Apertura

«La mirada del naufragio», Haikus de Pedro Paulino

En la literatura oriental, el haikus llena una milenaria tradición poética y ritualista. El haikus es expresión visual decantada en la palabra. Allí la brevedad se convierte en intensidad rítmica y poética. En nuestra literatura, el haikus no es un ausente, aunque no ha recibido la acogida necesaria que amerita, como enunciación que tiene su raíz en la mirada del sujeto creador y en su contemplación silente de la naturaleza, para atraparla en la enunciación sentenciosa y reflexiva del poeta.

En esta obra, «La mirada del naufragio», de Pedro de Jesús Paulino, (Editora Búho, junio 2019. Santo Domingo, D.N.), la brevedad del verso es parte consustancial a la estructuración del cuerpo sintáctico del haikus, asumiendo el valor de lo conceptual en la palabra, como recurso un recurso expresivo, desde el cual el sujeto creador plasma su vivencialidad, su visión y sentir de un instante de su existir, como arcano que se desplaza sin espacio y sin tiempo por el cosmos.

Se trata de una obra donde lo natural, la flora y la fauna; lo simple y lo complejo, entran a convivir con la trassendencia del verso. El discurso es aquí un decir para sí y para los otros que se representan en quien dice o en quien habla o escribe. Es signo que se y símbolo que sacudido de lo comunicacional, para erigirse en el templo de lo emocional del Ser. Veamos:

XXV

«En tu ausencia/

¿Para quién cantan/

las alondras?»//.

(Pág. 39).

XXVI

Lentos/

Los atardeceres sonríen/

flotando en el agua//.

(Pág. 39).

Nos queda el estallido del enunciado y junto a él, una inquietante interrogante que configura el indagar filosófico. Responder a esa interrogante ya no es tarea del sujeto-autor, sino que se convierte en compromiso pasional del lector. Es un resquicio pendiente de respuestas que nada más podrán llegar desgarrando su alma. Porque también ahí, la lectura es placer y desgarramiento que no obtiene sanación en esa brevísima explosión discursiva, sino en lo subyacente que deja decir: En su filosofal.

Es en esta obra, el haikus, la síntesis del impulso que procura eternizar la inmanencia del poeta. Aquí, naturaleza e instante de lo vital se ayuntan, para construir su trampa silente contra el lector desaprensivo…que sólo ojea el texto y pasa una repentina, sin percatarse de los sentidos que van brotando de cada símbolo que deja en su impronta creativa, el poeta.

Estamos ante una producción de haikus que no es normal su uso en nuestros escritores. La reflexión se torna aquí un imperativo que induce hacia una lectura espiritual, para olerla, sentirla, masticarla, degustarla, tragarla y digerirla…

El haikus, en esta obra es interrogante, es admiración…y conmina a ser leído desde la pasividad. Es metáfora atrapada desde el ritmo de la palabra:

XXXV

«En qué mágico/

lugar de tu cuerpo/

abrió sus pétalos la flor!»//.

(Pág.45 ).

«No es una mariposa/

       es tu sonrisa/

volando hacia el jardín»//.

(Pág. 45).

Más que el poeta, en estos haikus nos habla el filósofo que pretende imantar con su intensidad, la vida. Nuestra vida. Su vida. La historia es estos haikus, el existir y el vivir contemplativo y mundano del poeta. Por qué no decirlo, es la angustia también que, a veces, el desamor instaura en nuestra existencia o en la existencia misma del poeta:

«No hay para el verdugo/

        mejor melodía/

que el silbido del hacha»//.

(Pág. 53).

«No hay prisa por latir/

       en un corazón /

que ha olvidado amar»//.

(Pág. 53).

Es una palabra cortante, insinuosa, que quisquillea en el oído del receptor y va construyendo interrogantes…y esponde…se responde y reclama desde su breve. Aquí no importan las palabras…sino el trillo simbólico que ellas configuran, desde el discurso.

Yo, como lector prevenido, no puedo postular aquí que se trata de «la obra del siglo», no soy juez. Lo que sí puedo plantear es que se trata de una obra que recoge una producción (haikus) de escaso o muy limitado uso en nuestra tradición literaria nacional, lo cual es ya una gran razón para indagar qué es (¿?) y eso le otorga crédito de búsqueda e indagación y, por último, son producciones que ameritan de nuestra discusión y estudio en el plano académico, a profundidad y con el escarseo analítico de un panel crítico, a la espera del debate. El autor no me interesa: La obra lo representa y me habla y postula por él. Estos haikus no merecen naufragar por tu ignorancia..ellos esperan por tu mirada…

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