Alicia Méndez Medina/Especial para Acento.com.do

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En la margen occidental del río Ozama, carentes de los servicios elementales para una vida digna, se encuentran los barrios: Simón Bolívar, Los Guandules, La Cañita y Gualey, todos pertenecientes a la circunscripción número 3 del Distrito Nacional.

Estas barriadas, estigmatizadas por la delincuencia, condiciones de pobreza extrema y un falso constructo de que la mayoría vive allí porque quiere, ponen en evidencia un Estado que solo les recuerda en tiempos electorales o cuando algún infortunio climático los coloca en la palestra.

Situaciones como el mal manejo de residuos sólidos, fragilidad ante desastres naturales, precariedad económica, deficiencias en el suministro de agua potable; unido a unas políticas  públicas de intervención que en la mayoría de los casos funcionan como paliativo y no como solución del problema, pone a quienes habitan estos sectores en condiciones de extrema vulnerabilidad. 

Un modelo deficiente

El modelo de gestión del agua potable en el país se caracteriza por un manejo inadecuado  de las redes de distribución por parte de las autoridades, esto provoca que en algunos casos la  población instale sus propias redes de abastecimiento, que en barrios como Los Guandules o Simón Bolívar  se conducen a través de cañadas.

Estas deficiencias se agudizan por las frágiles infraestructuras para el aprovisionamiento del agua potable y el deterioro dado la ausencia de mantenimiento preventivo por parte de la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD).

Un estudio de la organización no gubernamental, Ciudad Alternativa realizado en diciembre de 2013, explica que existen profundas debilidades en la continuidad del servicio y la calidad del agua; resultado de esto, se estima que alrededor de un 37 por ciento de la población urbana se ve forzada a adquirir agua embotellada.

La falta de agua, un desafío mayúsculo

En lugares como Los Guandules, abundan las tuberías por todas las calles y callejones. Sin embargo, el suministro de agua es mínimo, haciendo necesario el uso de bombas succionadoras; alternativa particular que muchos-as han adoptado ante la incapacidad de la CAASD de brindar un servicio eficiente.

La zona se abastece de los sistemas de agua potable de Valdesia y el acueducto Barrera de Salinidad, ambos de aguas superficiales, donde el líquido es llevado a un depósito, ubicado en el hospital Moscoso Puello. Allí recibe tratamiento y a través de tuberías matrices se  provee a  los sectores más cercanos.

Susana Pérez, quien ha residido  en el Gualey por más de 15 años, con voz entrecortada y rostro afligido, expresa: “lo poco de agua que sube a mi casa no la uso para beber, no confío en ella por el alto sabor a cloro que tiene, solo me sirve para los quehaceres del hogar”.  

Una gran parte de los habitantes de la Cuenca, externan el mismo sentir de desconfianza a la hora de tomar el agua, es por ello que se ven obligados a comprarla, ya sea a centros de tratamientos o a los camiones de expendio.

Un informe de evaluación de las condiciones de suministro de agua potable de Ciudad Alternativa, revela que a pesar de la alta concentración de cloro, se han encontrado en el agua: Coli, Echrechia, Pseudomonas, bacterias de origen fecal.

La institución propone en su informe que para mejorar los sistemas de suministro de agua potable es necesario mejorar  el acceso, la disponibilidad y la calidad.

Leyes versus realidad

La Constitución Dominicana en su artículo 15  establece que "El agua constituye un patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida. El consumo humano del agua tiene prioridad sobre cualquier otro uso".

De igual modo, la carta magna responsabiliza al Estado de promover la elaboración e implementación de políticas efectivas para la protección de los recursos hídricos de la Nación, derecho que contrasta con la escasez en que han sumido las instituciones gubernamentales  a estos sectores empobrecidos.

De acuerdo con la ley 498 de 1973, la CAASD es la institución responsable de brindar el servicio de agua potable y  proveer de alcantarillado a la ciudad.

Entre el bullicio de los buhoneros que ofertan sus mercancías a los obreros que laboran en la ampliación de la segunda línea del Metro y las amarillentas aguas del Ozama, se encuentra el sector Los Guandules, una  barriada que se plantea en sí misma la lucha por la subsistencia  frente a un “progreso” que le cruzará por encima.

“Este barrio es un lío, llega agua dos veces a la semana, a veces no llega suficiente, otras veces de madrugada y siempre de chin en chin”,  decía Pedro González, mientras colocaba una manguera al grifo. 

Contra la corriente

"Cuando le conté a las personas del barrio que era posible traer el agua desde el pozo que está allá arriba, me decían que estaba loca, y a veces ni caso me hacían. Conjuntamente con un grupo de compañeros  nos pusimos en eso, hoy es una realidad, y aunque solo nos sirve para lavar la ropa y fregar, por lo menos llega”, explica Carmen  Marcelino, quien gracias a una yola en la que transporta personas de un lado a otro del río obtiene los recursos para sostener a su familia.

En medio de la basura, los cerdos y  el mal olor del ambiente, Carmen expresa su deseo de que las heces de las letrinas y la basura de la barriada no vayan a parar a las aguas del río.

Para  Eleuterio Martínez, especialista en planificación ambiental, una cuenca debe abastecer sus sectores circundantes, en ese sentido afirma que la cuenca del Ozama necesariamente debe abastecer no solo a los barrios de la ribera, también al Gran Santo Domingo, resaltando que esta cuenca tiene la capacidad suficiente para esa tarea.

Martínez señala como solución al problema del suministro de agua en los barrios de la Cuenca, construir una planta de tratamiento, que permita utilizar para el consumo humano el agua que proviene de ambos afluentes. Manifiesta que todo esto se pudiera lograr si tuviéramos una administración pública consciente y organizada.