SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Los objetivos trazados por Danilo Medina para mejorar las relaciones con Haití, establecer un acuerdo de libre comercio y darle un giro a las relaciones migratorias de los dos países, no se podrán alcanzar dejando, como lo hizo, los mismos funcionarios de la derecha recalcitrante, designados por Leonel Fernández.
Esa es la opinión del intelectual y ex ministro haitiano Edwin Paraison, aparecida el lunes en un articulo publicado en el diario Le Nouvelliste, de Puerto Príncipe.
El articulo analiza con detalles el discurso de Danilo Medina y sus propuestas sobre las relaciones con Haití, ve las diferencias entre Medina y el doctor Fernández, y plantea esperanzas de que el discurso sea diferente en la práctica.
“Los cambios previstos en el seno de la administración pública hasta ahora no han sido satisfactorios. Está claro que la visión del presidente Medina de las relaciones haitiano-dominicanas no se podría alcanzar con los mismos funcionarios de la pasada administración”, dice Edwin Paraison.
Y sobre la postura de las autoridades haitianas, expresa lo siguiente: “Del lado haitiano, esta es probablemente la primera vez que el Presidente y el Primer Ministro, acompañados por el Canciller, participan en la toma de posesión de un Jefe de Estado dominicano”.
Vea el artículo completo, traducido por Iván Pérez Carrión para Acento.com.do
Danilo Medina: Un nuevo enfoque y un gran desafío
Por Edwin Paraison
A pesar de la presencia de varios jefes de Estado y de gobierno, Haití es el único país que ha sido mencionado en el discurso de investidura del presidente Danilo Medina, no sólo por la importancia de las relaciones haitiano-dominicanas en la política exterior de la república vecina, sino también por la prioridad que el nuevo gobierno parece dar en su gestión a las relaciones con la República de Haití.
A pesar de que la toma de mando de Medina estuvo precedida por intensos debates sobre la migración haitiana que llamaron la atención de la opinión pública en todo el período de transición, sobre todo a partir de la entrada en vigor de la Ley de la Inmigración 285-04 el pasado 1 de junio, está claro que la prioridad del lado dominicano, para el período 2012-2016, no será la migración, sino la promoción y la realización de un Acuerdo de Libre Comercio económico. En este sentido, Medina señaló su interés en Haití como el segundo socio comercial, aunque está claro que Haití no es más que el segundo mercado.
De todos modos, lo importante es que el Presidente dominicano reconoce la magnitud de estos intercambios, cuyo volumen supera en un día de mercado en la frontera las exportaciones a América Central durante todo un año.
Es interesante resaltar esta comparación, debido a las posiciones críticas de ciertos aliados políticos de la extrema derecha dominicana que nunca pierden la oportunidad para considerar a Haití como una carga para la República Dominicana, sin tener en cuenta los beneficios del comercio bilateral en favor de su país.
Medina expresó, además, la necesidad de modernizar la infraestructura administrativa en la frontera y eliminar las condiciones anárquicas en las que se desarrolla el comercio entre ambos países. Las condiciones extremadamente precarias y antihigiénicas de operación del puesto fronterizo de Jimaní-Malpasse es un claro ejemplo de esta situación, por causa, sobre todo, del desbordamiento del lago Azuei.
Según el primer mandatario dominicano, esta nueva política beneficiaría tanto a las micro, pequeñas y medianas empresas como a los trabajadores dominicanos y haitianos, y a “nuestra querida isla”. En el contexto dominicano, con un discurso dominante hasta la fecha, propicio para unas relaciones transparentes con Haití, la mención de los trabajadores haitianos debe ser vista como un reconocimiento y aceptación de su presencia.
Del mismo modo, el enfoque insular en la visión de Medina, al margen de cualquier tendencia hegemónica, pisotea al pasar uno de los argumentos fuertes de los grupos nacionalistas; a saber, la existencia de un plan para fusionar la isla por parte de un sector de la comunidad internacional que incluye a los Estados Unidos de América, Francia y Canadá.
En el mismo sentido, prometió una política migratoria “clara y transparente”, que representa una velada crítica a la política actual. También se comprometió a respetar los derechos humanos y los convenios internacionales suscritos por la República Dominicana en materia de migración ‒un aspecto muy positivo para los grupos de los derechos humanos. Sin embargo, Medina dijo también que aplicará la ley de inmigración aprobada en 2012, un punto que parece tranquilizar a los grupos que se oponen a la inmigración haitiana.
Por otra parte, Medina anunció una lucha feroz contra los funcionarios corruptos y los militares encargados de aplicar la ley de inmigración y la lucha contra el contrabando y la trata de personas.
El nuevo Presidente no abordó la cuestión de la nacionalidad de los dominicanos de ascendencia haitiana, algunos de los cuales fueron detenidos por la Policía Nacional en Monte Plata unos días antes de su toma de posesión, durante una manifestación que exigía que la Junta Central de Dominicana les entregara su documento de identificación.
Debe ser interpretada como una de sus declaraciones más importantes a sus compatriotas durante su discurso, la petición de “trabajar juntos, sin exclusión alguna de origen político, religioso, étnico o social”.
La comunidad haitiana es considerado el grupo étnico más importante de la República Dominicana; la elección de esta palabra no es inocente para este líder político, que deberá definir una política clara hacia Haití, para poner fin a doce años de ambigüedad y de contradicciones que marcaron las tres administraciones de Leonel Fernández, quien toleró desde el poder la propagación de un discurso abiertamente antihaitiano.
Por lo tanto, no es casualidad que el tema de la diáspora dominicana siga al tema haitiano en el discurso del jefe del Estado dominicano. (Medina) se comprometió a dar atención especial a los dominicanos residentes en el exterior (incluidos los que viven en Haití), lo cual también tiene el efecto de recordar al público que su país, al igual que Haití, reconoce que los ciudadanos han tenido que abandonar su tierra en busca de mejores condiciones de vida en otros lugares, y en este contexto, contribuyen con el desarrollo de sus países de acogida.
En general, se trata un discurso equilibrado y objetivo, que tocó con inteligencia y tacto el tema haitiano. Los cambios previstos en el seno de la administración pública hasta ahora no han sido satisfactorios. Está claro que la visión del presidente Medina de las relaciones haitiano-dominicanas no se podría alcanzar con los mismos funcionarios de la pasada administración.
Es obvio que Medina tiene en cuenta la contribución a su victoria electoral, en especial, del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), con una aportación del 5,87% de los votos, y de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), el más beligerante de los grupos antihaitianos, con un 0,73% de los votos.
El mayor reto sigue siendo su lema de campaña “Hacer lo que nunca se ha hecho” en las relaciones haitiano-dominicanas. Los primeros 100 días de su administración indicarán más claramente en qué dirección sopla el viento.
Del lado haitiano, esta es probablemente la primera vez que el Presidente y el Primer Ministro, acompañados por el Canciller, participan en la toma de posesión de un Jefe de Estado dominicano.