SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El abogado Francisco Álvarez Aquino, del equipo de defensa del senador Félix Bautista y de la señora Gricel Araceli Soler Pimentel, rechazó la denuncia del comunicador y fotógrafo Franklin Pimentel, al tiempo que reiteró la defensa del legislador y dirigente peledeísta.

Con motivo de la denuncia de Guerrero, quien dijo que temía por su vida y responsabilizó públicamente a la "ex esposa de Félix Bautista" (a la cual no identificó por su nombre) de ser la responsable de cualquier cosa que le pueda ocurrir, el abogado Álvarez Aquino envió un escrito a la dirección de Acento.com.do, que reproducimos a continuación:

Algo más sobre el día de la lectura del fallo

(Francisco Álvarez Aquino)

El pasado martes 11 del corriente mes, se esperaba el fallo que, sobre al auto de no ha lugar dictado en provecho del Senador Félix bautista y los demás imputados, por el Magistrado Alejandro Moscoso Segarra, sería evacuado a propósito del recurso de apelación interpuesto en su contra por el ministerio público.

Como todo lo que rodea este caso, la atención pública abandonó los asuntos nacionales y particulares que le ocupaba y la dirigió, en posición acusadora (como ha sido su costumbre), al evento de la lectura anunciada, no sin antes profetizar sobre el contenido de la decisión esperada,  así como sacar las túnicas y capuchas del Ku Kux Klan nacional, en señal de disposición de linchamiento a los jueces que cometieren el sacrilegio de fallar de manera distinta a la ordenada por esta secta cuasi religiosa.

Excluimos de esta cofradía a las personas que abogan por un fallo en contra de los imputados con un interés sano, no oportunista, basadas en principios y entendimientos equivocados pero que ellos entienden justos.

Llegado el día y la hora de la lectura, la Corte, presidida por una institución judicial como la Magistrada Mirian Germán, acompañada de otros honorables jueces, informó a los presentes en la sala que, por no haber consenso en la forma de fallar, ni mayoría que se imponga, se anuló la instrucción del proceso, se solicitó al Presidente de la Suprema Corte de Justicia la designación de un quinto juez que impidiera un nuevo empate en las votaciones de los jueces al momento de fallar, y se fijaba una nueva fecha para conocer del recurso que se entendía finalizado.

Cordura, paciencia y justicia, para todos, por todos y en todo, debiera ser el emblema tanto de los cruzados como de los herejes, permitiendo que la justicia marche sin el frenillo de la opinión pública (ni ningún otro sin importar su naturaleza) y, luego, analizando los resultados y no las presunciones, opinar con la fuerza que lo amerite, sea en señal de aprobación o no de lo decidido

Sobre esta rara situación, escribiremos después, con las advertencias de las situaciones que podrían generarse al momento de instruir el recurso por nueva vez. Sin embargo, llamamos, en esta ocasión, la atención sobre algunas reacciones de los que esperan un fricasé de Félix y los demás imputados, a fin de evitar que afirmaciones que distan de la verdad,  por equivocación o por pura maldad, sean compradas como aciertos por sus receptores.

En ese tenor, es necesario advertir a la sociedad:

1.- Que lo sucedido no es producto de ningún plan o estrategia, ni de los imputados ni del Ministerio Público, sino que es consecuencia de una situación que si bien no debió haber sucedido, nadie, jueces y abogados, la previeron oportunamente.

2.- Que el sistema judicial dominicano no depende de lo que suceda en este proceso y, mucho menos, del nuevo juez que al efecto sea designado. Una muestra de ello la constituye el que, el principal adversario del poder judicial, la Procuraduría General de la República, en segundo grado no consideró necesario recusar a los jueces a quienes ya había colocado en el clan de los políticos y servidores del poder de los imputados, tal  como el Magistrado Frank Soto.

Partiendo de la hidalguía con que la Procuraduría asumió el caso de la especie, no se puede entender que la no recusación de un juez que habían criticado hasta más no poder, se debió a pereza procesal ni a nada parecido, debiendo asimilarse tal actitud como el resultado de una reflexión de la Procuraduría sobre los valores reales de estos jueces por ella sacrificados ante la opinión pública.

3.- Entonces, debe haber mayor sosiego en la espera de la designación del juez esperado, al tanto ya de que las acusaciones en rumba no tenían el sustento que se quiso aparentar.

4.- La ciudadanía, al igual que los hacedores de opinión pública, debieran esperar el resultado del proceso y evitar interferir en su discurrir mediante los mecanismos de presión que, eficientemente, genera la publicidad. Aguardar  la sentencia y, sobre ella, emitir juicios, parece ser lo más correcto aunque, a juzgar por la historia reciente, donde el Magistrado Moscoso Segarra fue acribillado a mansalva sin que la opinión pública analizara su sentencia, no tenemos muchas esperanzas de que se proceda con el tacto, respeto y justicia que tanto exigen los críticos públicos.

5.- Finalmente, una de las reacciones ocurridas luego del evento de la frustrada lectura de la sentencia, fue el hecho denunciado por el reconocido comunicador Franklin Guerrero, quien, según su decir, teme por su vida a propósito, según parece, de amenazas recibidas por una ex esposa del Senador Bautista.

Por la foto que acompaña el titular publicitado al efecto, es de suponer que el distinguido comunicador se refería a la señora Gricel Araceli Soler Pimentel, quien, vale destacar, no es ni ha sido nunca pareja del Senador, algo largamente establecido en el juicio celebrado al efecto.

Conociendo la trayectoria del señor Guerrero, a quien respetamos, admiramos y estimamos mucho, luego de investigar sobre lo que ocurriera (por lo menos en cuanto a nuestra cliente Soler Pimentel) a la salida de la audiencia de la lectura, tenemos que concluir que tan distinguido comunicador, o escuchó alguna amenaza de parte de una persona distinta de la señalada señora, o simplemente está confundido.

Nuestra cliente interpeló a un fotógrafo sobre el número de fotos que le tomaba, pidiéndole que no fueran tantas, lo cual no generó ni siquiera discusión entre el profesional de las gráficas y Soler Pimentel, pero sí la intervención del destacado comunicador Franklin Guerrero quien, a seguidas, advirtió a dicha señora algo parecido a que el motivo de la multitud de fotos era la condenación pública de que ella había sido objeto y el estar sentada en el banquillo de los acusados.

Sin pretender juzgar si tal pronunciamiento era adecuado o no, la respuesta de Soler Pimentel fue que hiciera su trabajo pero que la respetara, algo que asumimos no es problema para este distinguido comunicador, puesto que ello debe ser parte de su doctrina de vida.

Pero, de ahí a publicitar que teme por su vida y que solicita a los servicios de inteligencia y autoridades dominicanas, que le protejan, tiene que ser producto de una terrible confusión o guardar relación con otra interacción no conocida por nosotros, que excluye a la señora Soler Pimentel quien, nunca, aún los excesos cometidos por la prensa en su contra, incluyendo el acoso que significa que un particular (no el señor Guerrero) le tome, consecutivamente, alrededor de treinta fotos en la cara, con luz incluida (algo que refleja la impericia del fotógrafo que no logra sacar ni una gráfica adecuada, o la mala fe de la acción), ha protestado ni levantado la voz como cualquier mortal de seguro lo hubiera hecho.

Ciertamente, Soler Pimentel, al igual que los demás imputados, jueces y todo mortal que suponga sus respectivas inocencias, han sido condenados por los injustos cruzados de la justicia, pero de ahí a que se le sumen otros "cargos" como los publicitados, tiene que haber una distancia tan grande como la que entendemos separa a Franklin Guerrero de los actos ilegales, algo que atestamos públicamente pues le conocemos desde hace buen tiempo.

Cordura, paciencia y justicia, para todos, por todos y en todo, debiera ser el emblema tanto de los cruzados como de los herejes, permitiendo que la justicia marche sin el frenillo de la opinión pública (ni ningún otro sin importar su naturaleza) y, luego, analizando los resultados y no las presunciones, opinar con la fuerza que lo amerite, sea en señal de aprobación o no de lo decidido.