Substratos

Innovación sin Sistema Nacional de Innovación

“El sector industrial dominicano quiere entrar en las grandes ligas. Seguir en las ligas menores, desfallecer cada vez más en nuestra competitividad no sólo nos perjudicará a nosotros, sino a todo el equipo que es la nación dominicana”-Ligia Bonetti, dirigente empresarial.

De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio (OMC) la innovación es la capacidad que tienen las empresas y una sociedad en general de sacar ventaja del conocimiento y del know-how en mercados nacionales e internacionales. Cualquiera que sea la definición de innovación, debemos tener en cuenta, como mínimo, las siguientes consideraciones fundamentales, a saber:

a) El interés por la innovación, como suma de actuaciones de actores aislados, no es una estrategia nacional para la innovación correcta. Detrás de las grandes innovaciones en dos siglos está la dinámica creativa de los sistemas nacionales de innovación (SIN), es decir, de un conjunto de instituciones públicas (institutos y laboratorios de investigación públicos, el Estado como proveedor clave de inversiones en conocimiento) y privadas (empresas vanguardistas, atrevidas, propensas al capital riesgo-CR) que interactúan de manera organizada para producir, adaptar, difundir y usar el conocimiento nuevo y económicamente útil.

Lo importante aquí, además de establecer cómo vamos a promover el cambio tecnológico y estructural, es la inclusión acertada de los actores del SIN. También la definición de alto consenso de los roles de estos actores en la red multiinstitucional y el convenio ex ante de que el eje central en el desarrollo del capital humano de alta calificación, la fuente de los impulsos dinámicos a los procesos de investigación y desarrollo puntuales, y  el fomento debidamente planificado de la investigación básica aplicada, deben corresponder al Estado, alejándonos de la concepción  errónea del Estado como “facilitador” -perdedor- de los negocios privados.

En todos los ejemplos relativamente recientes de innovación, como son los casos de los radios transistores, las tarjetas de crédito y débito, los microprocesadores, telefonía móvil, nanotecnología, tecnología espacial e impresionantes avances de la biotecnología (transformación de alimentos, vacunas, materiales ecológicos-fibras vegetales para la fabricación de plásticos-, tratamiento del agua y cultivos transgénicos, entre otros), el grueso de la financiación y los impulsos dinámicos básicos procedieron del Estado.

b) Un SNI funcional supone actos mancomunados de emprendimientos que pongan en práctica las innovaciones. Estas jornadas de emprendimiento conciernen lo mismo al gobierno que al sector privado y deben estar presentes no solo en las etapas iniciales, sino también en los momentos culminantes y cruciales de demostración de que la innovación alcanzada crea valor y puede empujar a la sociedad hacia adelante, con más crecimiento y bienestar.

c) El SNI implica que las empresas, por lo menos su vanguardia globalista, asumen conscientemente el compromiso de mejorar y renovar continuamente sus productos, servicios y procesos para jugar, como bien decía Ligia Bonetti, “en las grandes ligas”, esto es, incursionar en mercados cada vez más exigentes y dinámicos. Estos esfuerzos permanentes, sin límites temporales, deben ocurrir no fuera, sino dentro del SIN, que en nuestro caso existe desde 2012 (Dec. No. 190-07).

Por lo demás, el planteamiento de que la innovación es un requisito obligatorio para el crecimiento y la supervivencia empresarial no es algo que hoy pueda evadirse. Por ello, las empresas grandes y medianas del país, que han sido testigos mudos de un proceso de desindustrialización que las deja sin mercados en su propio terreno, deben aceptar con renovada y creíble determinación el desafío de la innovación. Esto exige afrontar el reto de producción y difusión de conocimientos económicamente útiles, así como la adaptación de tecnologías nuevas y el aprendizaje tecnológico, todo ello dentro de un sistema nacional diseñado para estos fines, contando con un Estado emprendedor, en la mejor acepción de este término.

Los efectos de la innovación para las empresas son conocidos. En primer lugar, les permite ofrecer productos, procesos o servicios con mejores prestaciones y, en segundo término, ella permite producirlos con menos inversiones en recursos. En el primer caso, al conseguir mejores prestaciones, las empresas ofrecerán más valor y siempre alguien estará dispuesto a pagar por ello. Como se alcanza un mayor valor, el precio resultante sería más elevado, lo cual permitiría cubrir holgadamente los costes unitarios de los factores. Como la cantidad de factores disminuye, la productividad aumenta y los costos disminuyen, las rentas esperadas serán más altas.

Sigamos nuestros humildes comentarios en la próxima entrega.

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