De Literatura Dominicana

En memoria del poeta Víctor Villegas (1924-2011)

En cierta ocasión un periodista amigo, petromacorisano y apasionado entrevistador de grandes dominicanos, le formuló al poeta Víctor Villegas la siguiente pregunta: «¿Usted nació normal?». La respuesta de nuestro gran poeta, poseedor de un singular sentido del humor, fue rápida y precisa:

«Yo nací muerto, porque me ahogué y suerte a mi abuela y a una tía que corrieron y entonces partearon a mi madre, bañándose en la playa. Mi abuela mordió el cordón umbilical y lo cortó con los dientes; luego, mi tia tomó esa criatura pequeñita y la lanzó hacia arriba varias veces y la criatura, ya en el aire, volvió a gritar y ahí vivió este personaje que hace la narración».1

Ese nacimiento garcíamarquiano tuvo lugar el 22 de septiembre de 1924, año en que los padres del laureado autor de Poco tiempo después (1991) vivían en la casa marcada con el número 33 de la calle 27 de Febrero de la histórica ciudad de San Pedro de Macorís.

Víctor Villegas

Además de poeta, Víctor Villegas tuvo tiempo y vida para abordar el fenómeno literario desde otras perspectivas: crítico literario, ensayista y buen antólogo. Fue educador durante gran parte de su vida: por más de veinte años enseñó Literatura Dominicana, Literatura Universal e Historia de la Literatura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) impartió la asignatura Propiedad Intelectual e Industrial. En su país colaboró con los periódicos La Nación, Listín Diario y El Caribe y de las revistas Testimonio y Cuadernos Dominicanos de Cultura.

En la UASD se gradúa de abogado en el mismo año en que comienza a publicar sus poemas en diarios de circulación nacional, es decir, en 1948. Pero ocurre que, al escribir la historia de la literatura producida en esta parte de la isla, hay que ubicar a Villegas dentro de la denominada Generación Literaria del 48, junto a los poetas Lupo Hernández Rueda, Ramón Cifré Navarro, Alberto Peña Lebrón, Abelardo Vicioso, Rafael Lara Cintrón, Máximo Avilés Blonda, Luis Alfredo Torres, Abel Fernández Mejía y Rafael Valera Benítez. Parecería que el 48 perseguía a nuestro Premio Nacional de Literatura 2000.

Víctor Villegas, con esa vocación de maestro que lo hacía noble y antiegoico, fue mentor de escritores jóvenes desde la década del 60 hasta sus últimos días de existencia productiva. Con frecuencia lo oíamos decir, con ese humor inherente a su personalidad, que él se consideraba ser un poeta tan joven como los poetas que surgieron en los años 80, quienes lo admiraban y respetaban por su espíritu solidario y altruista, solamente comparable con el de don Mariano Lebrón Saviñón, su gran amigo.

En su largo trajinar por el fascinante mundo de las letras, del cual él era un habitante distinguido, obtuvo muchos y merecidos galardones. El primero fue –confiamos en su maravillosa memoria― en 1943. En este año ganó el primer lugar en el Concurso de Oratoria organizado, en su natal San Pedro de Macorís, por la Logia Independencia. El premio consistió en un reconocimiento escrito más la «extraordinaria» suma de RD$10.00. él contaba que con este dinero en su casa se estuvo comiendo por una semana, pues en esa época los precios de los artículos de consumo cotidiano eran muy distintos a los de hoy: «Te voy a dar una idea ―le dice el poeta al periodista Carlos T. Martínez―: Un litro de leche costaba un centavo, una libra de arroz costaba dos, la carne costaba tres, cuatro y cinco centavos y el pollo, que era lo máximo, estaba a catorce».2

Ahora bien, entre esos 10 pesos y los 300 mil pesos que, por la obra de toda su vida, recibió Víctor Villegas en el 2000, hay, independientemente de las diferencias epocales que se pretendan exponer, una distancia abismal e indica esto que no tan sólo en forma negativa han ido cambiando las cosas en nuestro país, pues hay aspectos en los que, sin lugar a dudas, hemos ido avanzando, como es el referente al reconocimiento de nuestros valores literarios y culturales más auténticos.

Otros premios y galardones obtenidos por Villegas fueron: Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña de Henríquez en 1982 por su Juan Criollo y otras antielegías;3 Medalla al Mérito Literario Hispanoamericano (Venezuela); Medalla al Mérito Literario José María Heredia (Cuba); Premio de Literatura Hispanoamérica; condecorado por el Gobierno Dominicano con la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en Grado de Caballero; y Premio Nacional de Literatura 2000 por la obra de toda una vida.

Conocimos  lo suficiente al poeta Villegas  ―porque lo tratamos de cerca―, por lo que estamos seguros que ningunas de esas premiaciones ni reconocimientos recibidos por él superaban, desde su perspectiva humanística,  ni la satisfacción espiritual que le prodigó la literatura ni tampoco superaban el afecto que, con su obra y su persona, supo ganarse no tan sólo en su país, sino también en otros países de América Latina como Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Argentina.

Ese gran ser humano y ciudadano ejemplar que fue Villegas, era Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua; Miembro del Ateneo Dominicano, de la Comisión Internacional Consultiva de la Federación Latino-Americana de Sociedades de Escritores y de la Asociación Interamericana de la Propiedad Industrial (ASIPI); Miembro de Honor del Centro Cultural Venezolano-Colombiano; Presidente del Comité Haitiano-Dominicano por la Integración de la Cultura;  Presidente de la Unión de Escritores Dominicanos; y presidente de la Agrupación Cultural Cacibajagua. Fue el director-fundador de la desaparecida ―y siempre bien recordada― revista literaria Yelidá, cuyas páginas editoriales compartió con el insigne intelectual dominicano Antonio Fernández Spencer, quien formó parte destacadísima del grupo literario denominado La Poesía Sorprendida.

Además de las ya citadas, Villegas dio a la luz pública las siguientes obras: Diálogos con Simeón (1977); Charlotte Amalie (1980); Antología de poetas petromacorisanos (1982); Pedro René Contín Aybar  (1984;  prólogo y selección de su poesía); Botella en el mar (1984); Cosmos (1986); La luz en el regreso. Antología (1993; selección y estudio de Pedro Conde); Antonio Fernandez Spencer: poeta y humanista (ensayo, 1995); Ahora no es ahora (1997); Jamás (2000); Muerte herida (2002); Don Mariano Lebrón Saviñón, un hombre de antorchas múltiples (ensayo, 2003); Poemas en voces de sus Autores (2003; CD-Audio libro); Poética y presencia de Pablo Neruda en República Dominicana (ensayo, 2004); La muerte al borde de la muerte: poema (2005); y Sueño y realidad (2006).

Numerosos han sido los escritores y académicos que han puesto su atención en su obra poética desde una perspectiva crítica: Pedro Conde Sturla, Lupo Hernández Rueda, Manuel Rueda, Marcio Veloz Maggiolo, Bruno Rosario Candelier, Alberto Baeza Flores, Odalís G. Pérez,4  Cándido Gerón, Enrique Sainz, Abelardo Vicioso, Franklin Gutiérrz y José Rafael Lantigua. Su poesía ha sido tema de tesis universitarias: Visión crítica en torno a la poesía de Víctor Villegas,5 presentada en la Facultad de Humanidades por el escritor Julio Cuevas, es una de ellas. 

Al referirse a todas las obras poéticas de Villegas, con las que el poeta  enriqueció las letras dominicanas, el crítico literario Pedro Conde Sturla afirma lo que sigue: «Pocas hay, en nuestro medio, tan dignas, tan parejas y, sobre todo, de tanta elevación humana».6 Compartimos plenamente este juicio por lo acertado y justo, pues Víctor Villegas fue un hombre que dignificó la poesía y también la condición humana.

No cabe duda de que en Víctor Villegas tenemos a un poeta representativo de lo mejor de la lírica dominicana, cuya obra merece ser divulgada fuera de su patria. Y en este punto preciso es recordar al crítico chileno Baeza Flores al referirse a sus poemarios Diálogos con Simeón y Charlotte Amalie: «Si estos poemas de Víctor Villegas hubieran sido dados a conocer por editoriales de eficaz distribución desde Buenos Aires o desde Ciudad México, desde Madrid o París, este sería uno de los poetas leídos y releídos, citados y vueltos a citar, porque su poesía es original, distinta, orquestal y cruzada por imágenes como certezas, adivinaciones y definiciones vitales».7

Físicamente él ya no está. Partió su cuerpo el sábado 23 de abril de 2011 —Día Internacional del Libro— hacia ese mundo invisible del que poco sabemos, pero del que muchos hablan. Su deceso tuvo lugar en la tranquilidad de su hogar, rodeado del afecto de sus parientes, a la edad de 85 años. Pero su espíritu ronda las calles de la Zona Colonial que tanto amó, por donde rondan también muchos de aquellos que lloraron su partida y lo recuerdan todavía, porque supo ser amigo y hacer amigos, porque estuvo consciente siempre de que la literatura es un medio para hermanar a los seres humanos.

NOTAS:

1En: Carlos T. Martínez. Grandes dominicanos. Santo Domingo: Ediciones Catemar, 1996. Tomo II. Pp. 123-137.

2Loc. cit.

3Víctor Villegas. Juan Criollo y otras antielegías. Santo Domingo: El Silbo Vulnerado, 1982.

4De la autoría del Dr. Odalís G. Pérez es uno de los estudios más enjundiosos sobre la obra poética de Víctor Villegas: Víctor Villegas: la voz, la memoria, los tiempos del lenguaje. Santo Domingo: Editora Manatí, 2008. 229 p.

5Julio Cuevas. Visión crítica en torno a la poesía de Víctor Villegas. Santo Domingo: Biblioteca Nacional, 1985. 196 p.

6Pedro Conde. «El estro de un maestro», en Víctor Villegas. La luz en el regreso: antología poética. Estudio y selección: Pedro Conde. Santo Domingo: Editora Alfa Omega, 1993.

7En la solapa derecha de: Víctor Villegas. Diálogos con Simeón / Charlotte Amalie. Santo Domingo: Publicaciones ONAP, 1994. 152 p.

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