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Libres para Elegir: Los videos y debates de Milton Friedman

Milton Friedman realizó una serie de diez programas sobre las ventajas que tienen: a) las políticas de libre comercio sobre el intervencionismo mercantilista; b) la flexibilidad de los mercados laborales sobre las regulaciones por salarios mínimos y distorsiones por el poder sindical; c) la sincronización de actividades productivas y servicios por el mecanismo de precios libres sobre la tiranía de controles de precios; y d) la solidaridad y caridad privada sobre los programas sociales financiados con fondos públicos.  Al final de cada programa, Robert Mckenzie hace galas de una moderación magistral en debates con políticos, intelectuales y empresarios que tienen hoy, desafortunadamente, la misma vigencia que hace cuatro décadas.

El Poder del Mercado.  En este video Milton Friedman valora positivamente la llegada a los Estados Unidos de millones de inmigrantes a principios del Siglo XX, motivados por las oportunidades de trabajar en un ambiente sin programas de ayudas estatales y sin regulaciones que impidieran incorporarse a la fuerza laboral o al emprendimiento.  Gran diferencia con los flujos migratorios posteriores a la introducción masiva de auxilio estatal que, a su juicio, han trastocado los incentivos para emigrar a esa nación e impiden adoptar una política similar de fronteras abiertas.  Una observación que hoy, olímpicamente, han ignorado los promotores del Pacto Migratorio Mundial, con su intención de imponer un derecho a emigrar con la recepción de subsidios públicos sin importar las vías, legales o ilegales, de ingreso a territorio ajeno.

Para ver en 1980 lo que sucedió en Manhattan a principios de ese siglo, Friedman se va a Hong Kong, lugar que define como “experimento casi de laboratorio para ver lo que ocurre cuando el gobierno da libertad a la gente para que trate de obtener sus propios objetivos.”  Una de las cosas de las que se apartan los funcionarios es la de imponer tarifas al comercio exterior. Ciudadanos y empresas son libres de importar o exportar todo lo que se les ocurra, ya sean bienes de consumo, materias primas o maquinarias.  También son libres para establecer por contratos voluntarios los salarios en todo tipo de actividad, sin referencias a tablas de salarios mínimos imponga el gobierno o la presión de sindicatos.   ¿Horror? ¿Explotación? ¡Nada que ver Elvin Vinicio!  Friedman explica que “después de la guerra, los salarios reales se han cuadruplicado.” Es decir, si la canasta básica llenaba un carrito de supermercado en 1945, con lo que ganaban en 1980 llenaban cuatro, gracias al funcionamiento de mercados libres, no a huelgas u otras formas violentas de protestas de los sindicatos.

“Esta ciudad próspera, bullente, dinámica ha sido posible gracias al mercado libre que permite a las personas ingresar a cualquier industria que quieran, comerciar con quien quiera, a comprar en el mercado más barato del mundo o vender al mercado más caro del mundo. Ahora bien, lo más importante es que si fracasan deben soportar la pérdida, si tienen éxito obtienen el beneficio. Es esta atmósfera de incentivo lo que los ha inducido a invertir, a trabajar, a producir un milagro, creado por ellos mismos, no por las órdenes de alguien sentado en un edificio gubernamental dando a las personas órdenes de qué hacer, dónde invertir.”

Ese poder político que no da órdenes a los agentes económicos tampoco busca orientarlos a sectores con incentivos o privilegios sobre otras actividades. Las reglas son las mismas para todos los empresarios y son éstos quienes deciden dónde invertir.  Hong Kong se convirtió en el tercer productor mundial de películas de cine sin el gobierno poner un solo dólar de fondos públicos, ruta muy diferente a los que conceptualizaron el DominicanWood que ya ronda el uso/abuso de siete mil millones de pesos consignados en los presupuestos anuales del gobierno.

De Hong Kong a la Universidad de Glasgow, en Inglaterra, para enlazar lo que describió en ese pequeño territorio con las enseñanzas de Adam Smith y la referencia al impactante artículo de Leonard Read, “Yo, el lápiz”.  Continuamos en otra entrega destacando estos artículos sobre los que no pasa el tiempo.

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