El ojo de la aguja

La vigencia de un ideal

«Encuentro un estado de agitación que no parece sino provenir, como la fruta terrible de una situación prolongada, del miedo que ha estado padeciendo nuestro país, nuestro pueblo, y del odio que se ha sembrado en su corazón. Durante toda una generación, se ha estado sistemáticamente inoculando el odio en el alma dominicana”.

“No hay corazón infatigable para sufrir, no hay pueblo infatigable para padecer agresiones; llega una hora en que no se puede sufrir más y en que no se puede humillar más. Estamos a tiempo todavía, y lo digo para el pueblo dominicano, y lo digo para los gobernantes dominicanos, de emprender una cruzada de corazón limpio y brazo fuerte para matar el miedo en este país, para que termine el miedo de los opresores a la libertad, y para que termine el miedo de los luchadores de la libertad a sus opresores”.

“Nosotros somos una tierra pequeña, que solo podemos engrandecernos por el amor, por la virtud, por la cultura, por la bondad. Nuestro pueblo tiene básicamente amor, bondad, virtud, y una gran capacidad para adquirir la cultura. Nosotros estamos en América, en una América que ha tomado ya resueltamente el rumbo de las democracias con libertades públicas y justicia social”.

“Nuestro pueblo, nuestro país, nuestro gobierno, no pueden sustraerse a ese rumbo del destino americano. Todo esfuerzo que se haga, voluntario o involuntario, para detener a la República Dominicana en la marcha hacia ese destino común de América, será un esfuerzo inútil, un esfuerzo que no producirá si no nueva vez sangre, exilio, torturas, prisiones, tumbas ignoradas, corazones de madres adoloridos, hijos huérfanos que no saben dónde están enterrados sus padres”.

“Yo pido al pueblo dominicano, a la juventud dominicana, a los hombres y a las mujeres maduros de este país, a los funcionarios públicos, a los que llevan uniformes y a los que no lo llevan, a todos, que pensemos en nuestro pueblo, un pueblo sufrido durante más de cuatrocientos años; un pueblo cuyo sufrimiento últimamente se exalto a términos increíbles, inexpresables”.

“Pido a todos que meditemos un momento en que esta tierra es de los dominicanos, no de un grupo de dominicanos; que su riqueza es para los dominicanos, no para un grupo de dominicanos; que su destino es el de la libertad, no el de la esclavitud; que su función es unirse a América en un camino abierto y franco hacia el disfrute de todo lo que significa para los pueblos la libertad pública y la justicia social”.

“Yo pido por fin, por último, a mi pueblo y a los funcionarios gubernamentales y a los funcionarios militares de todas las categorías, que como consecuencia de esa meditación nos dispongamos todos a matar el miedo, que seamos nosotros mismos el San Jorge de ese dragón que nos está oprimiendo; que nos ha convertido en la vergüenza y en la ignominia del Continente”.

Fin de las citas. Hace 58 años, un 5 de julio de 1961, llegó el PRD a República Dominicana. Tres meses más tarde, el 20 de octubre, llegó Juan Bosch, diciendo las palabras que hemos citado previamente, excepto líneas que hemos economizado por razones de espacio.

Ante tantas injusticias y privaciones golpeando a las mayorías, y tanta exacerbación de los miedos y los odios en lugar de abocarse a construir un país digno y humano ¿Qué parte de su discurso no sigue siendo una agenda pendiente en la República Dominicana actual? ¿Qué falta en el presente para asumir la tarea que fue señalada hace casi seis décadas?

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