Junio de 1959: El sacrificio de una generación en un libro de Juan Deláncer

Foto: Expedicionarios de Junio preparándose para abordar embarcaciones que los trasladaron desde Cuba a territorio dominicano.

Desembarco de la Gloria: un libro de Juan Deláncer. En los últimos años he leído varios libros sobre la historia del desembarco de junio de 1959 en donde me he encontrado con disimiles versiones, algunas con contradicciones verdaderamente vergonzosas de un acontecimiento que debe de llenar de orgullo a todos los dominicanos. Ésta de Juan Deláncer se presenta, sin embargo, como «nueva», aunque no porque suceda a otras previas de varios autores. Se trata, simplemente, de que, en su factura, el autor se ha propuesto «utilizar todas las fuentes disponibles acerca del desembarco», con el propósito añadido de trasladar íntegramente al público lector todo el caudal informativo que la documentación consultada le ha proporcionado: «A todos los que vinieron para darlo todo –promete Deláncer en su dedicatoria–, y a sus seres queridos: “para que aprendan a no olvidar”. 

En esta edición, Deláncer “introduce precisiones e informaciones adicionales que ensanchan las perspectivas sobre los antecedentes y desarrollo de las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo” y a pesar de la clasificación que el mismo hace de “relato periodístico”, el lector tendrá en este libro, “una crónica que recrea, no solo la epopeya, sino también el periodo que se dio en llamar La Era de Trujillo.  Por lo demás, no sorprende tanto esfuerzo. Deláncer se dio a conocer como reportero y ejecutivo en los periódicos: La Noticia, el Nuevo Diario, Última Hora y Diario libre cuyas páginas registran crónicas y reportajes de investigación suyos que han obtenido reconocimiento y servido de modelo en cátedras universitarias de periodismo.

Uno de los combatientes que desembarcaron en el país en junio de 1959

En 1979 obtuvo el primer premio del concurso que sobre la gesta de junio de 1959 auspiciara la Fundación de Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, una obra que, a día de hoy, continúa siendo de referencia para el estudio del desembarco del 1959, y en algún momento cabía esperar que abordara la obra que dio cuerpo en sus anteriores investigaciones que fueron escenario de tales hechos. La deuda ha quedado, por tanto, saldada. La obra en cuestión consta, como se ha dicho, de 317 de páginas, de las que doscientas setenta y seis corresponden al texto propiamente dicho. El texto se articula en 13 partes o capítulos correspondientes a otras tantas fases de la actividad de los expedicionarios. Enseguida seis anexos, luego los himnos de 14 de junio y del Movimiento de Liberación Dominicana, después, la bibliografía, fuentes consultadas, entrevistas y finalmente el índice onomástico.

Me abocaré a hacer una revisión de la propuesta del libro mediante los principales planteamientos teóricos que sustentan la lectura, la estructura del análisis propuesto, una breve referencia a cada uno de los abordajes, principalmente la caracterización de los tipos de textos que pueden ser analizados utilizando como guía los distintos capítulos, y finalmente, quiero a partir de la propuesta del autor, instarlos e instarlas –siguiendo el espíritu del libro- a reflexionar sobre la necesidad de implementar lecturas más profundas.

Vivir la experiencia “Junio 1959, Desembarco de la gloria”, en tanto enunciado, se me hace un título apropiado, en el sentido que llama la atención, en relación con un posicionamiento y la idea de una realidad completa. Sin embargo, haciendo uso de los mismos recursos que nos plantea el libro, como cuestionamiento, más bien nos inquiere directamente a tomar una posición frente a esa realidad, dejando constancia de la necesidad de una actitud a la que como lectores estamos llamados.

Desde los “apuntes a un relato histórico” del libro, de Bernard Diederich, el autor nos plantea la importancia de confirmar los hechos y verificarlos, el poder transformar una serie de datos en un dialogo interesante hace que la historia se torne más íntima, una característica ineludible a nuestra condición de seres humanos, que se convierte en el medio para poder acceder al mundo y para poder experimentar una auténtica capacidad de comprensión de la realidad. “Junio 1959, Desembarco de la gloria”, pasa justamente por asumir nuestra condición en el mundo y poder establecer relaciones críticas. Desde la visión de Deláncer, misma que se sustenta en “escrutinio de documentos, estudios sobre el suceso, periódicos y revistas dominicanas y extranjeros, investigaciones en el archivo Nacional y los archivos nacionales de Washington”, estas relaciones críticas no se potencian comúnmente dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje, esto por la existencia de un modelo memorístico en la perspectiva tradicional de lectura con la cual hemos sido educados.

En ese sentido, el libro consiste en empezar a dar pasos para poder tener un conocimiento mayor de la realidad a través del análisis y de un juicio razonado del texto, es decir, de las diferentes representaciones y manifestaciones culturales que son parte del mundo. Esa, que hasta el momento he llamado realidad, no es sin más, el espacio social donde interactuamos, el cual está cargado de símbolos que responden en tiempo y espacio a nuestra vivencia particular y a las vivencias que generan los múltiples textos que pueblan lo que Lotman (1996) llamara la semiosfera. La lectura remite entonces, a una decodificación simbólica, tarea que no es sencilla y pasa justamente por una habilidad analítica que dichosamente se puede adquirir. A este respecto valga la aclaración que estamos entendiendo por leer, no la visión denotativa que podemos encontrar en la primera acepción del diccionario de la Real Academia, pasar la mirada por un texto (Real Academia Española, 2014), sino un ejercicio comprensivo e interpretativo. Por ello, la idea del análisis que detenta el libro va más a poder motivar a lectura y su relación con fenómenos sociales, históricos y culturales.

La idea es generar también una actitud crítica y autocrítica hacia todos aquellos productos culturales que involucren nuestra propia representación y la representación de los demás, para que no produzcamos, reproduzcamos, ni consumamos prejuicios y estereotipos discriminadores, sexistas, racistas y clasistas sobre los que consideramos diferentes. La lectura es pues el requisito primero para un análisis en el cual accedemos a la realidad a partir de los textos que la configuran, textos que no son necesariamente aquellos a los que la educación formal también nos acerca como tales, los literarios, sino una gama amplia como la que se incluyen a lo largo de los 13 capítulos que conforman las propuestas de análisis en el libro.

¿Qué efecto pragmático provoca el plantear las peripecias del desembarco en el mundo mostrado como en el lector? ¿Cuáles cogniciones sociales e ideológicas emergen del tratamiento que los textos hacen del mundo blanco y del mundo negro? ¿Cuál es la función asignada a los expedicionarios en el texto? Con el fin de concentrar mi exposición en la imagen que genera el texto sobre los expedicionarios, he optado por buscar un eje común en el texto seleccionado. Dicho eje lo constituye la fascinación que causan las acciones heroicas de gente que lo deja todo por la libertad de su patria y la repulsa que provocan las actuaciones de los militares que sirvieron a una dictadura, sangrienta por demás, como la de Trujillo (y en los mismos militares). En los textos existe una preocupación por detallar el  impacto o efecto pragmático que provoca la presencia de una expedición de patriotas y la repulsa hacia los militares al servicio de Trujillo.   Para la generación de tales efectos, los textos echan mano de una serie de estrategias discursivas con el fin de resaltar las cualidades, bondades y valores de los expedicionarios y minimizar sus aspectos negativos, a la vez que destacan defectos, antivalores y conductas negativas de los militares que sirven a una dictadura y minimizan o soslayan sus cualidades y bondades.

Portada del libro Desembarco de la Gloria.

El resultado es predecible: los expedicionarios aparecen como modelo y los militares que sirven a una dictadura como anti modelos. Hacia lo primero se reclama la adhesión y hacia lo segundo el rechazo. Observemos cómo sucede esto en el texto. “Junio 1959, Desembarco de la gloria (Juan Deláncer, 1980) es la versión dominicana de La revolución cubana en sus inicios. Dicha adaptación se lleva a cabo en una doble dirección: del acontecimiento cubano a la realidad dominicana y de la realidad dominicana al contexto cubano. La versión de Deláncer elimina aspectos básicos de la versión cubana como la experiencia cubana en los aprestos de lucha anticolonialista. La mayor concientización del pueblo cubano en los aspectos políticos, para introducir problemas fundamentes del entorno nacional: el vocabulario, la distinción étnico-cultural y la sustitución del Granma por el Curtis y varias lanchas, asunto que posibilita la sustitución de los instrumentos de navegación  para el éxito del desembarco.

Aunque otros vean en estas modificaciones una audacia literaria que subvierte el modelo estético europeo, para nosotros esto representa un mecanismo discursivo que propicia la introducción de la realidad nacional y la problemática cultural reinante. Ya desde el mismo título (“Junio 1959, Desembarco de la gloria”) se evidencia que la primacía sintáctica de los expedicionarios no es más que un recurso para ocultar la parcialidad del narrador hacia la fascinación por los expedicionarios y la repulsa a los militares. Dicha preponderancia acentúa la posición social que ocupa el narrador en el contexto sociocultural: quien habla se autoconceptúa de condición revolucionaria, razón por la cual ubica como tópico a los expedicionarios, pues es característico que mencionemos primero al otro y luego al nosotros. Además, la conjunción sirve para indicar que estamos ante dos universos totalmente diferentes desde el punto de vista cultural: no se trata de una rivalidad fraternal, sino de naturaleza militar.

El cotexto se encargará de confirmar que  la  preponderancia  de los expedicionarios presente en el título no es más que una estrategia del discurso para colocar primero lo que en el contexto sociocultural está de último. El orden asignado en el título vendría a servir de atenuante, ya que al iniciar el cotexto encontramos en primer lugar a la expedición. En el cotexto, la fascinación del narrador por los expedicionarios y su desprecio por los militares al servicio de la dictadura se va a poner de relieve en dos aspectos básicos:  en  el  retrato que hace de ambas y en las actitudes o efectos que provocan en quienes las rodean.

Veamos estos dos aspectos.

a) Junio 1959, Desembarco de la gloria. Casi todas las antítesis de este relato se concentran en el retrato que el narrador hace de la los expedicionarios y los militares al servicio de la dictadura. De él se desprenderá un binarismo antitético en los siguientes niveles: estético, cognitivo, moral, religioso, socioeconómico, biológico y étnico- cultural. Veamos.

Estéticamente hablando, los expedicionarios aparecen como un modelo de sacrificio, del buen comportamiento patriótico, la solidaridad, el arrojo y la valentía, mientras que los militares al servicio de la dictadura, por el contrario, son representados como su antimodelo: desorganizados, miedosos, desaliñados, sin educación. Es evidente el retrato negativo estos. Los rasgos que se le asignan ponen de manifiesto la posición del enunciador y del texto frente a los expedicionarios, a la vez que orienta y sesga el gusto del lector a favor de los expedicionarios y en contra los militares: mientras que el retrato de los expedicionarios atrae y genera empatía, el de los militares provoca repulsión y rechazo: el modelo estético de los expedicionarios es privilegiado en detrimento del modelo estético de los militares. El primer fascinado por los expedicionarios y de estar en contra de los militares es el narrador. Con esta actitud espera persuadir a los lectores a favor de sus personajes predilectos y en contra del rechazado.

Juan Delancer autor del libro Desembarco de la gloria.

El narrador termina de guiar nuestras filias y fobias cuando hace derivar de estas diferencias biológicas otras diferencias de carácter moral y cognitivo: según esto, los militares son malos, mercenarios, engreídos, ruines, presumidos, arrogantes y egoístas, mientras que los expedicionarios son exaltados con cualidades como buenos, obedientes, nobles, sencillos, amables, discretos, piadosos y respetuosos. Estas valoraciones morales hacen que aumente nuestra estima, aprecio y agrado por los expedicionarios y acentuemos nuestro rechazo por los otros. 

Si unimos los resultados obtenidos del retrato físico y del moral, vemos cómo el texto hace corresponder la belleza física con la belleza del alma y la fealdad física con la fealdad del alma, esto remite a la triada axiológica clásica presente en la filosofía platónica: bello, bueno, verdadero. Tanto en lo físico como en lo moral, el retrato exaltado es de los expedicionarios y el rebajado es el de los militares.  Finalmente, para cerrar con el retrato destaquemos una serie de actitudes derivadas de la división espacial del texto y que nos remite a la división del trabajo. Los expedicionarios están “en un campamento militar con un entrenamiento riguroso forjando un porvenir al que todos aspiran, mientras que los militares y las fuerzas mercenarias y los campesinos están simplemente tratando de ganar el poco dinero que se les ha ofrecido.

De la relación de estos personajes con tales espacios deviene un conjunto de actitudes que tienen una doble función en el lector: le refuerzan su adhesión por el modelo político, estético, biológico, moral y socioeconómico de los expedicionarios, y terminan de indisponerlo frente al antimodelo de los militares, en especial cuando el relato se esfuerza por persuadirnos de que el dominio de la dictadura sobre el país es injusto y antinatural.

Veamos ahora el tratamiento que el narrador da a los personajes, cómo los   llama.  En   el   título   podemos decir que hay una ausencia de los militares, de los mercenarios y los campesinos solo están los expedicionarios ambos están vistos desde el punto de vista estético, pero en el contexto se   produce un cambio, los expedicionarios son llamados alternadamente patriotas, nacionalistas, leales, fieles o héroes. Mientras que los militares son llamados, mercenarios, soldados a sueldo.

b) Estrategias discursivas

Como principal estrategia discursiva encontramos el rigor y la eficacia que Deláncer tiene para construir sus párrafos de una manera elegante, poética, que asombra ante un relato que él mismo dice que es periodístico, tanto desde el punto de vista del retrato cómico burlesco o caricaturesco aplicado por el narrador a los militares, como desde el punto de vista del lenguaje con el cual el narrador le hace guiños al lector. Como del Mundo Cotidiano que representa la realidad, se rige por la lógica habitual o semejante a nuestra realidad. Se reconoce por la descripción objetiva y detallada de los objetos, paisajes y acontecimientos en donde se desenvuelven los personajes. Mundo realista donde se ajusta la realidad de los acontecimientos. Mientras más minuciosa sea la descripción, más credibilidad habrá en el lector. Son recursos utilizados para blindarse, reforzando y aumentando el nivel de credibilidad que el receptor pueda tener sobre el emisor. Deláncer sobrepasa esos criterios elevándose a una dimensión de genialidad creadora.

Es evidente que escribir un texto basado en hechos reales con la intención de que todos comprendamos la implicaciones políticas e ideológicas que aquel acontecimiento produjo en la conciencia de los jóvenes dominicanos que hasta ese día estaban perplejos inutilizados por la propaganda totalizadora del régimen, nos hace valorar aún más este esfuerzo titánico de Juan Deláncer de estrujarnos estos acontecimientos de una manera delicada, gentil de manera que no nos demos cuentas de la euforia que siente el autor por contarnos los acontecimientos.

Estructura del cotexto No se puede escribir tal acontecimiento sin escrutar los antecedentes económicos, sociales, políticos e ideológicos que dieron inicio a una epopeya tan difícil de entender para las nuevas generaciones ausentes del discurso de rebeldía que forjaron estos expedicionarios. Tres de los detalles más importante para entender el ascenso de Trujillo al poder son: primero, el de los empréstitos de Hartmont 1869 que “derivó en un colosal fraude en perjuicio del país. Segundo, el empréstito Westerdorp de 1888 que “sirvieron de pretexto al presidente Woodrow Wilson para decretar la ocupación del país”. Y finalmente, los términos de la convención de 1907 firmada durante el gobierno de Ramón Cáceres. Además de esos acontecimientos arriba mencionados, Deláncer nos nuestra que “las luchas internas se renovaran crudamente en 1913. Más que por razones de orden político, tales conflictos estuvieron matizados por razones de tipo personal”. “Los constantes enfrentamientos armados entre los grupos de la pequeña burguesía dominicana ofrecerían el mejor argumento para justificar, ideológicamente, la invasión de marines en noviembre de 1916”.

La causa de la desocupación nos la explica, razonablemente Deláncer, cuando afirma “ ocho años permaneció en  el país el ejército de ocupación estadounidense, que solo se decidió a retirarse cuando para un gobierno ya no era buen negocio la industria azucarera” y continuó, “cuyos precios habían alcanzado apreciables niveles al final de la primera Guerra Mundial, pero decayeron estrepitosamente entre 1920 y 1921”. La mejor explicación de la subida de Trujillo al poder la da Deláncer en la página 31 es la siguiente:” Con el desarme total de la población, la disolución del ejército y el establecimiento de una guardia Constabularia (El proceso para crear lo que sería la Guardia Nacional dominicana) integrada por dominicanos con oficiales interventores, la ocupación extranjera estaba preparando, con ello, el único instrumento de poder que quedaría instalado en el país a la partida de los marines en junio de 1924. Rafael Trujillo, un joven telegrafista de 24 años a la hora de solicitar ingreso en la guardia Nacional, ya estaba listo para ascender a la máxima jefatura de ese cuerpo, lo que alcanzó en tan solo seis años, en 1925, uno después de la desocupación”.

Me he detenido en estas citas textuales del libro, porque creo que son las más relevantes para entender todo lo que pasó, posteriormente, con el régimen de Trujillo. Sobre todo, como llega Trujillo a la presidencia de la República: la crisis económica mundial de 1929, la gran depresión que trastorno el centro del capitalismo, Estados Unidos etc. “En la republica dominicana, las pugnas entre la pequeña burguesía iban a encontrar en la crisis un clima apropiad para la instauración de Trujillo en el poder, quien en 1929 era el jefe de la única fuerza organizada en un país donde los soldados eran campesinos despojados de sus tierras que ganaban un salario de 17 pesos al mes”.

Los planos narrativos y temporales Deláncer lo maneja con maestría llevándonos desde la Habana luego a Nueva York y finalmente a Caracas. Como, con testimonio de algunos participantes y documentos obtenidos en Washington, nos lleva con una calma deliciosa a compenetrarnos con las actividades de reclutamientos, de conspiraciones, de desacuerdo entre tantos hombres dispuestos a luchar para derrocar el régimen de Trujillo. A Deláncer no le preocupa la linealidad del tiempo, para él, es importante tener una idea de cómo se produjeron los acontecimientos, como influyo el triunfo de la revolución cubana en el ánimo de los expedicionarios, quienes aportaron dinero, asilo y solidaridad a los exiliados dominicanos que deambulaban por Cuba, México, nueva York Venezuela.

Su narrativa es asfixiante, no le permite a uno dejar el libro ni por un instante, lo lleva vertiginosamente a cruzar página tras página a entrar como protagonistas en las discusiones, en la tramas, en los desencantos. La narración cuenta eventos que pasaron realmente. Los eventos pueden ser “adornados” empleando recursos literarios. Sin embargo, los hechos narrados no pueden ser alterados, de lo contrario, dejaría de ser una narración heroica. Realiza la aproximación a muchos personajes, como de leyenda, se basa en personajes y  en hechos reales, los cuales son dignos de nuestra admiración, hasta el punto, en el que dejan de ser para nosotros, personas reales y se convierten en nuestros ángeles guardianes de nuestros destinos. De esta forma es que sentimos cada uno de los expedicionarios, como de leyenda. Hoy en día negar el valor histórico que tienen o pueden llegar a tener las fotografías es absurdo. Insertar una foto en un documento histórico, ayuda a ilustrar parte de la memoria colectiva de un país. Es decir, cuando insertamos una fotografía, congelamos un instante, capturando de esta manera la realidad del momento, y esta imagen del pasado, en un futuro podría ayudar a historiadores a entender nuestra sociedad. Así, toda fotografía se convierte en documento histórico, en un testimonio visual y gráfico de los acontecimientos de una época. Eso hace Deláncer, con las múltiples fotografías de los personajes importantes de la expedición. Enrique Jiménez Moya, Camilo Cienfuegos, Fidel, el inmenso Poncio Pou Saleta, personajes que si no fuera por esas imágenes pasaran simplemente como nombres, como Rinaldo Sintjago, Alfonso Canto, y  francisco Castellanos.

Unas inferencia necesaria:  “El proyecto de desembarco no contaba con un previo análisis de la correlación de fuerzas existentes en el país, así como el nivel de conciencia política alcanzado por la población sometida. Unas fuerzas Armadas cohesionadas, la ausencia de un movimiento opositor compacto, y un campesinado absorbido por la propaganda trujillista y dominado por el terror, conformaban un valladar que se enfrentó con espantosa crueldad a quienes la desconocieron en su momento”. No creo que sea preciso en decir, que ahí está la causa del fracaso de la expedición. “Santo Domingo no era Cuba ni sus montañas la Sierra Maestra”. Fueron muchos los criterios disidentes que se oponían a la expedición, pero la suerte estaba echada. El 14 de junio de 1959, se tenía prevista la expedición por Constanza, Maimón y Estero Hondo, que iniciaba el proceso revolucionario que derrocaría al régimen de Trujillo.

Para esta fecha no se pudo realizar lo planificado, sino que solamente se pudo aterrizar en Constanza y de la manera más inapropiada. Llega a Constanza el primer grupo de guerrilleros a las 6:20 PM, en un avión pintado con las siglas de la fuerza aérea de Trujillo. El aterrizaje se produjo en el aeropuerto militar de Constanza. Este contingente estuvo comandado por Enrique Jiménez Moya y el cubano Delio Gómez Ochoa. En el avión, piloteado por el venezolano Julio César Rodríguez y el expedicionario dominicano Juan de Dios Ventura Simó, ex capitán de la Fuerza Aérea Dominicana, vinieron 56 combatientes. El aparato emprendió vuelo después de dejar en tierra a los expedicionarios. Al pisar tierra dominicana, Jiménez Moya y sus acompañantes intercambiaron disparos con militares que se acercaron al aparato para indagar sobre el aterrizaje. Al dejar precipitadamente el avión, dejaron sus equipos y armas, luego se dividieron en dos grupos, uno de 33 hombres que marcharon hacía El Río y Tireo, y otros, 20, que fueron a Los Botados. El aterrizaje debió realizarse inicialmente en San Juan de la Maguana, pero las condiciones atmosféricas imperantes en ese momento en la República Dominicana, obligaron a los expedicionarios a dirigirse hacia Constanza. Luego se internaron en las montañas. El arribo del avión se había coordinado con la llegada simultánea de lanchas que conducían a los demás expedicionarios, pero se presentaron inconvenientes que retardaron el desembarco marítimo.

El 17 de junio fue detenido Rafael Tomás Perelló, declarando a Ramfis sobre los desembarcos y sobre Ventura Simó. El día 19 de junio de 1959, habían sido capturados y eliminados 20 guerrilleros; el 20 de junio eran 42 los muertos y dos los presos. El piloto Ventura Simó fue torturado y asesinado. El 20 de junio desembarcaron por Maimón y Estero Hondo de dos lanchas: a) la “Carmen Elsa”, capitaneada por los griegos Bellelis y Theodokakis, que trajo 121 combatientes, y La “Tinina”, capitaneada por Francisco Martín Fernández, que trasladó 48 expedicionarios, escoltadas ambas naves por la fragata cubana Máximo Gómez de Cuba. Todo eso detallado magistralmente por Deláncer en capítulos que nos hacen hervir la sangre, que nos llenan de coraje, indignación cómo fueron salvajemente torturados y fusilados. “Jiménez Moya y su ayudante, Gustavo Patiño, llegaron a un bohío en pésimas condiciones, jadeantes y con los pies hinchados. Según la versión más socorrida obtenida por el autor en la población de El Rio, Jiménez Moya y su compañero fueron delatados por un lugareño, quien informó de su ubicación a los guardias. Varios campesinos detuvieron a Jiménez Moya y a Patiño, les ataron las manos y bajaron con ellos hasta el pequeño poblado. Los militares, caminando presurosos en sentido contrario, se encontrarían con los prisioneros, quienes serían fusilados en una estrecha vereda”.

Los 121 hombres del yate “Carmen Elsa” desembarcaron por Maimón, y estaban comandados por los doctores José Horacio Rodríguez Vásquez y Virgilio Mainardi Reyna; los del yate “Titina” eran 48 expedicionarios comandados por Rafael Campos Navarro y Víctor Manuel Mainardi Reyna (a) Silín, quienes desembarcaron por Estero Hondo. La mayoría de los expedicionarios capturados por el régimen de Trujillo fueron torturados en las cárceles del gobierno, especialmente en «La 40» y en «El 9». Sobrevivieron a la gesta de junio los dominicanos Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo Germán y los cubanos Delio Gómez Ochoa y el jovencito Pablito Mirabal.

La expedición fue un fracaso militar pero un éxito moral: “Las expediciones de junio de 1959, aunque resultaron  un fracaso militar,  porque no alcanzaron sus objetivos tácticos y estratégicos, por sus características y proyecciones  revolucionarias,  así como por los efectos que produjeron en la sociedad dominicana, fueron  las más importantes de todas las actividades de los exiliados, ya que marcaron el inicio del derrumbe definitivo  de la tiranía y el incremento de la lucha interna con la formación de un amplio movimiento oposicionista  que culminó  con el ajusticiamiento de Trujillo”-dice  Emilio Cordero Michel.

Concluyo.

«¿Necesita verdaderamente la República Dominicana otro libro sobre el desembarco de 1959?». Pues depende de lo que el lector busque. Hay en esta obra tanto material nuevo como más madera para apuntalar muchas más. Pero el «Balance del desembarco», donde se recoge buena parte de los juicios que desde los mismos días del acontecimiento se vertieron sobre las figuras tan decididamente poliédrica, en lo político y en lo personal, no depara, a mi entender, sorpresas reseñables. Tengo, no obstante, la impresión de que predominan las simpatías; y cabe dudar, de añadidura, que, tras la lectura del aludido «relato», la acumulación de más y más páginas pueda ayudarnos a poner orden en las contradicciones que, en su modus vivendi, personal y político, han señalado los historiadores a lo largo de los últimos cincuenta y nueve años a propósito del desembarco de la gloria.   

“1959, desembarco de la gloria” es un relato realista, que fue escrito durante el gobierno de Antonio Guzmán en 1980. Esta tiene como asunto el coraje, el desprendimiento y la valentía de los expedicionarios, ya que en la obra se menciona varias veces la importancia del heroísmo, el arrojo y el desinterés en la lucha por la libertad y toda la historia fue causada por el deseo de los expedicionarios para acabar con la dictadura de Trujillo. Es narrada en diversos planos temporales y narrativos y tiene varios datos interesantes como la causa de la invasión de los marines estadounidenses, la subida de Trujillo a la jefatura del ejército, el ascenso del mismo a la presidencia, pero el clímax mayor se presenta cuando aborda el fracaso de la expedición. 

Al ser un relato realista, tiene un narrador omnisciente que cuenta en detalle la vida cotidiana de los expedicionarios principales. Este relato es un perfecto ejemplo de cómo Juan Deláncer veía a los expedicionarios, como un modelo de sacrificio, del buen comportamiento patriótico, la solidaridad, el arrojo y la valentía, mientras que los militares al servicio de la dictadura, por el contrario, son representados como su antimodelo: desorganizados, miedosos, desaliñados, sin educación.  El autor hizo un gran trabajo con este relato, con una prosa poética que permite contar el mismo hecho de muchas maneras diferentes y al no tener medidas y ritmos establecidos, con párrafos regulares, medidos casi matemáticamente, para no cansar al lector con largos párrafos,  utiliza el renglón completo dando únicamente los espacios y pausas necesarias con ayuda de puntos y comas, ya que aunque para algunos pueda parecer superficial la exactitud de los párrafos o muy materialista, realmente es algo mucho más profundo que eso.

Habla de la desesperación del hombre que quiere la libertad de su patria usurpada y aterrorizada por un tirano implacable, que tiene sometida a toda una población a través del miedo y el terror. De jóvenes, hombres maduros y ancianos que buscan en lo más recóndito de su ser, el estímulo, las sensaciones o experiencias de poder dar más de lo que tienen, en aras de la libertad, y morir sin poder hacer nada más que morir por lo que uno cree. Cabe preguntarse si tuvieras la oportunidad de elegir entre dar la vida por tu país y permanecer joven sin hacer nada por nada, envejecer lentamente y morir, qué preferirías? (Referencias: Juan Deláncer Junio 1959, Desembarco de la gloria. Santo Domingo, Editorial Santuario, 1980.Tercera edición, 2014, pp. 317.–

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