SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Este viernes, 2 de noviembre, los católicos celebraron el Día de los Fieles Difuntos, una fiesta cuyo objetivo es recordar con cariño a los seres queridos y, en general, orar por los que han fallecido.

La intención de esta fiesta que nació en los monasterios era dedicar un día al año a orar por los fieles difuntos, pero con el paso del tiempo ha devenido en una abigarrada práctica fruto del sincretismo entre el catolicismo y los credos de los pueblos colonizados por España, sobre todo en Latinoamérica.

En Santo Domingo, algunos devotos se dirigen con velas encendidas al Cementerio de la Máximo Gómez para orar por familiares y amigos difuntos y llevarles flores y limpiar sus tumbas.

– “¿Que uté opina de lo´ muerto?

“Que tan´ muerto”, dice Amaury Germán, rezador y servidor de misterios, mientras se dirige a rendir culto a la tumba de El Barón, es decir la primera persona enterrada en cada cementerio. En el caso del Cementerio Nacional, el primer sepultado data del año 1935.

Lucy Agüero, vendedora de tabaco corrobora con María, “La venta ha estado mal, vine con cinco cajas de tabaco y no he vendido ni uno”

Con cantos como “por aquí pasó San Juan má´ de noche que de día”, los asistentes le piden que intercedan por sus difuntos, arrojándole dinero, tabaco y café.

Lo mismo sucede con el altar de Santa Marta, ubicado en el noroeste del cementerio, a quién incluso le arrojan malta india, miel de abeja y moro de habichuela para que “endulce los caminos de quienes han muerto”.

Sobre el culto al Barón, a Santa Marta y a San Elías, el padre Joaquín Domínguez, secretario general de la Conferencia del Episcopado considera que “fruto de la mezcla de la práctica de la religiosidad católica, se ha dado ese sincretismo de la religiosidad popular por lo que la gente asiste a los cementerios, a cultos extrañísimos que no tienen nada que ver con la finalidad de esta fiesta”.

Domínguez revela que existen alrededor de 500 parroquias en todo el país, en dónde se ofrecen hoy eucaristías para honrar a los fieles difuntos.

“Fuera de ahí esta fiesta no tiene otro sentido”.

Ana María, lleva 11 años como vendedora de flores en el cementerio y asegura que las visitas y la venta de flores han disminuido en comparación con años anteriores.

“La cosa está demasiado fría, solo he vendido 400 pesos, el año pasado yo vendía de a 3000 y 4000 pesos.”

Lucy Agüero, vendedora de tabaco corrobora con María, “La venta ha estado mal, vine con cinco cajas de tabaco y no he vendido ni uno”.

Para las 12 del día de hoy, habían asistido 4150 personas, datos ofrecidos por oficiales del ayuntamiento.

Jaira Montero, visita el panteón de su familia todos los años y entiende que la disminución de las visitas se debe a cuestiones de seguridad.

“La gente tiene miedo que visitando a sus muertos lo atraquen por cheles”.

Alfonso Montero, encargado de seguridad, aseguró que los esfuerzos de seguridad se han redoblado y que no se ha registrado durante el día robos ni actos violentos.

Entre lo religioso y lo popular el día de los fieles difuntos atrae a miles devotos, quienes albergan la esperanza de que sus familiares y amigos pasen a mejor vida.