Cápsulas etnográficas

Envejecer en la calle

En las calles de Santo Domingo y muchas provincias se puede observar diariamente personas adultas mayores deambulando o recogiendo botellas y cartones en los zafacones de comercios y residencias, mostrando así las condiciones de indigencia en que viven.

Muchas de estas personas adultas mayores duermen en parques y debajo de puentes y salen a recoger botellas y cartones que venden a empresas. Caminan diariamente 4 y 5 horas recorriendo calles y avenidas en esta labor. Una señora con 80 años contaba su rutina diaria en una entrevista que le hicimos en Santo Domingo:

 “Duermo debajo del elevado. Me tengo que levantar a las 5:00 a.m. porque si me quedo allí me saca la policía. Salgo a la calle a buscar que comer, y lo que recojo en el día con eso como. No tengo ropa. La que tengo puesta es la única. No puedo andar con nada si no se dónde voy a dormir. Con el dinero que recojo voy a una Paca y compro con 150 pesos una ropa y la cambio cuando duro 3 semanas con ella. Para bañarme voy a los baños de algunos comedores o cafeterías donde me dejan entrar. En las plazas comerciales no me dejan entrar”.

La pobreza no tiene edad y expulsa hacia las calles desde niños-niñas hasta personas adultas mayores. Si hacemos visitas nocturnas a parques públicos, callejones de distintas zonas de la ciudad, debajo de los puentes, encontraremos personas de todas las edades durmiendo a la intemperie.

La ausencia de asilos públicos para la población adulta mayor pobre e indigente produce esta situación deprimente. Los pocos asilos existentes no tienen cupo suficiente y sufren serias dificultades económicas por las precariedades en los subsidios que reciben.

Muchas personas adultas mayores que viven en barrios y campos del país han podido sobrevivir por la inversión social de la comunidad y los/as familiares que suplen la ausencia de un sistema efectivo de asistencia y protección social. Familiares, vecinos y vecinas ofrecen alimentación seguimiento y apoyo afectivo.

Esa población adulta mayor que deambula por las calles no está incluida en los programas sociales. Las personas adultas mayores que han logrado una jubilación cuentan con pensiones miserables. En varias comunidades identificamos casos que han sido despedidos de empresas y no se le asigna ninguna pensión porque supuestamente no han cumplido el tiempo ”requerido”.

La población adulta mayor necesita visibilidad como grupo poblacional vulnerable y políticas sociales coherentes que cumplan con los derechos que le corresponden por justicia y con garantías de una vida digna y en equidad como ocurre en otros países.

Este articulo fue publicado originalmente en el periódico HOY

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