Atalaya del escrutinio

El principio del “ocho años y nunca más”

No desesperemos que el plazo es hasta el 25 de agosto para anunciar la decisión sobre una nueva repostulación, dándonos la oportunidad de hacer un recuento cronológico de la evolución del pensamiento palaciego sobre la posible segunda repostulación. Nos quedan justo cuarenta días, la duración del purificador Diluvio universal, para especular sobre este apasionante dilema que desvela a la nación.

Como punto de partida del recuento, excepcionalmente contamos con las palabras del propio candidato potencial, pronunciadas el 17 de junio, 2015:

A partir de ahora, nuestra democracia se regirá por el modelo que ha demostrado ya su buen funcionamiento en buena parte de las democracias del mundo: Ocho años y nunca más.

Es decir, que un Presidente solo podrá ser reelegido una vez, y luego no podrá postularse más. De esta forma, daremos oportunidad tanto a que los gobernantes apliquen realmente su programa de gobierno, como a que surjan los necesarios relevos generacionales y los liderazgos alternativos. Me siento honrado, feliz y confiado de estar en la presidencia en el momento en que las fuerzas vivas de nuestra nación decidieron promover este cambio, que nos iguala a las mayores democracias del mundo…

…Dominicanas y dominicanos; Quiero recordar que, en 2009, en el seno de la sociedad dominicana, se produjo una consulta nacional en la que la mayoría de la población se mostró a favor del modelo de dos periodos consecutivos y nunca más.

Esa misma discusión se llevó al seno del PLD, y en esa ocasión yo defendí la voluntad de la mayoría del pueblo dominicano de dos períodos consecutivos y nunca más. En ese momento, sin embargo, nuestra posición fue derrotada por 20 votos a 5.

En esa consulta, en el seno de la sociedad dominicana, solo el 16.7% por ciento votó a favor del modelo que ahora se eliminó, un 13.5% a favor de la reelección indefinida y un amplio 57.94% defendió el modelo que ahora se ha restablecido, es decir, dos períodos consecutivos y nunca más.

Hace cuatro años no había ninguna indicación de la fugacidad de la propuesta de “ocho años y nunca más”, al menos no en la alocución oficial cuya autenticidad no puede ser cuestionada ni su contenido malinterpretado. Fue un planteamiento de principios, firme y contundente, aparentemente duradero.

Durante tres años, aproximadamente, se mantuvo firme la decisión de respetar “la voluntad de la mayoría del pueblo dominicano de dos períodos consecutivos y nunca más”, al menos así lo reafirmaban en repetidas ocasiones sus más íntimos lugartenientes, pues el Presidente jamás se volvió a referir al tema, excepto para decir que más adelante hablaría al respecto, posponiendo la fecha de su decisión en varias ocasiones hasta el “casi casi” de hace pocos días. Su mejor intérprete nos adelanta que la nueva fecha límite es el 25 de agosto.

En noviembre 2017 el argumento era que: “el presidente no está en reelección”,  porque “la coyuntura que motivó que el presidente Medina procurara la reelección en el año 2016, resulta diferente, debido a que en la actualidad todos los proyectos en ejecución serán concluidos antes de que finalice el mandato en el 2020… El Presidente de la República no está en eso de la reelección ni en politiquería, el Gobierno tampoco está en eso; lo que estamos es en trabajar, trabajar y trabajar todos los días, incluyendo los sábados y domingos, de lo cual toda la población es testigo”.  Las coyunturas cambian, no así los principios.

En marzo 2018 se mantenía el mismo discurso: “…el presidente Danilo Medina no está en asunto de reelección, porque lo que está es trabajando en sus planes de gobierno. Aseguró que en la agenda del primer mandatario no está el tema de las elecciones del 2020, mucho menos la reelección presidencial.”

En agosto 2018, se repite la negación de intenciones reeleccionistas, en declaración a los medios de comunicación en el Palacio Nacional, con una nota personal sobre la aspiración al retiro tranquilo de las funciones oficiales:

Tal y como él ha dicho, su objetivo es que cuando concluya su mandato, pueda caminar por las calles dominicanas con la satisfacción del haber cumplido con la responsabilidad de un buen gobernante. El Presidente de la República no está en eso de la reelección, el Gobierno tampoco está en eso; lo que estamos es en trabajar, trabajar y trabajar todos los días, incluyendo los sábados y domingos, de lo cual toda la población es testigo”, insistió ante las reiteraciones de los periodistas sobre la reelección a la Presidencia de la República.

Pero simultáneamente en agosto 2018 empieza a tañer una campana disonante desde muy cerca del Palacio Nacional, abriendo un contrapunteo transicional sobre el tema de la reelección, al declarar un importante ministro: “Será a mediados del 2019 cuando se consultaría al pueblo dominicano sobre una posible reelección del presidente Danilo Medina.”  En noviembre 2018, desde ese mismo litoral se expande: «El tema de la reelección del presidente Danilo Medina es un tema del pueblo dominicano. Si el pueblo dominicano quiere que el presidente Danilo Medina sea de nuevo presidente, Danilo Medina será presidente en el período 2020-2024”.

En noviembre 2018 se repite el mensaje de que “no hay necesidad de reelección en el 2020” desde el Palacio Nacional, porque las circunstancias no son las mismas que en el 2015-2016 que hicieron necesario la reelección. Las circunstancias son cambiantes; los principios perduran.

En diciembre 2019, desde Palacio se recrimina a dos funcionarios porque hablaron abiertamente de la reelección en un evento “empresarial”, reprimiendo aun el tema de la reelección, al menos en ciertos escenarios. Se le llama a capítulo por haber hablado del tema en ese escenario específico, no por hablar de reelección en sí: “…ese tipo de actos no se deben tomar para asuntos políticos porque se trata de una actividad del empresariado y que el presidente está en trabajar.”

El 2019 trae nuevos vientos, pues el nunca (ja)más desaparece del discurso de Palacio y se introducen nuevos elementos para argumentar la conveniencia de la candidatura reeleccionista. Se aduce que, “El presidente Danilo Medina es el único político que en la actualidad goza de una simpatía electoral para ganar en la primera vuelta las elecciones presidenciales a celebrarse en mayo del próximo año”. Lejano quedó el recuerdo de las palabras del candidato en 2015, alentando a “que surjan los necesarios relevos generacionales y los liderazgos alternativos”. Ya no hay tiempo para el plan de relevo generacional, parece ser el mensaje en febrero 2019.

Todavía el 15 de mayo, en Palacio no se habla públicamente de reelección, pues el portavoz político del candidato argumenta que “Nunca ha salido de mi boca hablar de reelección, aquí hablamos de trabajo”. Se promueve al candidato por su extraordinaria hoja de servicio y gran popularidad, sin anunciar la candidatura.

La tarea de promoción de la candidatura , la cual había sido durante meses el encargo de varios ministros y legisladores allegados, se emprende con energía a finales de mayo desde el mismo Palacio Nacional con el anuncio de que, “si el PLD lo decide, se someterá la reforma constitucional” para permitir la repostulación del Presidente Medina en las elecciones del 2020. En dos semanas se produce el viraje de 180 grados en el discurso palaciego sobre la reelección, echando por la borda el “ocho años y nunca más” antes de cumplir su cuarto aniversario, al proclamar: “Si es por la reelección, Danilo tiene dos periodos, iría para un tercero, entonces sería más dictador el que vaya por un cuarto o quinto período”.

La declaración inequívoca de la intención de procurar la segunda reelección se produce el 21 de junio, cuando desde el Palacio Nacional se anuncia que, “en su momento el párrafo vigésimo, transitorio de la Constitución, que prohíbe al presidente Danilo Medina presentarse como candidato para el proceso de 2020, tendrá que conocerse en el Congreso, por estar en contra de un principio fundamental como es el derecho a la igualdad. Es que no puede ser que el único en este país que no pueda ir a elecciones libremente en 2020 sea Danilo Medina, cuando otros, con más periodos o en las mismas condiciones que él, sí pueden. Y me refiero al caso de los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía”. Ahora la reelección no depende de la decisión del PLD. El tema es planteado en términos de conveniencia personal, sin ninguna referencia al bienestar del partido o la nación, ni a principios democráticos. Es el olvido total de la argumentación del discurso de 17 de junio 2015 sobre la reforma constitucional de una sola reelección consecutiva como una medida que “nos iguala a las mayores democracias del mundo”. Desde Palacio se confirma la reelección como “indetenible” y se conmina a las Altas Cortes o el Congreso a eliminar el transitorio que establece “ocho años y nunca más” a partir del actual presidente constitucional.

Mientras se espera el anuncio oficial sobre la eventual candidatura antes del 25 de agosto, valga aclarar que el discurso del 17 de junio 2015 exponiendo el planteamiento sobre una única reelección, el “ocho años y nunca más” de las “democracias adultas”, es todo lo que conocemos directamente de la boca del presidente Medina sobre el tema de la reelección desde entonces hasta hoy.  Todas las demás declaraciones son de colaboradores suyos, algunos más íntimos que otros, y ellos nunca han alegado hablar en nombre de su jefe político. Se han cuidado de no atribuir sus ideas y opiniones particulares a su jefe, dejando a la imaginación la relación entre sus enunciados y el pensamiento del presidente Medina. Desde el punto de vista formal, se hace factible argumentar que él ha mantenido firme la posición de principios asumida en 2009 cuando su propuesta de “ocho años y nunca más” fue derrotada 20 a 5 en el PLD.  Hoy él tiene la carta de triunfo en sus manos para mantener el principio democrático de “ocho años y nunca más”, pues solo depende de él. En esta ocasión no descansa en colaboradores, ni alianzas, ni sobrecitos: hacer valer su palabra depende solo de su voluntad personal.

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