Trazos del pensar

El cuerpo como máquina deseante en el teatro

Tanto la etnopsiquiatría como el esquizoanálisis se han dedicado a leer el cuerpo y la psique como suma de estratos o “mesetas”, que indudablemente problematizan las diferentes intencionalidades, imágenes, síntomas y gestos que construyen, en lo que al teatro se refiere, la realidad imaginaria del personaje y del intérprete. De ahí el desprendimiento de los diferentes niveles de acuerdo o desacuerdo, entre el personaje y la realidad, la escritura y la escena, el tropo y el texto, el cuerpo y la palabra, el símbolo y la cultura. (Véase, en este sentido, la línea que presenta la crítica de G. Devereaux, Deleuze y Guattari sobre el tipo-representación en el teatro

La visión o convicción de los personajes y sus metas dentro del espacio dramatúrgico- escénico, plantea una nueva práctica teatral activada por nuevas mediaciones escénicas que provienen de dramaturgos, actores, directores y teóricos teatrales, en los nuevos contextos de una búsqueda teatral recesiva, sincrónica y diacrónica. (Ver, para constatar, Patrice Pavis 1994, Eugenio Barba 1990, 1997).  El acercamiento o distanciamiento entre los personajes o entre los personajes y el público, se sostiene en la cardinal del mensaje y la idea de dirección y actuación que se decide a favor del espectador; lo que hace más visible la concentración formal del registro teatral y de las líneas relacionales de la representación.

Cuando se habla del deseo como actividad de acción y goce, el trabajo teatral no evita el cuerpo, la causa o la barrera que ayudan a construir las situaciones a partir de aquellos ejes que conforman unidades y objetivos. (Véase los acuerdos de Las sirvientas o de Severa vigilancia en Jean Genet).

¿Cuáles imágenes podemos advertir en el espacio escénico y en la creación misma de un espectáculo teatral? La estructura deseante del sujeto, se hace visible en los principales núcleos articulados como programa psicológico y sensible de la imaginación sentiente y teatral: El tótem, el tabú, el ello, el yo, el id, el alter ego, el inconsciente como materia-forma traumática, el discurso del otro, la mirada del otro, la transgresión psíquica y corporal, la activación del movimiento intencional, la voz surgente, la prosificación de la psique, la gestualidad dinámica, el discurso directo, el discurso indirecto, la simetría de los estados psicológicos, el trance, la conmoción del otro o la otredad, el lenguaje trascendente del sujeto, el lenguaje inmanente, la corporalidad, la psicovocalidad y otros. (Véase las acotaciones y fórmulas sugeridas en Acto sin palabras de Samuel Beckett, Cenci, de Antonin Artaud, Severa Vigilancia, de Jean Genet).

Los efectos de dicho vocabulario, lenguaje y construcción conceptual que se pronuncian y se desprenden del trabajo del director, del actor, del espectador y de la escena  constituyen la simetría o asimetría que dará lugar a los mensajes diversos del espectáculo y la puesta en marcha de cualquier tipo de acción confluyente en el universo teatral elegido.

La condición de una estética material y formal ajustada a los diferentes niveles de las acciones teatrales, permite comprender los diversos cauces de la imaginación actoral y espectacular en sus diferentes vertientes; lo que implica toda una línea que atraviesa en una misma situación la fórmula cuerpo y la fórmula voz en la creación de un espectáculo teatral crítico o alternativo.

El personaje es, en este sentido, una responsabilidad escénica, cuando se asume como interpretación, pues el mismo implica un nivel de visión y comprensión de su mundo imaginario.

La actitud de goce o deseo dentro de las circunstancias del personaje entendido como máquina deseante participa también del conocimiento y reconocimiento de los ejes dramatúrgicos, escénicos y visionales que se producen al nivel vocal y corporal; lo que implica un marco imaginario de responsabilidad psicológica, cultural y simbólica que conlleva acciones, estados sugerentes, conjugaciones psicológicas y antropológicas y sobretodo transgresión y sostén corpoteatral de una visión creadora.

Todo un mundo que confluye en la idea de base de un espectáculo multisígnico y polisémico, instruye al espectador sobre la base de ejes y funciones que se asumen como vida de las formas escénicas en un espacio-tiempo determinado.

El impulso, el movimiento, el registro psicológico y el tipo corporal activa las ideas principales que dan lugar al mensaje de base de la obra como suma de estratos corpo- vocales y psicogestuales que determinan la imagen y los valores de base de un espectáculo.

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