Otro pensar

Macri y el fracaso del neoliberalismo latinoamericano

La semana pasada estuve en Argentina agotando una extensa agenda académica de trabajo. Pasé por cuatro provincias incluida la capital Buenos Aires y el enrome conurbano bonaerense. Hablé con muchísima gente. De diferentes sectores del espectro social e ideológico argentino. Y tengo algo que decirles:

La próxima vez que en alguno de nuestros países aparezca un empresario millonario de candidato a presidente diciendo que se necesita un «buen gerente» y no un político para manejar el Estado, mucho cuidado. Bajo ese discurso es que Mauricio Macri llegó a la presidencia de Argentina. Anunciando un «cambio»; con el significante de cambio motorizado desde un imaginario conservador y antiderechos. Con un discurso basado en la lógica del emprendedurismo, del gerente de su propia vida, convenció a gran parte de la clase media y a no pocos pobres. Asumió por diseño una estética de hombre de negocios antipolítico que no habla de política sino de “soluciones”. Vestía como un joven emprendedor con ropa ligera semiformal, sin corbatas, con mensajes cortos como si hablara de tú a tú con quien lo escuchaba. Se presentó, en ese marco, como abanderado de la anticorrupción. Frente a los “políticos ladrones” que habían “dividido” con su ideología de izquierda, vino un “buen gerente” a plantear cosas concretas. En un contexto de agotamiento de un proceso popular de más de doce años en el poder, y con una maquinaria mediática detrás que operó sistemáticamente atacando a la izquierda, logró ganar por dos puntos las elecciones presidenciales en segunda vuelta. 

Hoy, a casi cuatro años de su gobierno, Macri es una figura desgastada y totalmente fracasada. Ya nadie, salvo uno que otro alienado o manipulado, le cree. El fracaso de Macri es el fracaso de un modelo de gobierno y discurso que se quiso imponer desde los medios de comunicación, las élites (sobre todo las vinculados al capitalismo financiero) y que impulsó una clase media insolidaria que asumió como “derroche” las políticas de asistencia a los humildes y ampliación de derechos.

La semana pasada, de Santiago del Estero a Buenos Aires, pasando por el conurbano, vi una Argentina muy golpeada por el grupo de empresarios millonarios que con Macri entraron a dirigir el gobierno. Un país donde a causa de la galopante inflación (una de las más altas del mundo junto con Venezuela) el salario de la gente se devaluó un 45% en promedio, al tiempo que servicios como agua, luz y gas aumentaron alrededor de un 300% en tres años. Donde me decían taxistas que viven no ya de mes a mes sino de día a día, midiendo lo que comen para no quedarse descuadrados. Donde un profesor universitario me dijo en Entre Ríos, Paraná que el mes pasado tuvo que decidir entre comprar comida o pagar la luz. Esa es la Argentina de Macri y sus «buenos gerentes». Solo conocí una persona en Córdoba que apoyaba a Macri y, cuando le pregunté por qué le sigue apoyando a pesar de que él mismo manifestaba que la situación estaba muy mal, respondió que porque era el «menos malo». Ni siquiera quienes le apoyan pueden, racionalmente, identificar alguna virtud en su gobierno. El desastre de Macri es total e histórico; sin paliativos.

¿Por qué un fracaso tan rotundo? En resumidas cuentas, lo explicaría en cinco factores: 1. cometieron errores graves en el manejo de la política cambiara, el cálculo de la inflación real y expusieron el peso nacional a un dólar demasiado fuerte propiciando una inversión extranjera que entró en forma de más deuda y financiarización; 2. no entendieron la política como un proceso de negociación y equilibrios y optaron por gestionar sus decisiones a fuerza de voluntarismo; 3. son una clase millonaria de tipos que nunca han vivido como la gente normal, y así, no entienden lo que un ciudadano promedio requiere para vivir; 4. consideran que manejar un Estado es lo mismo que gestionar una empresa y por tanto ven la inversión pública en sectores como educación, ciencia y salud como un gasto y por ello desmantelaron todo lo público que no genera ganancias; 5. son una clase empresarial sin vocación nacional que se subordina a intereses extranjeros, y que, asimismo, actúa como jauría y de esa forma, por ejemplo, siendo dueños de la producción energética, aprobaron medidas para propiciar producción de energía en pesos y vender a precios tazados en dólares. Ese cóctel explosivo, de incompetencia técnica en lo económico e infantilismo político mezclado todo ello con indolencia y saqueo legalizado, condujeron a la Argentina, un país de riquezas extraordinarias, a ser solo superado por Venezuela en cuanto al más bajo rendimiento macroeconómico en toda la región.

Macri dijo en campaña que si volvía a ganar la izquierda Argentina sería como Venezuela. Paradojas de la vida: con él ya son como Venezuela. Solo que lo ha logrado sin bloqueo financiero de Estados Unidos y sin asedio internacional. Más bien, el inefable Trump no se cansa de enviarle mensajes de apoyo y su gobierno ha recibido 45 mil millones de dólares del FMI. Los taxistas que no llegan a fin de mes, y deben decidir entre comer o pagar servicios, se preguntan en Buenos Aires, ¿a dónde fueron a parar todos esos dólares? 

Si tanto se habla de Venezuela, pues bien, hablemos de Argentina. Un experimento clarísimo de porqué en América Latina el neoliberalismo, el FMI y los millonarios tomando el Estado es sinónimo de pobreza y muchísimo sufrimiento para la gente normal. Que no se repita más nunca otra Argentina como la de Macri. Un desastre total que tanto sufrimiento ha causado en un pueblo que, cansado y confundido, siguiendo las líneas marcadas por la industria mediática, e impulsado por prejuicios de clase, votó por un “cambio” y por “ricos que no necesitaban robar”. Quienes cambiaron todo para mal y están robando como nunca. Si malos son los Maduro, iguales o peores son los Macri.

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