Elecciones dominicanas 2020

Centro Montalvo condena corrupción e inequidad en la competencia electoral

El Centro de Reflexión y Acción Social Padre Juan Montalvo llamó a la población a exigir y defender una democracia que dignifique a las personas, al tiempo que condenó la corrupción, ela incursión en la política de personas vinculadas al crimen organizado y la falta de equidad en la competencia electoral

Por Servicios de Acento.com.do

Elecciones dominicanas Santo Domingo 2020

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El Centro de Reflexión y Acción Social Padre Juan Montalvo llamó a la población a exigir y defender una democracia que dignifique a las personas, al tiempo que condenó la corrupción, ela incursión en la política de personas vinculadas al crimen organizado y la falta de equidad en la competencia electoral .

El llamado surge como reflexión ciudadana al concluir la campaña electoral para las elecciones del 5 de julio, y como un esfuerzo de responder a algunas noticias que de manera progresiva vienen perturbando la paz ciudadana.

El Centro Montalvo comentó que muchas personas siguen pensando que la vida democrática se reduce a la celebración periódica de elecciones con diversos partidos en liza, asistiendo a una especie de carrera mediática en la que se ofrecen productos políticos que satisfacen preferencias o simpatías personales.

"Bajo ese presupuesto, se ha de votar por quien habla de las cosas que responden al propio gusto o por quien ofrece un pedazo del biscocho sabroso llamado presupuesto nacional. La idea del bien común queda reservada para adornar los discursos de campaña, sin referencia alguna a la acción personal. Desgraciadamente, esta concepción reduccionista de la democracia, asimilada a las prácticas de consumo capitalista, sirve para legitimar comportamientos y tácticas políticas que atentan contra la dignidad y la dignificación de la persona", precisó.

Indicó que en la construcción de una democracia que nos dignifique no se debe olvidar que esta entraña dos dimensiones clave que deben fortalecerse mutuamente: Una es la dimensión institucional: se refiere a la democracia como forma de gobierno con instituciones políticas para administrar la gestión de lo público, los derechos y los conflictos sociales con niveles diversos de participación, representación y fiscalización de parte de la ciudadanía. La otra dimensión es la ética: se refiere a un conjunto de valores asumidos en el ámbito cotidiano, social y público por la mayoría de las personas.

La democracia que nos dignifique no saldrá automáticamente de las urnas, pero lo que salga de las urnas tiene que ser fruto de un ejercicio libre, equitativo y transparente de la votación masiva y responsable de la población, sin trampas ni triquiñuelas que desnaturalicen el derecho a elegir las autoridades que nos gobernarán en los próximos cuatro años

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Consideró que la puesta en práctica de estos valores en las instituciones es indispensable para la construcción de una democracia que dignifique la vida de las personas.

Deploró que las noticias de los últimos días desdibujan ambas dimensiones de la democracia, poniendo en riesgo su viabilidad.

Explicó que desde el punto de vista institucional, la democracia incluye un procedimiento equitativo y transparente de elección de las autoridades, pero se caracteriza por una serie de mediaciones institucionales como la división y autonomía de los poderes públicos, la igualdad ante la ley y de un régimen de consecuencias para toda la ciudadanía, la obligación de transparencia y rendición de cuentas de quienes gobiernan y la participación equitativa y responsable de la ciudadanía en los asuntos públicos.

"En los últimos días, han salido a flote acusaciones de mal uso de fondos públicos y de oscuridades en el financiamiento de los partidos inmersos en la campaña. Igualmente, se ha denunciado el abuso del estado de excepción para beneficiar la campaña clientelista del candidato oficial y en esta última semana se ha visto el uso extemporáneo del ministerio público para impactar a la opinión pública sugiriendo las implicaciones del principal partido opositor con el narcotráfico", subrayó.

Falta de equidad

El Centro Montalvo advierte que la campaña electoral no ha sido equitativa, haciendo la vida imposible a los partidos pequeños.

Asimismo, señala que la ley electoral se ha aplicado de manera deficiente en lo concerniente a la participación de funcionarios públicos en actividades proselitistas y en sancionar la amenaza o la promesa velada de obtener un puesto de trabajo en alguna instancia estatal si se ejerce el voto en favor de una candidatura específica.

"Desde el punto de vista ético, la democracia es un compromiso con la promoción de la intrínseca dignidad de la persona humana en la esfera pública y con el cuidado de la Casa Común, el planeta. Si algo caracteriza al ethosdemocrático es la integración intercultural de la diversidad de sujetos sociales que conforman la población de un país, la no discriminación de los sujetos que conforman la nación, el respeto de las creencias políticas y personales de los otros, incluyendo el respeto de la integridad personal de quienes nos son adversarios", argumentó.

Señaló que los modos clientelares de ganar votos atropellando al otro, modos que han prevalecido en esta campaña electoral, envilecen más a personas vulnerables y empobrecidas. Afirmó que la mentira y el engaño ensombrecen las relaciones entre las personas y siembran una desconfianza generalizada que erosiona la construcción de los acuerdos sociales.

Para el Centro Montalvo, la visión económica centrada en el crecimiento del capital amenaza el equilibrio ecológico. El irrespeto de las normas del Ministerio de Salud por parte de los candidatos de los partidos mayoritarios en sus actividades proselitistas es la mejor prueba de que no siempre se pone la vida de las personas en primer lugar.

Otras reflexiones y exhortaciones del Centro Montalvo:

El crimen organizado en la política

Una consideración aparte merece el fenómeno más preocupante de la última etapa de este proceso electoral: la confirmación de la implicación del crimen organizado en la actividad política dominicana. Las denuncias mutuas entre los partidos mayoritarios no han faltado.

Este auténtico cáncer de la actividad política afecta simultáneamente ambas dimensiones de la democracia que acabamos de señalar. Por un lado amenaza el funcionamiento de las instituciones democráticas, torciendo con la violencia extrema los procesos de toma de decisiones. Por otro lado carcome el alma de quienes se habitúan a vivir según las normas del crimen organizado.

La corrupción denunciada por la ciudadanía estos últimos años se explica en buena medida por esta incursión de mafias y delincuentes en la política.

Quienes ganen en las elecciones de este domingo deberán hacer un compromiso claro, suprapartidario, para acabar con la presencia del crimen organizado en las instituciones democráticas. No podemos olvidar que esta permisividad ha llegado incluso a cobrar la vida de personas valiosas para la sociedad.

Este domingo de elecciones constituye una coyuntura especial para la ciudadanía dominicana. A la ineptitud exhibida en febrero por las autoridades de la Junta Central Electoral y a las condiciones precarias en que se llevó a cabo la campaña electoral se suman ahora las condiciones especiales de movilidad y sana distancia que impone la pandemia del COVID-19.

Más que nunca la ciudadanía dominicana se debe comprometer a ejercer su derecho al voto respetando la vida de los demás, asistiendo puntual y pacíficamente a los colegios electorales, esmerándose en preservar el orden. Sabemos que, en términos generales, así se comporta el electorado dominicano.

Pero ahora deberá velar por observar cuidadosamente los protocolos de salud pública, pensando en la salud de los demás y en la de los suyos, y exigiendo de manera racional que los colegios electorales cuenten con los medios para que dichos protocolos se puedan cumplir.

Las condiciones especiales de estas elecciones nos deben llevar a pensar en la importancia de construir una democracia que dignifique a las personas, que no las reduzca a mero instrumento electoral, que se comprometa con las dimensiones institucionales y éticas de la convivencia intercultural en democracia, transformando las desigualdades y las exclusiones sociales en una oportunidad renovada de inclusión e igualdad social.

La democracia que nos dignifique no saldrá automáticamente de las urnas, pero lo que salga de las urnas tiene que ser fruto de un ejercicio libre, equitativo y transparente de la votación masiva y responsable de la población, sin trampas ni triquiñuelas que desnaturalicen el derecho a elegir las autoridades que nos gobernarán en los próximos cuatro años.

Más allá de esta importante jornada cívica, seguiremos desafiados a construir una democracia que dignifique nuestras vidas y que preserve el equilibrio y la sostenibilidad de nuestra Casa Común. Si apostamos a ello, institucionalidad democrática y ética política deberán ser profundizadas en los años por venir. ¡Vamos por ello!

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