Una cosa del carajo donde todo el que no incline la cabeza delante de autoridades decrépitas y se trague sus embustes es un "manipulador grosero", independientemente de sus credenciales y entrenamiento… Si vamos al caso, es usted la víctima de un ataque coordinado por disparatosos.

Yo soy un disparatoso, Sara Pérez es una disparatosa; disparatosa Rosario Espinal y disparatoso Andrés L. Mateo. Disparatosos Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute en Washington e Yván Rodríguez, de Acento.com. Usted mencionó en su discurso del 13 de noviembre que la verdad prevalecerá, y así lo ha hecho: en una divina manifestación de justicia poética, el mismo jefe de misión del FMI, Przemek Gajdeczka, ha confirmado lo que todos ya sabíamos… ¿él también es un disparatoso?

Disparatosa también, sin duda, la publicación aparecida en la prestigiosa revista The Economist el 24 de noviembre del corriente y también la publicada por Mary Anastasia O’Grady en el Wall Street Journal el 26.

Disparatoso, enfermo y pepehachista todo aquel no toque el suelo con la rodilla delante de Su Gloriosa Majestad y no acepte las "conceptualizaciones" que pare, como chinche, su preclara enjundia. Todos yerran, mienten, manipulan, malinterpretan.

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Carta abierta a Leonel Fernández