Opinión

Hombre nuevo: sociedad nueva

“Soy consecuente con mis creencias…muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades” Che Guevara.

Quienes aspiran de entero corazón, a la construcción de una sociedad nueva, deben ser portadores de ella. Una sociedad nueva se construye con hombres nuevos. En este diseño y construcción no puede haber milagros ni sorpresas de último minuto. No se construye una nueva sociedad con discursos y sofismas alquilados, cuando nuestros actos, nuestra forma de ser y pensar están divorciados de la realidad concreta. De lo contrario, terminaríamos hablando de lo que no sentimos, ni vivimos y vendríamos a ser una farsa fatal. Mao Tse Tung nos decía que, el hombre nuevo es un “hijo del pueblo, solidario con las masas, servidor ejemplar de los intereses del pueblo, promotor comprometido de una nueva sociedad, igualitaria, justa y próspera”.

Pedro Casaldáliga, poeta y obispo jubilado de Mato Grosso, soñador empedernido del alborada, nos señala con precisión algunas característica particulares de ese tipo de hombre y mujer, nuevos, comprometidos con la construcción de una nueva manera de vivir y convivir en sociedad que, tengo el deber de reflexionar junto a mis lectores. El padre Pedro cree, en la Lucidez crítica o una crítica desconfiada frente a una sociedad que quiere cercarnos, enredarnos, tragarnos y consumirnos, por todos los medios. Es nuestro deber analizarlo todo, descomponerlo todo y no confiar en las buenas intenciones de las acciones de los que detentan el poder político, social y económico. Saber leer las entrelíneas y descifrar las voces de todos los procesos circundantes, sin dejarse abrumar por el espectáculo de lo novedoso.

Tener una libertad desinteresada, ser parte de los procesos sin manipularlos a nuestro favor, o que a la postre terminen sirviendo a nuestros intereses personales, de grupo o de partido político. Saber ser buen soldado de los procesos, sin aspirar a ser general. Hacer nuestro rol, aunque sea secundario o un extra, sin forzar la situación para ser protagonista o productor de la película.

Portador de una fraternidad fundamentada en la igualdad. No sentirnos superiores a nadie por las condiciones académicas o socioeconómicas. Tampoco permitir que otros bajo esos criterios maltraten o humillen a las demás personas. Vivir con el espíritu de la equidad siempre, respetando la diversidad y la diferencia de un ser humano ante otro ser humano, pero rebelándonos ante cualquier promoción de la diferencia sostenida y basada en la discriminación de cualquier clase, por diminuta que parezca. Los que promueven discriminaciones o diferencias, no importa el tipo que sea, están muy lejos de este espíritu de hombre nuevo.

Esperar contra toda esperanza. Llevar con nosotros una esperanza que sea capaz de superar las estadísticas y las evidencias. Que no nos asalte el fatalismo conformista o la resignación que se venden en todas las esquinas. Saber que los soñadores y utópicos siempre serán  los menos en números, pero son parte de una voluntad de organización y comunicación alternativa, como nunca había conocido la historia, y que la misma red de internet nos ofrece fácilmente como campo de batalla. Vivir bajo el convencimiento que los traidores de los procesos también están en abundancia, y por eso son baratos, si seguimos le ley de la oferta y la demanda. Y asumir como una verdad actual, que los arrepentidos es una nueva moda, formado por aquellos que fueron los rebeldes por moda de otros tiempos, que ya llegaron a su tierra prometida, a su gloria donde mana leche y miel.

Aceptar que los hombres nuevos y las mujeres nuevas, viven en la conflictividad, enfrentando todo estilo de dependencia y poder. Viven en estado de lucha permanente, día a día, en donde se contesta y se pregunta, donde se rechaza y denuncia todo tipo de atentado contra los intereses del pueblo; donde se abre para escuchar y decir su palabra comprometida con la realidad, no una palabra encargada o pagada de antemano. Trabajan en la transformación del hombre al mismo tiempo que lo hacen con la sociedad, porque no se puede separar una de la otra. Vivir convencido que serán a quienes llamarán los nuevos locos, frustrados, pero que no serán unos números más en la estadística de la historia, aunque no aparezcan en la primera plana. Lo importante es que serán parte de la historia de sus  hijos y descendientes. Eso ya es bastante.

 

 

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