días.

Nadie sabe cuándo las acechanzas de conductas privadas tenían fines recreativos o de chantaje y manipulación política y persecución económica. O todo a la vez. Ese tipo de prácticas se mantienen hasta el día de hoy.

Las cintas grabadas  de los funcionarios y políticos, partidarios y de oposición, jueces, religiosos, empresarios y personalidades tenían las puertas abiertas  en el Palacio Nacional, aunque Balaguer siempre trató a Cabral con intermediarios, de lejos y con asco.

Actualmente no lo censuran ni con un el asco, lo cual está bien, porque si son todos de la misma calaña, no hay razón para mirar a nadie arrugando la nariz.

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