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Entre la diplomacia y el poder: «Tierras raras»

Las potencias comerciales, económicas y militares, han centrado su poderío en la búsqueda de nuevas formas de presión , para hacer sentir su dominio. Es lo que sucede actualmente con Rusia, China y los Estados Unidos. Potencias que, de una forma u otra, viven sosteniendo un discurso ataque y contra-ataque, lo cual pone en peligro la posible «paz mundial»o la posible «convivencia pacífica» en nuestro universo.

En estos días, se han recrudecido las contradicciones entre China y los Estados Unidos de Norteamérica. Esas contradicciones han tomado más cuerpo, a partir de las restricciones comerciales, impuestas por los EE.UU. contra la empresa China de tecnología «Huawei» (1987).

Esa decisión de EE.UU. le puede perjudicar de manera muy sensible a los Estados Unidos y a sus países aliados, ya que China, tiene los recursos mineros que obligarían a esa potencia anglosajona a quedarse retrasada en el desarrollo de la tecnología 5G. y a reducir su producción en el mercado del mundo de la tecnología y el armamentismo.

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump, en la que prohíbe que empresas estadounidenses utilicen los servicios de telecomunicaciones de cualquier firma extranjera que ponga en riesgo la seguridad de su país, haría que la potencia asiática imponga el poder que le acredita ante el mundo, con la tenencia de más del 95% de las llamadas «tierras raras».

En ese cruce discursivo entre la dialogía diplomática y política china y la norteamericana, se definen otros problemas regionales, como es el caso de Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Allí, la alianza entre China y Rusia, en apoyo a Venezuela, es lo que hoy en día, está definiendo la no intervención militar a Venezuela.

¿Qué son las llamadas «tierras raras»? En realidad, siendo honesto, esa explicación se la puede dar con más detalles un «geoquímico», algún biólogo, especialista en la materia, por lo que me limitaré a dar una explicación esquemática y centraré mi abordaje académico, desde el valor estratégico de esas «tierras raras» en la batalla diplomática y comercial que se está librando entre China y los Estados Unidos de Norteamérica.

Al consultar a «Google», encontré esto en Wikipedias:

«Tierras raras es el nombre común de 17 elementos químicos: escandio, itrio y los 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio). Hay que señalar que en esta clasificación no se considera la serie de los actínidos.

Aunque el nombre de «tierras raras» podría llevar a la conclusión de que se trata de elementos escasos en la corteza terrestre, algunos elementos como el cerio, el itrio y el neodimio son más abundantes. Se las califica de «raras» debido a que es muy poco común encontrarlos en una forma pura, aunque hay depósitos de algunos de ellos en todo el mundo. El término «tierra” no es más que un vocablo arcaico que hace referencia a algo que se puede disolver en ácido. Dicho de otro modo, «tierra» es una denominación antigua de los óxidos». (Página consultada el lunes 20/5/19, a las 8:00 p.m.).

Les reitero que, en el mundo, China posee más del 95 % de esas «tierras raras», sin las cuales la NASA, no podría continuar sus investigaciones espaciales, ni el Pentágono podrá continuar con su política de «desarrollo militar» en el mundo.

Es ahí, entonces, donde entra en juego el papel estratégico de la diplomacia y el poder. Las dos potencias están obligadas a «entenderse», dentro de sus discusiones diplomático-comerciales, y, en ese proceso de entendimiento, la diplomacia china, posiblemente, haga valer el poder táctico y estratégico que ella tiene, como potencia mundial, desde el valor insustituible de las llamadas «tierras raras» en el mundo de la tecnología, la nanotecnología, las investigaciones en las ciencias tecnológicas y en la medicina, entre otras áreas del saber.

Fíjese usted, cómo y de qué manera, un problema de «intereses comerciales», se expande a otras disciplinas y, es la diplomacia, la necesaria vía para buscar los medios que permitan poner en la balanza «intereses» gubernamentales e «intereses» universales. Entra en juego el valor de las soberanías nacionales, en un momento en la globalización quiere «aplanar» todo, sepultado así nuestras particularidades, no sólo desde lo identitario, sino también, desde nuestra biodiversidad.

En ese cruce discursivo entre la dialogía diplomática y política china y la norteamericana, se definen otros problemas regionales, como es el caso de Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Allí, la alianza entre China y Rusia, en apoyo a Venezuela, es lo que hoy en día, está definiendo la no intervención militar a Venezuela. Otro factor donde «las tierras raras» se interponen ante la presencia de la diplomacia y el poder.

Entonces, conocida la importancia de las «tierras raras» en el desarrollo de este mundo globalizado, dentro de la diplomacia, y, comprobada su influencia en los intereses políticos, económicos, educativos, culturales y/o científicos de hoy, yo, un lego en la materia, me pregunto y les pregunto a ustedes: ¿Dónde están las «tierras raras» de un país como República Dominicana? ¿Hacia dónde han ido? ¿Por qué hemos silenciado ese real «atraco» a nuestra soberanía, dentro de los recursos naturales nacionales?

Busquemos nuestras «tierras raras» en todo el territorio nacional e incorporémolas dentro de nuestra agenda diplomática y consular, para también, como algunas potencias, hacernos sentir de manera significativa, como nación, ahora más que nunca, con las relaciones que tenemos con China y la «apertura democrática» que nos brinda este mundo pluri-polar. ¿ O es que ya estamos resueltos a seguir silenciado ese real «atraco» a la soberanía nacional de la República Dominicana?
¡Que nuestra activa diplomacia truene, en el concierto de nacionaes!

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