Cielonaranja

Corrupción y obscenidad en la educación dominicana

I

La corrupción en los ámbitos de la cultura es tan habitual que ya se considera una de nuestras maneras de “ser” dominicano. O un arte. O una técnica. Digamos: estrategia para la autoayuda, para compensar a los viejos lectores de Og Mandino y “Cómo hice mi primer millón”, o mi segundo, oh, oh, oh. Si no gritas no mamas, y si no tratas de ser millonario, pues te quedaste con tu Toyota Corolla.

El escritor-profesor universitario que le impone a sus estudiantes sus libros, el funcionario que reparte libros de su editora particular y conduce a los estudiantes como reses, a consumir esas obras; el escritor que es publicado por el Estado y que revende sus libros al mismísimo Estado, o los poetas que venden libros a instituciones que nunca ven esos libros, pero sí expiden jugosos cheques. Todos son parte de un amplísimo sistema de abusos.

Antes de que los escritores adquieran cierta notoriedad tienen que acceder al “sello de calidad” que son los premios literarios nacionales, regionales, los diplomas, los reconocimientos, vaya usted a saber. Ese es otro level, oh pequeño saltamontes.

Una vez crucé dos listados de los jurados y premiados “nacionales” desde el 1980 hasta el 2000, para confirmar algo que ya sabía: entre ambos se ha establecido un juego de ping pong en el que indistintamente unos y otros cambiaban de posición, el jurado hoy, el premiado mañana, en una coreografía que dura decenios.

Las razones de los premios y los premiados van desde “hay que ayudarlo porque anda mal económicamente”, hasta “tengo que ver cómo voy con fulanita a la cama”. Algún día se revelarán los misterios en torno a tantas famas y alfombras rojas, cuando al final, si es que nos quedamos solamente con los libros, veremos que todo fue un teatro de mal gusto.

La degradación de nuestros valores, esa cultura que va de Baninter a Odebrecht, donde le puedes arrancar los brazos a cualquiera y hasta te felicitan por la acción, ¿podrá generar sanciones que conduzcan a una sociedad de la justicia social?

Si un político como Euclides Gutiérrez Félix declaró que buenísima parte de sus millones se debía a la venta de sus libros, qué no hará el funcionarito de Cultura o Educación para agenciarse su yipetica, su torrecita, su casi de fin de semana en Juan Dolio o Constanza, si es que su campo no está tan lejos y tiene nostalgia de la vaca del vecino -que con seguridad pronto será suya.

II

El programa televisivo de reportajes periodísticos “El informe de Alicia Ortega” del lunes 28 de enero titulaba una de sus secciones “¿Corrupción en la Cruzada”? 

El Ministerio de Educación había traído una gran muestra de cientos de estudiantes de las más distantes regiones del país para un “Lanzamiento Cruzada Nacional por la Lectura”.

¡El dinero que habrá costado en autobuses, dietas, para nada!

No había libros en el lanzamiento de la Cruzada. Es como si fueran a estrenar alguna sinfonía olvidada de Beethoven pero sin músicos, sólo con el maestro de ceremonia.

Nunca se le había visto así la cara al arquitecto Andrés Navarro, Ministro de Educación y precandidato a la Presidencia de la República: lanzando libros que no existían, sólo en el powerpoint y un par de afiches.

Pero estamos poniendo el final de la historia y mejor reembobino, partamos desde el principio, para que se comprenda una inquietante historia.

III

En el 2018 el Ministerio de Educación realizó unas “Pruebas Nacionales Diagnóstica” con estudiantes de nivel primario. Al encontrar que solo un 12 por ciento de los estudiantes demostraron una capacidad mínima de lecto-escritura, se pasó a un programa de lecturas para la Secundaria.

Según el ministro Navarro, debido a la urgencia de comenzar este programa a principios del 2018, se procedió a un contrato de exclusividad con una empresa editorial, la Editora Cosme Peña, saltándose algunos reparos de procedimiento, como el de llamar a un concurso.

Dirigido por el perito y escritor y alto funcionario Rafael García Romero, el Ministerio de Educación procedió a la elaboración de un listado de 30 obras que serían distribuidas entre los seis años del bachillerato.

Con el apoyo de otro escritor e igualmente ex funcionario y curiosamente también incluido en el listado -se omite su nombre aunque todo mundo sepa quién es-, se contactó a los autores para “retocar” libros, de manera que no fuesen tan crudos o cosa parecida para los incautos y futuros bachilleres. La suma ofrecida a los escritores: un millón de pesos. Qué bueno: 30 nuevos millonarios gracias al Ministerio de Educación.

El ministro Navarro expresó en el programa de Alicia Ortega que «el criterio fundamental fue seleccionar 30 obras de autores dominicanos que hayan ganado premios de literatura”, agregando:

“Entre ellos hay unos veinte que han ganado el Premio Nacional de Literatura. Esto también con la pretensión de fortalecer la identidad nacional. O sea, de que la producción literaria en nuestro país también sea consumida por nosotros los dominicanos y en este caso especialmente por los estudiantes de nuestras escuelas.”

¡Qué desastre de declaraciones!

¿Cómo un ministro no escoge mejor las palabras, los conceptos, como si nuestra “identidad” estuviese amenazada por oscuras fuerzas del apocalipsis? ¿Es que estamos leyendo demasiado a Rimbaud, Kafka, Ginsberg, Frank Báez, Homero Pumarol o Rita Indiana y tengamos que privilegiar los aburridos relatos de (…)  y la arcadia liniera o cibaeña o sureña de… (..) y ocho cuentos con cincuenta vacas al fondo mientras la Dictadura esta o la otra?

En los tiempos del nacionalismo furibundo, de exclusiones, de búsqueda del dominicano puro, o de su invención o de motivaciones frankensténicas, ¿cómo un ministro reduce así lo que es la humanidad a la que debe acceder todo ciudadano dominicano?

¿Es que el ministro Navarro pretende seguir en la onda de ese nacionalismo barato, como si la “identidad” en las escuelas estuviese garantizada por una treinta de escritores “dominicanos”, por lo demás “premiados”, buenos dominicanos y amigos de García Romero?

¿Debe circunscribirse la educación de los insulares a la insularidad?

¿No se ha enterado el Ministerio de Educación de que el criterio de ser “premiado” literario en nuestro país para nada garantiza calidad literaria?

El listado de los 30 escritores, el contrato con los 5 millones de dólares y el acto de lanzamiento de la “cruzada” por la lectura iba viento en popa hasta que un avezado viceministro se dio cuenta de que su colega García Romero estaba en el listado; de que el funcionario también cobraría en tanto autor, como lo ha hecho en todos sus años de autor/ funcionario. ¡Toquen la sirena!

El ministro Andrés Navarro le declaraba a la periodista Alicia Ortega que el Ministerio de Educación había sido engañado por uno de sus directores. No lo mencionó por su nombre, pero oh pobre García Romero. Un engaño muy simple, en realidad casi un descuido, por el que el Ministerio o el Estado o los contribuyentes pagarían más de 266 millones de pesos, léase, más de cinco millones de dólares. Pero no, no era que esa cantidad de dinero iría a parar a los bolsillos de Rafael García Romero, de ninguna manera, sino solamente una parte. Y también 26 o 27 porciones más a igual número de escritores dominicanos, e incluso, una chiripa para los deudos de dos o tres estrellas más del parnaso local. Estarían felices los escritores clásicos, los que previamente habían sido premiados en metálico e incluso los boroneados por la Comisión de Cultura en Nueva York y sus magros “Premios de Ultramar”.

IV

El criterio fundamental para la escogencia de los autores/títulos fue la del éxito gubernamental, léase “premios literarios”, sin detenerse a considerar la eficacia de tales obras en un contexto escolar.

Para el Ministerio de Educación, léase Rafael García Romero, el listado se compondría así:

Autores dominicanos clásicos (3)

Autores dominicanos Premio Nacional de Literatura (12)

Autores dominicanos Premio Anual de Novela (6)

Autores Premios Letras de Ultramar (3)

Autores dominicanos (6)

En el caso último, el de los “autores dominicanos”, se procedió a un grave acto de censura por el que se conminaba a la escritura del mismo texto literario. Aconteció con la escritora Martha Rivera-Garrido, cuya novela “He olvidado tu nombre” fue escogida, pero bajo la condición de que procediera a reescribirla según una serie de conceptos más que inquisitoriales y de Opus-Dei. Sin embargo, a pesar de la renuncia de Rivera-Garrido, el título de su novela aparece de manera muy regia en este listado del Ministerio de Educación. Sin embargo, una obra que aparece en “El informe con Alicia Ortega” como impresa, pero que no está en el listado oficial del Ministerio de Educación, es de la “¡Yo soy Minerva!”, de Mu-Kien Adriana Sang.

V

Creo en la voluntad el ministro Navarro de modernizar al Ministerio de Educación, pero no creo en esos hiper poderes de los funcionarios de mediano rango que al parecer se imponen sobre/como técnicos cualificados, verdaderos pedagogos que saben de la eficacia literaria, etc. Pero, cuando un ministerio se convierte en un conuco, lo único lógico es cultivar y sacar ñames y batatas de esos predios.

De repente los funcionarios de Educación de arrogan unas funciones inquisitoriales, buscando un ciudadano más que mormónico cuando lo que se trata en estos tiempos es de libertad, diversidad, pluralidad, porque por algo es que estamos en el siglo XXI y no en el XVI. Cuestionar autores por su orientación social o sexual, exigirles que asimilen la obra a un gusto de cursillismo católico de los años 70, es operar con valores que no se compadecen con una sociedad más justa y realmente democrática.

Esta también es la patria de Pedro Henríquez Ureña y no sólo de los trujillitos, y balagueritos y vinchitos de toda especie.

Autores esenciales del hacer literario dominicano sí que deberían estar en esas esferas de los programas editoriales del Ministerio de Educación, como Federico Bermúdez, René Contín Aybar, Juan Sánchez Lamouth, Norberto James Rawlings, René del Risco Bermúdez, Antonio Lockward Artiles, Chiqui Vicioso, Jeannete Miller, Soledad Álvarez, Sally Rodríguez, Aurora Arias, Nelson Ricart-Guerrero, Junot Díaz, Juan Dicent, Rita Indiana, Homero Pumarol, Alejandro González, Frank Báez, Rey Andújar, Belié Beltrán, Karol Starocean, Thaís Espaillat, Johan Mijaíl, Isis Aquino, entre muchísimos otros autores de primera fila. Pero sueño, oh Pilarín, sueño, que es lo que único que me resta en el país dominicano, lógicamente, si no es que despierto antes.

Es hora de seguir reclamando el país con todos y para todos, con nuestras alegrías y tristezas, con nuestros huecos y nuestras nubes, porque de todo se compone el ser humano. Y justamente esto es lo que buscamos: una condición más justa para un ser que debería ser cada vez más humano.

El ministro de Educación ha reaccionado ante las tentativas de un funcionario, de incluir indebidamente su obra, cobrando por ello. Me pregunto, sin embargo, ¿y qué pasa con ese listado tan oprobioso de obras dominicanas? ¿Bajo qué criterios de lecto-escrituras serán implementados? ¿Existe una guía para discutir a José Ramón López, a Tulio Cestero o, en dado caso, al nacionalista Roberto Marcallé Abréu?

VI

Invertir cinco millones de dólares es un lujo para un país como el dominicano. ¿Por qué imprimir más 800 mil ejemplares de libros en lugar de fortalecer las bibliotecas escolares con obras más diversas?

En listado de las 30 obras hay algunas como “La sangre” que tienen más de cinco versiones en el mercado criollo. ¡Hasta yo hice una edición crítica de la obra narrativa de Tulio Manuel Cestero hace ya una buena cantidad de años!

Más de una cuarta parte de las obras escogidas son de limitadísimos alcances literarios. A menos que se quiera alejar a los estudiantes de la buena literatura, una reedición de estos libros en masas haría los mismos efectos que aquel buque petrolero sobre las costas de Galicia: la llenaría de petróleo, impediría creer una buena ecología para el lector escolar.

El error del Ministerio de Educación no está solamente en haber casi permitido que un funcionario haya filtrado su obra, por lo demás ¡ya editada en más de veinte ocasiones!, como ha canturreado el mismo García Romero en el 2016 (Ver: https://www.diariolibre.com/actualidad/educacion/rafael-garcia-romero-presenta-vigesima-edicion-de-la-novela-ruinas-ED4959071)

En “El informe de Alicia Ortega” también nos enteramos de una primicia: la Editora Cosme asegura haber ya realizado esas veinte ediciones de la obra “Ruinas”, y habérsela vendido tanto a Educación como al ISFODOSU. Increíble pero cierto: después de “Mujer 2000” y de los libros de Euclides, García Romero deber ser el gran bestseller dominicano, apoyado gloriosamente por el mismísimo Ministerio de Educación, donde por cierto, dirige su sección cultural.

VII

Según el ministro Navarro el funcionario de turno fue suspendido por un mes.

Del listado de los 30 autores, nada se sabe. Ni siquiera se comenta si se discutirá la validez de tanto pobre literatura, porque convengamos: lo más desacreditado en el país dominicano son los premios nacionales, sean de cualquier tipo.

El Ministerio debe asumir su papel de guía formador de nuevos ciudadanos. Privilegiando ese tipo de ediciones y no la buena literatura y las bibliotecas, Andrés Navarro tendrá por seguro que pasará sin pena ni gloria, con más de lo mismo, y seguramente con un par de millonarios gracias a su gestión.

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