Crónicas de ser

La sutileza del pesimismo

En tiempos de crisis es común encontrar personas que adoptan actitudes pesimistas, gente que cree que todo lo que acontece podría ir hacia lo peor. Sin embargo, asumir esta forma de ver el mundo no es connatural a todas las personas, en todas las épocas.

Se dice que psicológicamente las personas más propensas a asumir esta actitud están condicionadas por experiencias negativas que han sufrido en el curso de sus vidas, por duros choque que pueden haber tenido ensus relaciones sociales, personalese íntimas.

Y hay épocas, como acontece en la nuestra, en que el común de las personas perciben que domina la vida humana planetaria la posibilidad de que todo termine en tragedia.

Hoy podemos afirmar que en la sociedad mundial de los más de siete y medio billones de habitantes que poblamos el planeta en esta era de crisis globales hay muchos seres humanos que la pasan muy mal y, en consecuencia, hay muchos pesimistas.

En la actualidad hay muchas sociedades de diversas culturas azotadas por una violencia inocultable. Mientras el discurso global referente a la calidad de vidainsiste en la necesidad de crear un mundo donde impere la igualdad de oportunidades, en  realidad, en nuestra experiencia inmediata, tenemos contacto con una creciente disparidad social que se traduce en la experiencia abismal y chocante de una abrumadoradesigualdad en los extremos, que corre paralela al fenómeno de un proceso de infrahumanización del grueso poblacional que no puede satisfacer sus necesidades materiales imprescindibles para sostenersu base corporal y psíquica sana y productiva.

Los diagnósticos de organismos internacionales, de antropólogos o filósofos revelan el caos que predomina en el planeta y desvelan que nos movemos en una sociedad del riesgo mundial (Beck), o en una sociedad del cansancio (Han), en una sociedad líquida (Bauman) o en La era de la indignación, que viene definida como una sociedad del escándalo,carente de firmeza moral y de una predominante actitud constructiva.La rebeldía, la histeria y la obstinación características de las olas de indignación no permiten articular ninguna comunicación discreta y objetiva, ningún tipo diálogo coherente, ningún discurso con sentido.

También se califica a nuestro tiempo como una sociedad del resentimiento (Stefano Tomelleri) o como una sociedad eccitada, postulada por el alemán, Christoph Türcke, que describe como una forma de vida montada sobre una lógica de las sensaciones, de las emociones o, en ese mismo orden de ideas, se habla igualmente de que la intimidad se ha transformado en el espectáculo predominante, donde desaparece tipo de decoro según la describe la antropóloga Paula Sibila, quien también ensaya paraofrecernos un diagnostico de nuestro ser desde lo que ella denomina, El hombre postorgánico, mitad humano, mitad robot.

Además escuchamos analizarque nuestros modos de vidase organizan como una sociedad del espectáculo (Vargas Llosa), donde predomina la valoración de la pura imagen sin ocuparnos de edificar algun tipo de consistencia moral o histórica, o también como la era de la ira, donde prevalecencomportamientos sociales que buscan sobre todo destruir, arrasar, más que crear alternativas históricas viables(Pankaj Mishra).

Me impresiona la cuasi inagotable multiplicidad de versiones diferentes de modos de ser humanos negativos en nuestra época, y el consiguiente grado de incertidumbre respecto a nuestro ser, lo que nos revela el caos de visiones de lo humano que se solapan unas sobre otras, multiples, diversas y profundamente contradictorias en su raíz teorica y sustentadas en campos de experiencia incongruentes que surgen las unas contra las otras.

Resulta que hay multitud de situaciones actuales, –visiones violentamente individualistas, racistas, neocolonialistas, populistas, nacionalistas, economicistas, tecnocráticas– que fortifican y potencian la realidad dispersa de una sociedad apesadumbrada, que se desplaza sin metas ni objetivos, en total ceguera ante alguna forma de perspectiva ética básica humana, y que no encuentra otro asidero de sentido para sustentar susbizarras interpretacionesdel sentido de ser, sino al asumircomo hecho más que evidente, presente en nuestras vidas el prevalecer de lo deficiente, lo falso e inauténtico, lo negativo, lo incompleto y como valor supremo se llega a postular como algo evidente e insustituible la omnipresencia del mal en el contexto de la vida humana. Ante lo cual se actúa y corresponde con ejercicios y actos violentos dibujadosdesde una sombría estética de la tragedia.

Constituye un lugar común retórico decir que los pesimistas generalmente presentan rasgos que los condicionan en ese sentido. Así, bajo este supuesto mostrarían diversos grados de baja autoestima, serían personas temerosas de las novedades, de lo desconocido o que tienen corazonadas de que cuálquier tipo de relación que puedan establecer en el curso de sus vidas siempre termina por imponerse el mal o toda acción positiva termina por atrofiarse y desfallecer.

Serían personas en que prevalecería el convencimiento subjetivo deque todo o casi todo cuanto han de emprender está destinado al fracaso, pues son seres debiles que repelerían lo bueno por dificil y se les obstaculizaria alcanzar una meta propuesta o un objetivo vital y que, como siempre se mueven dominados por temores a las cosas, a las personas y a las situaciones externas, sean estas de orden espacial, temporal o anímico,todo terminaría aconteciendo, ante sus ojos, como dirigiendose hacia lo incompleto y mal tramado.

En pocas palabras, se podría postularque a estas personas las dominaría una capacidad negativa de autocrítica y actuarian en todo, con una desconfianza radical que les dispondría a afrontar todo lo nuevo, sean hechos, personas, vinculos o actitudes con un talante de total rechazo a las posibles consecuencia concretas derivada de todo acto en que se dirijan hacia lo otro en general o hacia el conglomerado social o actúen enfrentandose hacia los demás.

Existe este tipo de personas, que con su actitud de cerrazón hacia el mundo todo suele salirles mal. Empero, estimo, esto no depende de una convicción racional que las dominaría. Creo que es al revés, que adoptan este modo limitado de abrirse al mundo y de relacionarse con lo que hay, porque se da en estos un freno, una limitación,un complejo, una complejo psiquico que las domina y no le permite salir de un círculo vicioso en el cual permanecen y desde el cual se entorpecentodo lo que emprenden desde si mismos, en múltiples sentidos.

Desde una óptica más abierta y abarcadora, el pesimismo es una actitud que varia en intensidad y persistencia durante la vida de las personas, según les vaya bien o mal en sus planes o logros personales, según los tiempos de su transcurrir vital.

Sin embargo debo de resaltar que el problema del surgimiento y en que consiste el pesismismo es sumamente complejo y depende, además de la actitud vital que asuma una persona o una colectividad frente al mundo, le que algo previo a que una persona adopte algun tipo de pensamiento o idea sobre cómo está constituido estructuralmente el mundo o el universo de semejante sujeto.

La actitud fundamental no es otra cosa que el estado de humor, agudeza, temperamento o predisposición anímica en que nos encontramos al momento de disponernos a abrirnos a lo otro. Por ejemplo, si despierto con una sensación de irritación o de serenidad, esta coloración de mi estado de animo puede ser que le otorgue un determinado matiz a mis actos durante algunas horas en esa mañana o durante todo el transcurso del día.

Esta actitud preliminar es lo que dona y permite a cada ser humano, que al enfrentarse con el mundo –por un lado, con los elementos que se constituyen como sus partes: las cosas objetivas, los utensilios, las personas vinculadas a mí, los asuntos a que se dirige nuestra atención vital, la naturaleza que percibimos en nuestra cotidianidad y, por otro lado, es la sensación general de los vínculos que atribuimos a los elementos presentes en nuestro cosmos cotidiano, donde actúan como núcleos de tales asuntos o prágmatas que constituyen la urdimbre que asume en si el humano que experimenta en su vivencia esa idea de totalidad que sería su mundo cotidiano inmediato, etc.–pueda asumir estas relaciones desde una determinada coloración emocional, que es lo que permite que la sensibilidad de alguien perciba el mundo y los seres humanos desde un modo de sentir y percibir que sea más o menos amable, rispido, indiferente o dotado de un determinado sentido personal.

Acontece como una vivencia previa a cualquier acto de pensamiento o de la adopción de un determinado esquema racional para interpretar el mundo. Es el a priori de la relación con lo otro, que actúa primero sobre la psique primaria de los sujetos que es el oscuro entramado emocional en que nos movemos.

Además, habría que considerar que en cada ser humano actúa como el sustrato de sentido primario que se impone y crece poco a poco para dar forma a un sustrato intermedio que se asienta en esa apertura básica que constituye el mundo en lo humano.

Es en la actitud fundamental que se produce el fenómeno básico que constituye al humano con ec-sistente –tal como explicara esta estructura en una nota de un artículo mío anterior–,yactúacomo el talante fundamental desde una base primaria puramente sensible, emocional, sensorial, afctivo.

Además, como formula de una manera única en nuestro idioma, el pensador español José Ortega y Gasset, el ser humano se sostiene en su constitución o construcción del ser del mundo sobre un tinglado de creencias fundamentales que constituyen las bases de intelección de toda existencia humana. Estas creencias se montan, por así decir, sobre la base de la actitud fundamental.

Semejantes creencias vendrían a ser el territorio que surge desde el campo abierto de sentido de la actitud originaria, sobre el que sostiene y yergue todo posible acto de conocimiento posterior, sea este natural, inmediato o cotidiano, o en una segunda instancia, sería desde semejante estructura –constituida a dos niveles: la coloración emocional y el substracto de las creencias primaria,s que se constiutiría los conocimientos pragmaticos, las prácticas del bregar con las cosas de una manera efectiva, utilitaria, funcional hasta llegar a elaborar un conocimiento relacional, científico del mundo.

Este sistema de creencias que cada época asume como los axiomas fundamentales del ser en el mundo es elprimer modelo de conocimiento que asumimos como el esquema general de todo tipo de conocer.

Su particularidad es que es un modelo axiomático. ¿Qué quiere decir esto? Que está constituido por axiomas. Este es un término de origen griego que traducido al castellano significa: autoridad =verdad por sí misma, que para afirmarlos no es necesaria ninguna demostración. La palabra griega ἀξίωμα está formada de la raíz ἄξιος (axios = que algoposee en sí mismo peso,que es valorado, que es digno) y el sufijo -μα (ma = indica al resultado de la acción). El axioma viene a ser considerado como una especie de simiente de la que deriva todo ulterior conocimiento.

¿Cómo se articula todo tipo de conocimiento? Siempre se parte de algo conocido, para descubrir la relación de esto, como primero conocido, lo que es desconocido, así vendría a constituirse fundamentalmentetodo conocimiento a partir del asumir el esquema de una ecuación como modelo. 

Porque adoptamos semejante modelo para el conocimiento en general es la razón por la cual el conocimiento adopta necesariamente la forma de una matematica. Donde la parte conocida proporciona los signos, el sentido y las pistas que nos permitirá lograr conocer, despejar la incognita, lo desconocido.

El papel de las creencias de base de las que partimos en el conocimiento pragmático del mundo –conocimiento pre-cientifico– es lo que se constituye como los axiomas de todo conocimiento empírico, experiencial.

Si este sistema de creencia no se constituyera no podríamos conocer nada del mundo, pues respecto a este no tendríamos en absoluto ningún tipo de relación, vínculo o vislumbre.

Ya en los inicios de la Edad Cristiana el padre de la Iglesia, Agustín de Hipona, postulaba la sentencia latina, Nisi credideritis, non intelligetis, como el máximo principio del conocimiento. Su traducción sería: Sin creer no se puede entender. Es decir, afirmaba que para poder entender o conocer algo, primero tengo que creer que lo que intento conocer tiene alguna forma de ser, algún tipo de consistencia, que es.

En el año mil, el teólogo Anselmo de Canterbury, preocupado por entender la relación que expresaba Agustín entre fe y razón, reformula  la expresión anterior de una forma más resumida y directa: Credo ut intelligam, creo para entender.

¿Que se busca establecer con este principio? Que entre fe y razón hay un orden que debe ser respetado. Para poder interpretar la conformación de algo, primero tengo que establecer un principio de confianza sobre el ser que busco conocer.

Este principio de confianza es lo que aporta la creencia que adopto como punto de partida. Solo si creo quees, aquello que postuloconocer, y si asumo que este ser,poseeuna determinada configuración estructural en cuanto a su ser, solo entonces, partiendo de esa constatación, de la aprehensión de ser que postulo mediante la creencia como el lugar de la confianza, podré pretender distinguir lo que puedo interpretar de lo que creo que es.

 Anselmo de Canterbury, explica lo que señalo al conjugar en otra expresión, que aclara

sin dejar sombra de duda la correcta intelección de lo que pretende afirmar.En efecto afirma:  Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam:No busco entender para creer, sino que creo para entender.

Establecida la base de todo conocimiento sustentado en la actitud fundamental y en la base axiomática fundada en la creencia que, según Ortega sirve de sostén de toda experiencia del mundo, paso ahora a considerar con mucha brevedad la estructura de toda concepción que se presente cimentada en una base doctrinaria postulada desde un dogma, principio metafisico o afirmación  que sirva para desvalorizar el ser o el destino del mundo.

El pesimismo es signo de la afirmación de un sistema filosófico que atribuye al universo, en sentido general, la mayor imperfección posible. Para quienessostienen esta posición ideologica, vivimos, al límite, en el peor de los mundos posibles.

Según sean los principios que postularían de alguna manera los filósofos pesimistas sostienen que los seres humanos deben reconocer que no saben nada, no son nada y no pueden llegar a alcanzar nada. Por lo tanto, que nuestra forma de vida no tiene propósitos sanos.

Las religiones, que se basan en cierta forma en alguna doctrina pesimista, ya que reconocen que el Mal existe en el mundo,sonlos principiosideológicos que dominansobre la existencia humana en todas las culturas e historias.

Después de establecer este marco conceptual general, estimo que debemos tomarlo en cuenta para tratar de enfocar el fenomeno que nos ocupa desde una tomade consciencia quenos permita situarlo desde su trascendencia histórica y filosofica en la historia occidental.

En primer lugar, creo oportuno tener en cuenta lo tratado por el pensador español José Ferrater Mora, quien en la quinta edición de su monumental Diccionario de Filosofía, obra que cuenta de cuatro tomos en la edición de Editora Sudamericana, editada en Buenos Aires, que tengo ante mis ojos, señala bajo la voz: Pesimismo, que: En verdad, el problema del pesimismo, aunque abundantemente estudiado, es todavia uno de los problemas virgenes, no obstante ser una cuestion que afecta de un modo muy fundamental a la comprension de la existencia humana.

Estimo que esta valoración es correcta aún al día de hoy, pues no conozco alguna tratación en clave filosófica que maneje sistematicamente esta problemática tan importante para el humano en cuanto a núcleos de sentido muy relevantes respecto a nuestra existencia, que toca, además, la relación con lo negativo y con el mal presente enel mundo, y respecto al concepto supremo que postula la existencia y acción de una posible hermenéutica del ser supremo, del ser divino que nombramos Dios.

El filosofo español describe en su breve nota los diversos desarrollos historicos que se pueden desumir de algunas posiciones relevantes asumidas por algunos de los pensadores que han podido desarrollar el tema con cierta relevancia conceptual entre los que resaltan las posiciones.

Así indica que hay diversos tipos de pesimismos según las perspectivas interpretativas que asuma como directivas de sentido: así habría un pesismismo ontológico, cuando se considere que su origen se encuentra en la doctrina del ser. Y se podría hablar de un pesimismo optimista, como seríael esbozado por Voltaire en la sátira de la teodicea de Leibniz, hurdida en su novela: Cándido.

También se podria hablar de unpesimismo realista, cuyo ejemplo encontramos en la obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente. Un pesismismo ligero como sería el que plantea el filósofo mexicano, José Vasconcelos. También podriamos calificar de combativo el que defiende el poeta portugués, Fernando Pessoa. Kant defiende un pesimismo ilustrado. Y en Schopenhauerque sería donde el pesimismo alcanzaría el mayor grado de lucidez, si tomamos como referencia el excelente libro del filósofo español, Roberto Aramayo -un libro espléndido para disfutar con su lectura- sobre el pensamiento de Arthur Schopenhauer, titulado: Schopenhauer. La lucidez del pesimismo.

Finalmente no puedo dejar de mencionar aquí aunque sea de pasada, el llamado pesimismo dominicano, de la autoria de Juan Ramón López.

Su análisis de la situación sociopolítica que caracteriza la sociedad dominicana se fundamenta en lo que este escritor considera como rasgos negativos de la identidad dominicana: el atraso cultural, el mínimo desarrollo institucional y la escasa consciencia sociopolítica de la gran masa de los dominicanos, dominados por caudillos ignorantes y egocentricos, el pobre desarrollo económico y la ausencia de cohesión social, serían las causas de esta mentalidad que reproduce el atrazo y la falta de desarrollo institucionalque caracterizaría el caos generalizado en que se desenvuelve el Estado y la sociedad dominicana.

Empero, si volvemos, ahora, a la nota anteriormente mencionada de Ferrater, este tiene a bien subrayar describiendo de una manera resumida en que consistiría la visión filosófica de esta problemática: En otro sentido puede entenderse el pesimismo como una doctrina filosófica, aun cuando es totalmente imposible considerar el pesimismo filosófico como desgajado totalmente del temple de animo pesimista. En tanto que doctrina filosófica, el pesimismo sostiene que el mal existe en el mundo de un modo primario, substancial, predominante, siendo ademas imposible, por principio, desarraigarlo y suprimirlo, puesto que –y esto es acaso uno de los supuestos últimos de tal concepción– la eliminación del mal representaría a la vez la eliminación de la existencia.

En la nota a que nos referimos se mencionan algunos filósofos, principalmente pertenecientes a los siglos XVIII y XIX, como figuras de relievo en el tratamiento del tema. Entre estos están figurasdestacadas de la filosofía de la Ilustración, tales como Voltaire, Montesquieu, Diderot, Vauvenagues,Holbach, La Mettrie, provenientes de la cultura francesa o que actuaron como tales. También el poeta italiano, Leopardi, y el inglés Lord Byron, Arthur Schopenhauer, Eduard von Harmann, Paul Deussen –compañero de estudios y amigo de Nietzsche, uno de los más destacado estudiosos del pensamiento de la India–.

Existe un libro muy detallado sobre el desarrollo de las doctrinas pesimistas alemanas. Lo conocí en mis tiempos de estudiante de filosofía y la versión que poseo está en italiano, su título:Il pessimismo tedesco dell´ottocento: Schopenhauer, Harmann, Bahnsen, e Mainländer e i loro avversari–El pesimismo alemán del ochocientos: Schopenhauer, Harmann, Bahnsen y Mainländer–, su autor es el italiano, Giuseppe Invernizzi, y la última reedición que conozco fuepublicada en Florencia, en 1994.

No obstante estas noticias que abarcan los desarrollos de nuestro tema en los dos primeros siglo de la modernidad europea, el pesimismo presenta testimonios literarios y filosóficos desde la más antiguas fuentes literarias de la Grecia arcaica.

Si hurgamos un poco en ese terreno nos encontramos con un verso de Hesíodo en los Trabajos y los días, que afirma:Mil diversas amarguras deambulan entre los hombres: repleta de males está la tierra y repleto el mar. Las enfermedades ya de día ya de noche van y vienen a su capricho entre los hombres acarreando penas a los mortales en silencio, puesto que el providente Zeus les negó el habla.Y así no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus.

Y no debemos olvidar el más oscuro verso presente en el poeta del oro, el marfil reluciente y los triunfos de los héroes, un verso de Píndaro, que definea los humano, a los seres mortales como: Seres efímeros, sueño de una sombra es el hombre.

Algunos fragmentos de poemas de Simonides, poeta florecido en el siglo V, antes de Cristo, declaran el destino del humano, que los griegos arcaícos caracterizaban por ser mortales, para diferenciarlos de los dioses,que nombra como los inmortales: De los hombres pequeña es la fuerza, sin éxito son los propósitos y en una vida breve tienen trabajo tras trabajo; y la muerte, de la que no se puede huir, está suspendida sobre todos con igualdad: pues de ella igual parte les toca a los altos y a los bajos.

O este otro fragmento que advierte al humano mediante una horrible imagen sobre su penosa condición: Siendo hombre, no asegures jamás lo que ha de ser; pues rápido, como el de una mosca de anchas alas, es el cambio. Además el poeta afirma su dependencia absoluta de los dioses: Ninguno sin los dioses consiguió la virtud: ni una ciudad, ni un mortal. Zeus es quien todo lo conoce: nada hay falto de mal entre los hombres.

Pero aún hay más. En El nacimiento de la tragedia, obra en la que Nietzsche describe la condición de pura apariencia, de purovelo que intenta encubrir los abismos de la existencia humana que constituye la esencia del arte armonioso y equilibrado que se refleja en las obras de los grandes creadores de Grecia, el pensador manifiesta que esa gracia, belleza y armonía que se proyecta en ese arte sereno, no es sino una tapadera, un encubrimiento cuyo verdadero significado consiste en ocultar los sombrios abismos de dolor que constituyen la existencia humana, sentido oculto que cuando llega a manifestarse como terrible verdad enlo que Nietzsche denomina como la sabiduría del Sileno.

Sileno era un viejo feo y borracho, tutor del joven dios Dioniso. Vivía en los bosques y se decía que era un gran sabio, capaz incluso de predecir el futuro. A continuación presento la leyenda donde se revela su saber trágico. El rey Midas estaba tan ansioso por conocerle que envió a unos sirvientes para que lo emborracharan y capturaran. Cuando por fin el rey tuvo al sabio cara a cara, le preguntó: ¿Qué es lo mejor para los humanos?». Sileno guardó silencio. Pero ante la insistencia de Midas, y riendo, dijo al fin: Estirpe miserable de un día, hijos del azar y la fatiga: ¿por qué me fuerzas a decir lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti morir pronto.Esta máxima es la quintaesencia del pesimismo griego.

Se que me he extendido mucho Me resulta imposible aquí presentar concluir la evolucción de la idea de pesimismo en el pensamiento occidental sin hacer una referencia al pesimismo ético del filosofo italiano del derecho, Norberto Bobbio.La única forma que encuentro para hacerlo es citando tres textos en que se resume su visión sobre lo que él denomina La sabiuría del pesimismo.

Bobbio parte de la premisa de asumir la visión hobbiana de la lucha de todos contra todos, el mal está arraigado en el corazon del hombre. La justicia no llega a cumplirse en este universo donde predomina la maldad, el deseo de apropiarse de los bienes y del ser del otro.

Como señala el jurista Elias Díaz, –La responsabilidad del intelectual, de la Univeridad Autónoma de Madrid, en DOXA, Cuadernos de Filosofía del Derrecho, 28 (2005)–,de la visión de Bobbio podría resumirse en estos breves parámetros: En su pensamiento se distingue el modelo de intelectual, caracterizado por la duda (metódica), la razón (crítica) y el diálogo (libre y público), del intelectual real, caracterizado por su labor de suministrar criterios-guía orientados a repercutir en la realidad social. Bobbio reivindica, sin dogmatismos, la dimensión normativa de la noción de intelectual: la tarea específica del mismo será la de prescribir valores.

Por otro lado, en mexicano, Jesús Silva-Herzog Márquez, en un espléndido ensayo magistral, –Bobbio y la sabiduría del pesimismo, ISONOMÍA No. 20 / Abril 2004–señala que: Como Cioran, Bobbio se planta siempre contra la idolatría del mañana. El progreso no es la clave de la historia. El escepticismo es la raíz de esta convicción. Nunca lo sabemos todo. Quienes todo lo saben no tardan en querer matarlo todo, decía en algún lugar Albert Camus. Pero lo que sabemos, por poco que sea, no es alentador. La tuerca de la duda da una vuelta para encontrar una creencia: no esperemos nada del futuro. Mi inclinación natural, decía, esesperar siempre lo peor.

Y cierro con una cita del propio Bobbio, sobre el sentido ético que debe tener para el intelectual comprometido con la ética el ejercicio del pesimismo.

He aquí las palabras del filósofo italiano: Dejo de buen grado a los fanáticos, o sea a quienes desean la catástrofe, y a los fatuos, o sea a quienes piensan que al final todo se arregla, el placer de ser optimista. El pesimismo es hoy, permítaseme una vez más esta expresión impolítica, un deber civil. Un deber civil porque sólo un pesimismo radical de la razón puede despertar algún temblor en esos que, de una parte o de otra, demuestran no advertir que el sueño de la razón engendra monstruos.En Bobbio, Norberto. Tomás Hobbes. 2a edición. México: Fondo de Cultura Económica; 1995.

Volveré en otra ocasión sobre este tema.

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