Deshojando paradigmas

El Estado: Crimen, impunidad y reformas estructurales

El Estado es la sociedad políticamente organizada y diseña el monopolio legítimo de la violencia. Entre el Estado y la sociedad se imbrica dialécticamente dos esferas que no son más que las respuestas, en el plano societal, que la dinámica misma de la sociedad toda genera: la esfera pública y la esfera privada.

El poder del Estado en una sociedad democrática se encuentra imbatidamente conectado y regido por el derecho, teniendo en consecuencia como paraguas los marcos normativos, esto es, las leyes y la Constitución como agentes protagónicos de su jerarquización y ordenamiento legal.

El Estado, pues, no es más que el agente de regulación, de protección, de creador de las condiciones generales de la producción, al mismo tiempo que la cantera donde se gestionan los conflictos para validarse como tal, en el entendido de cómo se enmarcan las relaciones de poder entre gobernados y gobernantes, tomando en cuenta no tan solo el poder que dimana del Estado mismo sino como operan la condensación de la clase dominante y la microfísica del poder a través de los distintos actores sociales, en los diferentes espacios sociales. Como impulsan, empujan, se adaptan y operan los distintos mediadores entre el Estado y la sociedad.

Es en ese marco conceptual donde se ha de comprender la cultura política, esto es, como visualizamos la importancia del funcionamiento de las instituciones, como entendemos y comprendemos en el plano de la subjetividad (percepciones), la valoración del sistema político y con ello, del Estado, en su conjunto. Desde la ciudadanía, en la cultura política, desde el 1999, han situado con el problema más importante que destruye la armonía y la cohesión social, como eslabón más jerarquizado a la delincuencia, la criminalidad, la inseguridad ciudadana, la inseguridad humana.

En 20 años la Tasa de homicidios se vio multiplicado en un 100%. De 12/100,000 nos hemos visto atropellado, menguado en nuestra existencia, hasta alcanzar 26/100,000 en un diván que nos mantiene en un escalofrío, en un país de verano permanente. La OPS señala que cuando la tasa de homicidios se coloca por encima de 8 por cada 100,000 habitantes estamos en presencia de una pandemia social.

A la tasa de homicidios deberíamos adicionar la Tasa de Victimización, que es el número de asaltos, atracos, robos, estafas, que ocurren en una comunidad, una sociedad. La Tasa de Victimización en nuestro país ha ido escalonándose cada día más. Hoy anda por 36/1000; sin tomar en cuenta que en esta variable prevalece un enorme subregistro o cifras ocultas. En la sociedad dominicana existe actualmente, una verdadera paranoia social. La gente tiene miedo, temor. Hemos ido perdiendo la educación ciudadana y la solidaridad con los demás por lo que representa la delincuencia y la criminalidad, en un país que vive prácticamente de la economía de servicios.

No somos un país seguro, aunque tenemos que reconocer que los enclaves turísticos si lo son. Lo que ha sucedido con la señora que fue salvajemente agredida y los 6 turistas que murieron, es fruto de la ideología trujillista. De manejar las cosas en silencio y de no visibilizar la verdad. Un mal manejo de los hoteles con los hechos acontecidos ha llevado a un escándalo y al mismo tiempo al desconocimiento de las normas y protocolos establecidos. ¡No hay ninguna conspiración!

¿Sucedieron esos hechos? Lo importante es cómo convertir esos problemas en una oportunidad, no señalando repetidamente que constituyen acontecimientos aislados, pues es una cosificación espantosa, que humanamente destruye el alma de todo el que lo escucha. Desde la Sociología del delito, la criminalidad, la delincuencia ha crecido. La sofisticación de la delincuencia se ha modernizado a un ritmo cuasi mayor que los aparatos coercitivos del Estado. El narcotráfico, como país puente, receptor, se ha expandido dado que las rutas se han multiplicado. El microtráfico, expresión del apalancamiento del narcotráfico y de su enorme creatividad, se ha expandido exponencialmente.

Miles y miles de jóvenes viven del microtráfico, operan socialmente como si ese fuera un trabajo normal. Actualmente, alrededor del 55% de los actos de violencia que ocurren en el tejido social dominicano tienen que ver con la problemática de las drogas. ¿Qué variables sociales inciden en el cuerpo social dominicano que hacen esta realidad y que auguran una tendencia mayor de no revertirse con una audaz política social? Educación, Empleo, Familia e Ingresos. Cuatro variables denotan los indicadores sociales que hoy nos petrifican como nación. De cada 100 jóvenes, 30 no tienen empleos. Esto es el desempleo en los jóvenes es 2.2 veces superior al promedio general del país. 21% de ellos son Sin Sin ( sin empleos, sin estudios).

De cada 100 de la Generación Z o Virtual y Millennials, que deberían estar en el bachillerato, solo 47 ingresan. El nivel de escolaridad promedio de nuestro país es de 6to. grado. La educación constituye un paladín transversal, para el amortiguamiento de las conductas desviadas. Cuando develamos las raíces de estas variables, en cada persona que realiza un acto de delito: 98% son jóvenes; 90% no terminaron el 8 grado de la educación básica y el 82% provienen de familias monoparentales y disfuncionales.

El crimen de la delincuencia política y del delito de cuello blanco aceleran e impulsan la sociología del delito. El crimen de la esfera política y con ello, la impunidad, recrea en los distintos peldaños de la pirámide social, su reproducción. La democracia nuestra ya se encuentra amenazada por el crimen, la corrupción y la impunidad y la falta de transparencia cuando en actos delictuales hay personas que influyen en el gobierno. “Las alcantarillas del crimen, la corrupción y la violencia” en Dominicana no podría superarse si no damos el salto hacia verdaderas reformas del Estado, a un adecentamiento de la vida política, a una regeneración de la democracia y actores políticos que no vayan a servirse de la sociedad.

Es así como la dinámica del crimen, inexorablemente tenderá a disminuir. Con una política de prevención del delito (política criminal) y una prevención del delito (política social), audaces, inteligentes y profundamente proactivas. La terrible mezcla de criminalidad, violencia y corrupción no permitamos que se hermanen de manera medular. Como nos señala John Bailey “La gobernanza democrática es un gobernanza exitosa en el marco de una democracia; esto alude a la habilidad del gobierno y el Estado para distribuir bienes y garantizar derechos fundamentales que son importantes para el bienestar de los ciudadanos dentro de las reglas e instituciones de una democracia. Entre los bienes más importantes se encuentra la seguridad ciudadana”.

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