SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La quiebra financiera del sector eléctrico, que según su vicepresidente ejecutivo Rubén Bichara, está endeudado por más de mil millones de dólares, ha determinado un deterioro del servicio y una presión mayúscula para los clientes que pagan, que ven subir cada mes el costo de sus facturas, sin explicación.
Eso se desprende de diversas quejas que se reciben en los medios.
Algunas experiencias son narradas en forma detallada, como es el caso de la escritora Angela Hernández, y otras son expresiones de indignación ante el abuso del precario servicio, como es el caso de la señora María Stella Dabancens.
A continuación ofrecemos los testimonios se clientes del precario servicio de energía eléctrica que brinda el gobierno. En 2008 el presidente Leonel Fernández prometió que para el 2012 dejaría resuelto el tema de la energía eléctrica del país, con una generación que incluso permitiría al país exportarla.
La relación con EDESUR electrocuta el buen sentido y la paciencia
Bregar con Edesur es agotador, irritante, desmoralizador, desconcertante, abrumador.
No voy a narrar los numerosos hechos en los que me he sentido víctima de un abuso en la factura ni las muchas horas de numerosos días en la sala de la oficina comercial correspondiente ( en la que, dicho sea de paso, reina una triste atmósfera de desesperación, ansiedad e impotencia) en espera para presentar la queja del momento, no, solo voy a contarles la última.
El 14 de agosto a eso de las ocho de la noche, llegué del Parque Mirador y encendí las luces, como cualquier día. Al instante, las bombillas empezaron a estallar. Pensé que les había caído agua. Encendí otras, también estallaban. Me percaté de que olía a quemado. Corrí a la cocina. Del inversor salía humo y producía un raro ruido, encendiendo y apagando las lucecitas, rojas o verdes, de manera caótica. Llamé a Edesur y expliqué la emergencia, presa del intenso miedo de que en cualquier parte comenzara un incendio. Me dijeron que enviarían una brigada de emergencia. No me atrevía a tocar nada, pues todo evidenciaba un alto voltaje y sabía de más de una tragedia por desenchufar un equipo en casos similares (en mi cuento “Abura”, se narra una de éstas). Pasaban los minutos y la brigada no llegaba. Decidí llamar a mi hijo, apremiándolo a que viniera en el acto (estaba en el cine con su esposa). Pasé un rato de terror. Cuando él llegó sentí alivio, pues confío mucho en su capacidad y serenidad para afrontar este tipo de problemas (a mí, aunque cursé la materia electrotecnia los eventos asociados a la electricidad me impresionan mucho. Tal vez porque un estimado compañero de carrera, ya en séptimo semestre se electrocutó tumbando unos limones, en Moca).
Mi hijo verificó que en toda la casa el voltaje era 220. Desconecto todos los equipos. Hizo lo indispensable en la emergencia. Esa noche no llegó la bridada de emergencia del Edesur. Al otro día, llamé de nuevo. Me informaron que había una brigada cerca, llegaría en cualquier momento. Pasé el día 15 esperando la brigada. El 16, o sea dos días después del suceso, a las 2 p.m. se apareció la brigada. Comprobaron que el alto voltaje se había producido por el mal estado de las bases de los contadores, el de la casa de abajo y el apartamento de arriba. Les expliqué los daños que había producido el altovoltaje, ellos y otras personas, al otro día, me informaron que tenía que reportarlos a la oficina comercial. Allí pasé horas de la mañana, con mi carta explicativa en mano. Debo decir que luchaba con la molestia y la impaciencia. Había abandonado mi trabajo literario para enfrentar esta situación. Sabía que perdería muchas horas y dudaba de los resultados).
Con el altovoltaje se dañaron: mi computadora personal, una nevera, las cajitas de telecable, el modem para internet, las bombillas con sensores de movimiento, el microonda, la mayoría de bombillas… De todo esto, cosas materiales al fin y al cabo, mi preocupación es por mi ordenador, en cuyo disco duro yacen archivos muy valiosos para mí, en materia literaria, laboral e imágenes.
Di gracias a Dios por estar en mi casa en el momento que se produjo el altovoltaje. Esa noche, debía participar en una reunión de poetas convocada por la Academia de Ciencias. Esa misma tarde, me informaron que habían suspendido el encuentro. Me dan escalofríos cuando pienso lo que hubiera pasado si la casa hubiera estado sola, cerrada.
-Edesur aún no ha mandado a arreglar las bases de contadores, o sea la causa del altovoltaje. Lo que significa que en cualquier momento podría repetirse el mismo episodio. Casi no me atrevo a salir de la casa por temor a que ocurra un accidente mientras estoy fuera.
-En vez de enviar a un inspector a verificar los daños, me entregaron una lista de tareas, sin recibirme la carta que les llevé. Ahora, según me indicaron con cierta reticencia, yo tengo ahoque que dedicarme a buscar cotizaciones de los equipos dañados, para luego Edesur decidir enviarme el inspector. Vistos los antecedentes con esta empresa, yo me pregunto,: ¿Me meterán en una intransitable ruta burocrática, hasta que yo me rinda y desista? ¿Vale la pena volver a la oficina comercial, a respirar aquel aire triste y quejumbroso y exasperado? ¿A que la persona que me atienda me mire como si yo fuera sospechosa de algo indefinible?
Pago a tiempo y religiosamente mis facturas. Las he pagado aun cuando las he considerado un atentado a mis humildes bolsillos, en aras de contar con energía eléctrica, en aras de no perder tiempo. ¿Por qué Edesur no cumple conmigo? ¿Por qué atentan contra quienes pagan y cumplen?
Edesur me sustrae dinero, me quita tiempo, orden y seguridad. Y nadie me defiende y sospecho que asimismo se sienten cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas. Edesur electrocuta la paciencia al más santo, al más cumplidor.
La relación con esta empresa es desigual, injusta. Sin hay un problema, siempre serás el sospechoso. Por más que mires todos sus asuntos, siempre te deja la impresión de portar algo fantasmagórico y amenazante. Si reclamas, te miraran con sospecha y suspicacia; te mirarán con una insolencia escalofriante, con una parsimonia desgraciada. Jamás se darán prisa en escucharte o resolver.
La relación con Edesur me quita el sueño, me deja exhausta. Es desesperante. Los dirigentes de Edesur jamás imaginarán lo que significa el tiempo para mí, lo que significa perder tiempo en un berenjenal burocrático, kafkiano, desconsiderado…
¿Qué debo hacer?
Ángela Hernández N
A estas alturas me declaro ingeniera eléctrica
Estimado Señor Rosario Adames,
En el caso de mi familia, ya cumplimos cuarenta horas sin electricidad y lo veo de esta manera:
Vivo en las afueras de Santo Domingo, en un lugar en que la mayoría de los usuarios no pagan el consumo, muchos están colgados a la mala, que pasa causando averías.
El servicio eléctrico, históricamente, cubre solamente 10 horas diarias y el resto hay que bancárselo con planta e inversor.
A estas alturas me declaro ingeniera eléctrica. Prende planta, prende inversor, repara artefactos eléctricos jorobados por los cambios de voltaje del magnífico suministro Ede.
Pago 9.500 pesos al mes por 10 horas de luz, más combustible para la planta, revisión técnica de inversor y planta, etc. Saco la cuenta, aprox. 30.000 pesos al mes.
Pienso que a Edeeste, a la gasolinera, a los técnicos, les convengo a morir.
Sobre todo a la pinche Ede, corta la luz y se queda con mis cuartos.
El no tener energía eléctrica por causa de Isaac es un cuento ya visto, averías, su abuela.
Cordiales saludos,
María Stella Dabancens
La impotencia merma nuestro intelecto
Ángela, los que escribimos de otras cosas deberíamos incentivar más en el país los "cuentos de terror", o "novelas de impotencias"; son géneros literarios que no explotamos, que Hollywood compraría sin rechistar, porque…pensemos…alguien creería estas cosas que nos ocurren? JAMÁS, lo peor que podría pasar es que los calificaran de ciencia ficción.
Ahora…que estamos curados de espanto SÍ, pero que la IMPOTENCIA merma nuestro intelecto, TAMBIÉN.
Solidaridad contigo porque conocemos ese macuto…pero, hasta cuándo permitiremos esto?
Una admiradora,
Alicia Delgado M.