SANTIAGO, República Dominicana.- El destacado abogado Ramón Antonio Negro Veras, defendió la ética y el buen ejercicio profesional del ex juez de la Suprema Corte de Justica, Julio Aníbal Suárez, y fustiga el hecho de que el Consejo Nacional de la Magistratura lo haya excluido como juez de la Suprema Corte de Justicia.
El jurista condenó que la motivación dada por el Consejo para excluir a Suárez de la Suprema Corte de Justicia haya sido “porque no siempre estuvo conforme a los criterios de imparcialidad e independencia que demanda el reglamento del Poder Judicial”.
A continuación el articulo íntegro:
Ofendiendo a Julio Aníbal, se lesiona a lo mejor del país
Ramón Antonio Negro Veras
Desde el día 30 de mayo de 1961, fecha en la cual fue ajusticiado el tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina, hasta hoy, cada dominicano o dominicana que ha incidido en la vida pública ha tenido la opción de hacer dinero por medio de la politiquería, el narcotráfico, negocios sucios, y todas aquellas operaciones que generan buenos dividendos fuera de los marcos normales del sistema, o llevar una vida digna, decente, honorable, y ganarse así el respeto de todo lo sano y bueno de la sociedad dominicana.
El doctor Julio Aníbal Suárez, se decidió por trillar este último camino; ha actuado para vivir y morir dignamente, y que mañana, cuando desaparezca del mundo de los vivos, su nombre y proceder sea orgullo de sus familiares y los que hemos tenido la dicha de conocerlo, tratarlo y valorarlo como lo que ha sido en vida ejemplar: un hombre bueno, digno y honrado.
Si Julio Aníbal, con sobradas razones se ha sentido mal con los pobres argumentos expuestos para su no ratificación como juez de la Suprema Corte de Justicia, sus amigos nos hemos sentido indignados porque sabemos la honorabilidad, la limpieza de Julio Aníbal, como magistrado
Pero el tiempo todo lo borra, las palabras vuelan y lo escrito queda; la palabra, una vez hablada, vuela y no retorna. Lo escrito perdura.
Porque conozco al doctor Julio Aníbal Suárez, sé lo mal que se ha sentido desde que tuvo conocimiento de la motivación dada por el Consejo Nacional de la Magistratura, para excluirlo como juez de la Suprema Corte de Justicia. Para Julio Aníbal, no hubiera sido nada si no resulta elegido como juez pero con una adecuada y justa motivación; pero decir que él no fue mantenido como magistrado porque “no siempre estuvo conforme a los criterios de imparcialidad e independencia que demanda el reglamento del Poder Judicial”, constituye una ofensa.
Si Julio Aníbal, con sobradas razones se ha sentido mal con los pobres argumentos expuestos para su no ratificación como juez de la Suprema Corte de Justicia, sus amigos nos hemos sentido indignados porque sabemos la honorabilidad, la limpieza de Julio Aníbal, como magistrado.
A mí se me amargó el día cuando leí en un medio nacional de la mañana, el siguiente titular: “Consejo Destituyó Jueces SCJ por Falta de Pulcritud”.
El citado titular es de por sí una ofensa a Julio Aníbal Suárez, a su historial de vida profesional y pública, limpia, decente, ejemplar, honrada, sin tachas. Julio Aníbal ha vivido cuidando su hombro histórico para que nadie, nadie, pueda poner en entredicho su honorabilidad.
De qué le ha valido a Julio Aníbal ejercer la profesión de abogado apegado a la ética, prestarle servicios al país sin procurar dinero, como profesor llevar sus conocimientos a las aulas universitarias, dejarle a la posteridad toda una serie de libros sobre derecho laboral, su honradez, laboriosidad y limpieza como juez, si ahora se le quiere herir y manchar su acrisolada existencia.
Ese Julio Aníbal Suárez, al que conocí en 1961 cuando ambos estábamos haciendo la fila para llegar hasta la tesorería e inscribirnos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santo Domingo, es el mismo que a la vez que estudiaba derecho, también servía como mecanógrafo del doctor Lupo Hernández Rueda, el mismo que ha dignificado la toga y el birrete como profesional del derecho y como juez modelo.
Los hijos, hijas, nietos y nietas de Julio Aníbal Suárez, que sigan viviendo orgullosos de su padre y abuelo, quien es un dominicano ejemplar, honrado y honorable, y los que hemos tenido la dicha de conocerlo y valorarlo, sabemos y vamos a seguir plenamente convencidos de que Julio Aníbal ha sido y es un ser humano excepcional, que no ha sido contaminado por los vicios sociales que hoy son una afrenta para muchos que, a diferencia de él, no pueden exhibir una página limpia de vida profesional y pública.
Santiago de los Caballeros, R.D.
3 de Febrero de 2012.