Opinión

Establecimiento y perpetuación del poder tradicional y emergente (V)

Foto: Acento.com.do/Archivo/Desde la izquierda, Joaquín Balaguer, un sacerdote bendiciendo al dictador Rafael Trujillo Molina, y al extremo derecho Héctor Bienvenido -Negro- Trujillo, hermano del tirano.

Continuismo de la búsqueda del orden y el progreso: Rafael Leónidas Trujillo (1930 -1961)

«Los que mataron a Trujillo fueron valientes, pero no patriotas[1]«.

Acento.com.do/Archivo/Desde la izquierda, Joaquín Balaguer, un sacerdote bendiciendo al dictador Rafael Trujillo Molina, y al extremo derecho Héctor Bienvenido -Negro- Trujillo, hermano del tirano.
Acento.com.do/Archivo/Desde la izquierda, Joaquín Balaguer, un sacerdote bendiciendo al dictador Rafael Trujillo Molina, y al extremo derecho Héctor Bienvenido -Negro- Trujillo, hermano del tirano.

 La dictadura de Trujillo no se puede entender sin los factores externos e internos que la impulsaron y la mantuvieron en el poder. Luego de la muerte de Cáceres, siguió un periodo de contiendas políticas caudillistas que culminaron con el triunfo de Horacio Vásquez en el 1924. Sin embargo, la década de los años veinte estará marcada por la Gran Depresión del 1929, cuyos efectos se venían sintiendo desde años anteriores. Estados Unidos vio todas las acciones de sus empresas desplomarse, la inversión disminuyó y las importaciones tuvieron que parar debido al escaso poder adquisitivo del momento. Para una economía dependiente como la nuestra, ese acontecimiento fue un golpe duro y generó graves consecuencias en la economía nacional como la disminución de los salarios, quiebra de comercios, reducción de personal en los ingenios azucareros, entre otros factores.

Con dicho contexto, Trujillo y las fuerzas opositoras a Horacio Vásquez, tuvieron mayores facilidades para agilizar el proceso de cambio político que se daría posteriormente. El contexto político y social se llegó a complicar aún más debido a que además de la crisis económica que impactaba a Occidente, Vásquez había tomado medidas para frenar el crecimiento del capital estadounidense en el país y quería mantenerse en el poder con una reforma constitucional que lo habilitara por otro periodo de gobierno. Con estas ideas y medidas, Vásquez recibió fuertes críticas y oposiciones de la burguesía que veía en los Estados Unidos una oportunidad de crecimiento; de los comerciantes y campesinos que no entendían a total cabalidad el factor internacional de la crisis, pero que asumían era culpa del gobierno; y de los norteamericanos que querían seguir expandiendo su poder en todo el territorio nacional a través del sistema capitalista con las industrias azucareras.

¨Trujillo aseguraba el régimen entreguista que necesitaba Estados Unidos y quitaba los impuestos a los azucareros que tenían una derogación establecida por Vásquez para frenar el avance de esta industria exportadora dependiente de Estados Unidos[2]¨.

Trujillo cuenta con el apoyo estadounidense y la burguesía del Cibao 

El caudillismo de Vásquez tuvo su final cuando miembros de su propio gobierno decidieron hacerle frente y forzar al cambio político. Tales son los casos de Rafael Estrella Ureña y Rafael L. Trujillo. Estrella Ureña, que gozaba de estabilidad económica y tenía buena posición en el gobierno, inició el conocido Movimiento Cívico con el objetivo de derrocar a Vásquez. Trujillo hizo alianzas con dicho movimiento con la negociación de la vicepresidencia, pero al derrotar a las fuerzas de Vásquez, rompió el pacto con Estrella Ureña y se estableció en el poder con la aprobación de la Embajada de los Estados Unidos bajo las garantías de evitar sublevaciones y dar continuidad al proceso de desarrollo capitalista.

Surgimiento de una nueva burguesía

Con el inicio de la dictadura de Trujillo se inició un proceso de consolidación del poder político y económico que implicaba eliminar todos los elementos que no eran dóciles o iban a favor del nuevo modelo político. Es así como muchos de los miembros de las élites sociales fueron desplazados con distintos procedimientos que iban desde la venta forzosa de todos sus bienes hasta la muerte. Es el mismo proceso que se vivió cuando Ramón Cáceres tomó el poder: las élites que se opusieron y representaban un peligro para el poder político debían ser eliminadas. Personajes como Cipriano Bencosme, Oscar Michelena, Federico Velásquez, Amadeo Barletta y Juan Rodríguez vieron caer sus riquezas y hasta perder sus propias vidas.

La desaparición de una parte de la burguesía tradicional contribuyó a que ascendiera un grupo de personas que ocupara su posición en la sociedad. No es casualidad que Trujillo empezara a crear empresas industriales que le beneficiarán a él y a la emergente clase dominante que le apoyara. Tal es el caso de Manicera, empresa fundada por Trujillo en sociedad con los Bonetti en los años treinta.

Permanencia en el poder 

Se exalta mucho el poder represivo de la dictadura como medio fundamental para mantenerse en el poder por tres décadas. Pero lo cierto es que, en los primeros años de su gobierno, Trujillo recibió el apoyó de los campesinos y la burguesía nacional debido a factores económicos que le beneficiaron. Luego de la Gran Depresión, acontecieron dos guerras importantes: La Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Esto generó un aumento de la demanda de productos agropecuarios debido a que el principal consumidor de las exportaciones nacionales, Estados Unidos, estaba concentrado en la fabricación de armas y no en el cultivo de alimentos. Además del aumento de las ventas que generó esto, también se produjo y desarrollo importante en las obras públicas y en las distintas clases sociales del país.

Con las dos guerras mencionadas anteriormente, acontece la llamada Guerra Fría y Estados Unidos tendrá como presidente a Dwight D. Eisenhower (1953-1961) quien era un militar retirado que tenía como propuesta principal combatir el comunismo en el mundo. Trujillo aprovechó estas realidades internacionales y nacionales para mantenerse en el poder, pues contaba con el apoyo de los sectores importantes de la sociedad que gozaban de estabilidad económica hasta llegada la crisis a finales de la década del 50.

Enemistad con los sectores de poder y la Revolución Cubana 

El apoyo de sectores clave de la sociedad dominicana fue disminuyendo debido a las ambiciones trujillistas que afectaron los intereses de la burguesía nacional (tal es el caso de los Vicini), las acciones de empresarios norteamericanos dueños de ingenios azucareros y a la crisis política que podía traer el comunismo al gobierno dominicano. De igual manera, la Iglesia Católica, que apoyó a Trujillo bajo el liderazgo de Pittini, le dio la espalda a la dictadura con la política liberal de Juan XXIII y la llegada del nuevo Nuncio Apostólico, Lino Zanini, en 1959. Por otra parte, la Revolución Cubana era la expresión de la derrota de un gobierno dictatorial y la alternativa de otro sistema político. Estados Unidos no quería una nueva Cuba en América y esto sería algo decisivo para dar apoyo a los que planearon el asesinato de Trujillo en 1961.

Si bien es cierto que la crueldad del gobierno trujillista llevó a la crisis social y política que exigía el cambio político, no se puede negar que los sectores que lucharon bajo esos ideales fracasaron y, debido a eso, los integrantes de la burguesía tradicional fueron los que pudieron materializar dicha exigencia. Basta repasar el listado de los que se identificaron públicamente como los ajusticiadores: Luis Salvador Estrella Sadhalá, Miguel Ángel Báez, Antonio Imbert Barrera, Antonio de la Masa, entre otros. Todos tienen en común el ser dueños de empresas y formar parte del gabinete de gobierno que apoyó las políticas trujillistas hasta el final de sus días. Es por esto que al morir Trujillo, se exige un gobierno que continúe con la paz y el progreso; un gobierno patriótico como le llamó Joaquín Balaguer y como le llaman los políticos continuistas de dicho sistema.

[1] A.M. Lora. Memorias del siglo. Santo Domingo, Editorial Universitaria Bonó, Ediciones MCS, 2018, p. 133

[2] R. Cassá. Historia social y económica de la República Dominicana, Santo Domingo, Alfa y Omega, p. 250

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