Andrés Merejo: Diálogo Filosófico con Roberto Feltrero (2-4)

Foto: (Universidad de Diderot, Paris, 2019). Maricarmen Gil Ortega, de la Universidad del Oeste de Londres, Reino Unido_ Roberto Feltrero, España (UNED)_ Yvelisse Melo y Andrés Merejo, Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Cognición y Valores

La realidad tecnológica que hemos construido entre todos y que ya tenemos en nuestras manos, como el caso de la ciberesfera, supera desde el punto de vista moral o ético a ideales futuristas como el del sujeto posthumano.

(A.M): El Neurocientifico, filósofo y  psicólogo Antonio Damasio en su libro “El extraño orden de las cosas” (2018) explica que la unidad básica de la mente es la imagen. Aunque en su mayor parte dependen de nuestro registro interno, los seres humanos están envueltos en imágenes mentales que se  refieren al mundo, la realidad, la virtualidad y el cibermundo. Todas entran en la recordación a partir de “la memoria, con sus objetos y acontecimientos”. Según Damasio, esa imagen de la mente es “de una cosa o de lo que hace la cosa, o de lo que la cosa hace que sintamos; o la imagen de los que pensamos de las cosas; o de la imágenes de las palabras que traducen cualquiera de la imágenes anteriores” ((Pp. 132-141). En tales aspectos, la mente está hecha de algo más que de imágenes directas, de objetos y acontecimientos y su traducción al lenguaje, porque, también, se encuentran  en ella “innumerables imágenes referida a cualquier objeto o acontecimiento que ayuden a describir  sus propiedades constitutivas y sus relaciones” (Ibíd.). ¿Cómo articular este enfoque de las imágenes en la conceptualización de la mente extendida, distribuida?

(R.F.O): Este tipo de trabajos me hacen pensar lo difícil que es la ciencia cognitiva:

Cómo demostrar que el procesamiento básico del cerebro está basado en imágenes cuando la principal “ventana” para entender nuestros procesos cognitivos más avanzados es el lenguaje. Cómo establecer puentes entre la conducta externa y los relatos lingüísticos que hacemos de ella con la conciencia, cuya unidad básica de procesamiento es el lenguaje. Cómo integrar esta visión de Damasio, tan estimulante y tan bien fundamentada, de la imagen como unidad básica de lo cognitivo con esas evidencias del lenguaje consciente. Cómo establecer relaciones entre todas esas unidades básicas, el lenguaje, la imagen o el carácter asociativo del procesamiento neuronal, con las evidencias empíricas que tenemos sobre los patrones de activación neuronal. Como digo, la ciencia del cerebro sigue siendo, con seguridad, el mayor misterio científico al que nos enfrentamos hoy en día.

El filósofo y lingüista recien fallecido (abril 2019) Marcelo Dascal

La mente extendida trata de defender la idea de que todos estos lenguajes o unidades básicas de la cognición se integran, se combinan y se procesan como información neuronal. Y lo hacen al mismo nivel neuronal en el que integramos los artefactos o estímulos externos en ese procesamiento. La representación que un patrón neuronal hace de un texto o imagen de nuestra memoria o de un texto o imagen del exterior, parece tener un lenguaje común en el que se integran. No es que representemos de nuevo, en imágenes o textos o cualquier unidad básica de la cognición, la información del exterior, sino que directamente se procesa como una unidad de información neuronal, como señales, umbrales y patrones de activación. Pero, evidentemente, esta propuesta necesitara de muchas pruebas científicas sobre nuestros cerebros para ser demostrada, y no son sencillas.

Los defensores de esta visión se apoyan en resultados prometedores de investigaciones en inteligencia. Modelos de este tipo se construyen en unas redes neuronales artificiales mediante simulaciones y experimentos con estos conceptos de cognición extendida y distribuida en el entorno. Esos sistemas de inteligencia artificial procesan toda la información interna o externa a un mismo nivel. Los sistemas no se programan traducir esa información a un lenguaje en imágenes o de otro tipo. Simplemente se programan para aprender a resolver tareas, mediante algoritmos evolutivos, generalmente. Y una vez que ese sistema consigue resolver la tarea cognitiva, solo tenemos la evidencia de las señales eléctricas que circulan por esas neuronas artificiales y los patrones de activación que se forman durante el proceso de aprendizaje. Nada sobre la naturaleza de la representación de la información.

Y, realmente, para los fines de la inteligencia artificial, no importa. Me explico: imagina que los diseñadores de la aviación se hubiesen empeñado en que los aviones usaran los mismos mecanismos que las aves y movieran sus alas para impulsarse. Dudo mucho que la aviación hubiera podido desarrollarse con tecnologías móviles tan grandes y complejas. En cambio, dividimos las funciones naturales de las alas de las aves, sustentación e impulso, en dos elementos tecnológicos diferentes. Por un lado las alas rígidas para la sustentación, por otro los motores para el impulso. Y ahí tenemos una tecnología que no imita lo natural, pero que es igual de útil y funcional. Del mismo modo, si intentamos entender y reconstruir la mente desde una sola unidad básica de las representaciones mentales, aunque tengamos todo tipo de pruebas sobre la plausibilidad natural de ese modelo, quizá vamos a tener dificultades para conseguir reproducir esos mecanismos cognitivos.

Creo que los filósofos debemos estar atentos a estas propuestas cognitivas más bien desde un punto de vista valorativo. En el sentido de que no debemos caer en argumentos o falacias naturalistas para la cognición. Que nuestros cerebros naturales funcionen con imágenes, o con lenguaje, o con señales eléctricas y neurotransmisores que no generan realmente ningún lenguaje representacional a nivel neuronal, no debe servir para fundamentar valores asociados a la cognición. Sea como sea ese carácter “natural” de cómo procesamos la información, los valores cognitivos deben atender a muchos más factores. Precisamente a todos los lenguajes y artefactos externos con los que resolvemos nuestras tareas. En ese sentido, y perdón por la simplificación, la teoría de la mente extendida sería una teoría pluralista en la que todos los lenguajes, internos y externos, juegan un papel de igual importancia a la hora de resolver tareas cognitivas complejas.

(A.M): En la investigación sobre Funcionalidad Abierta. Cognición y Valores en el diseño de las tecnologías computacionales como tecnologías cognitivas (2013), tú piensas desde la relación del mundo computacional en el ámbito social, tecnocientífico, cognitivo y la mente extendida, la innovación social, educativa y ética. Además enfocas los valores cognitivos en la interacción humano- computador, que implica lo cognición distribuida y los valores sociales. Apreciaciones filosóficas y científicas que se colocan más allá de los recursos cognitivos cerebrales que se enfocan en el dominio interior del cuerpo, sin tomar en cuenta lo exterior, el entorno, el cual forma parte del sujeto. ¿Tú has seguido profundizando estas líneas de trabajado, los cuales apunta a un nuevo enfoque filosófico de la cognición vinculado  cuerpo, cerebro, mente, lenguaje y en el entorno?      

(R.F.O):

La investigación que comentas se ha ido desarrollando en la vía de la axiología. La idea ha sido investigar sobre estas ideas que citas para poner el foco en las cuestiones valorativas asociadas a la cognición. De hecho, esto nos conecta con lo que comentamos antes sobre las imágenes mentales de Damasio. Porque una cosa es constatar cómo funciona la mente de manera natural y otra diferente cómo necesitamos que funcione para desenvolvernos como ciudadanos.

La sociedad funciona y se estructura mediante lenguaje y números. Nos pasamos el día argumentando con los demás sobre normas, protocolos o procesos que están todos consignados en lenguaje escrito. De igual manera, que nos pasamos el día haciendo cálculos y previsiones con herramientas matemáticas y tecnológicas. El entorno cultural en el que nos desenvolvemos tiene esos elementos básicos. Por ello la educación general básica en competencias lingüísticas y matemáticas es tan importante. No en vano, las pruebas de acceso a la universidad que hacemos aquí en República Dominicana examinan a los chicos de esas dos competencias, lengua y matemáticas.

El neurocientífico y filósofo Antonio Damasio

Pues bien, decir que debemos traducir toda nuestra interacción con las tecnologías en pantallas con iconos, o todos nuestros textos educativos en bonitos cómic con imágenes porque la mente funciona de manera natural con imágenes, es un problema que atañe a los valores cognitivos. Estoy seguro de que Damasio no se atrevería a hacer una afirmación así, pero podemos caer en la tentación de fundamentar científicamente el diseño de tecnologías o de materiales educativos con estas teorías neurobiológicas que se aplican en neuroeducación o neuroética.

La perspectiva axiológica implica no solo reflexionar sobre lo que son o cómo funcionan de manera básica nuestros sistemas cognitivos, sino pensar en la manera sería más valioso de aprovechar su funcionamiento, su flexibilidad y su multimodalidad. Por tanto, no aquello que sea más sencillo de comprender para una mente porque está en su “lenguaje natural” es lo que debemos valorar cognitivamente. Más bien al contrario, todo lo que hemos visto al hablar de mente extendida nos indica que nuestra mente debe ser “nutrida” con todo tipo de lenguajes, conocimientos y sistemas de representación externos para que alcance sus más altas cotas de excelencia cognitiva. Y, a la vez, no hay que menospreciar otro tipo de inteligencias más perceptivas, sensoriales, emocionales o sociales. Ya que nuestro cerebro se compone de tantos lenguajes y facetas, el valor cognitivo es tratar de desarrollar todos ellos. Esto lo llevamos aplicando mucho tiempo en la escuela, porque es de sentido común. No dejemos que visiones simplistas de cómo funciona la mente transforme este valor cognitivo fundamental: la mente debe desarrollarse en todas sus facetas, desde las más naturales a las más artificiales.

(A.M): En el plano de lo multisensorial o en la propia construcción de la percepción estamos imbuidos de imágenes, que van desde lo táctil  con el sistema Braille hasta las visuales, que, de acuerdo a Damasio, nos “permiten que los organismos actúen sobre un objetivo con precisión” (ibíd.) o como las imágenes auditivas que permiten que un organismo se oriente en el espacio, incluso en la oscuridad”, como el caso de los murciélagos.  El sujeto cibernético se caracteriza por lo multimodal  en los entornos virtuales interactivos. Por eso articula el discurso (enunciados), lo visual, movimientos,  lo táctil, los gestos y lo auditivo, así como  otros elementos, que envuelven al sujeto en lo virtual, sin tener presencia física ni sincronización en tiempo-espacio. Lo multimodal, como sistema de comunicación es una construcción  del sujeto cibernetico,  en cuanto mundo tecnológico digital y cibernetico, ya su estrategia comunicacional entra en una relación de poder atravesada por la comunicación, información,  participación y empoderamiento de aprendizaje y conocimiento. ¿Lo multimodal está cambiando el sistema de pensamiento, (la mente, el cerebro) de los sujetos cibernéticos en el cibermundo?

(R.F.O): lo multimodal consigue que todos podamos tener vías de acceso a la información en el modo que mejor se adapta a las habilidades cognitivas que hemos desarrollado durante nuestro proceso de aprendizaje. Lo multimodal es, en este sentido, un ámbito de la reflexión valorativa.  Si mi computadora tiene un entorno gráfico, con ventanas, ratón y botones, con el que la puedo manejar las funciones más básicas y cotidianas y, a la vez, posee una terminal de código en la que puedo programar y ejecutar acciones más complejas que requieren de ese lenguaje de códigos sintáctica y semánticamente estructurados, resulta cognitivamente más valiosa que si solo tiene uno de los dos modos de interacción. No porque el sistema de iconos y ventanas resulte el más sencillo para un “usuario tipo” es cognitivamente más valioso. Resulta más valioso ofrecer a todos los usuarios, en función de sus habilidades o capacidades, un entorno multimodal que se adapte a las mismas. Y no al revés, es decir, que el usuario tenga que adaptarse a un solo modo de mostrar y operar con la información.

Con los computadores personales, con sus pantallas, teclados, ratones y múltiples interfaces de interacción ganamos este valor de la multimodalidad. Con los teléfonos celulares táctiles o con las tabletas, lo estamos perdiendo. Hemos ganado comodidad para ejecutar tareas sencillas, pero hemos perdido muchas opciones para ejecutar tareas más complejas.

Es un sistema de valores cognitivos que también podemos aplicar a la cibereducación. La irrupción de las tecnologías en la educación nos permite usar herramientas para enseñar con múltiples lenguajes representacionales, entornos interactivos, sistemas de aprendizaje colaborativo, etc. Todos estos nuevos sistemas amplían las posibilidades del profesor para desarrollar estrategias de aprendizaje innovadoras. La idea es desplegar estas estrategias junto a las tradicionales para aumentar las posibilidades de aprendizaje de nuestros alumnos. Cuantos más modos tengamos de enseñar un concepto, más sencillo será que todos nuestros alumnos lo aprendan, superando las diferencias que pueden tener por sus diferentes habilidades cognitivas o sociales. El reto de la educación actual no es hacerla tecnológica porque es más moderno, es hacerla tecnológica porque eso permite hacerla más igualitaria e inclusiva.

El caso de las personas con discapacidad es un magnífico ejemplo. Veamos el caso más simple. Si un profesor prepara un material en formato de texto, en formato gráfico y lo pone a disposición de los alumnos en la clase y, también, en una plataforma educativa está posibilitando la educación inclusiva. Unos alumnos elegirán trabajar desde el texto por sus habilidades o por sus características físicas. Por ejemplo, un alumno con problemas visuales no tendrá otra opción y su tecnología asistiva le traducirá ese texto a braille o a voz. Otros alumnos tendrán más sencillo comprender el conocimiento desde la representación gráfica. Por ejemplo, muchos chicos con diversas deficiencias para el aprendizaje que entienden mejor los lenguajes visuales que los textuales. Si el material está en la red, un alumno con discapacidad física podrá trabajar desde su casa y compartir sus conocimientos con los otros alumnos a través de la plataforma sin necesidad de desplazarse.

Además, la interactividad de las tecnologías permite nuevas estrategias como la gamificación, las actividades de autoevaluación o evaluación por pares, el uso y la producción de materiales audiovisuales para completar y personalizar el aprendizaje, etc., etc. Con la tecnología se multiplican las tareas del profesor, pero también se multiplican sus posibilidades de enseñar con diferentes estrategias para que ninguno de sus alumnos se quede atrás por ninguna razón.

El filósofo tecnocientífico Mario Toboso

Y, de nuevo, aplicando el valor cognitivo de la multimodalidad representacional, podemos afirmar que el mejor aprendizaje es que permita a los alumnos entender los conceptos en varios lenguajes representacionales y traducirlos entre sí. A ningún profesor se le ocurre dejar de enseñar matemáticas porque existen calculadoras. Ahora el reto es enseñar matemáticas para que el alumno pueda resolver problemas mentalmente, con lápiz y papel, con calculadoras o con computadoras. El dominio de las competencias debe ser independiente de los lenguajes, los artefactos o los sistemas representacionales para poder usar el más conveniente en cada ocasión.

(A.M):. El doctor Daniel J. Singel, pensador consagrado al estudio de la mente, desde la formación interdisciplinaria, escribió el texto “Viaje al centro de la mente” (2017), donde  explica cómo la mente forma parte de un sistema interconectado y de participación  del  cuerpo, el cerebro y el entorno social. Esta concepción nos dice que la mente no se puede reducir a la piel y a nuestro cráneo, ya que implica lo relacional; es decir, que está embebida en el mundo que lo rodea. ¿De qué manera  cuerpo- mente- entornos virtuales interactivos están cambiando en el cibermundo global en que vivimos?

(R.F.O): El cambio propiciado por las tecnologías computacionales es profundo en la medida que las consideramos tecnologías cognitivas. Nuestro recientemente fallecido colega Marcelo Dascal escribió un interesante ensayo en el que explicaba por qué consideraba el lenguaje como una tecnología cognitiva. Es decir, como un recurso externo para transformar el procesamiento de la información y la toma de decisiones. “Herramientas” como el razonamiento lógico no son visuales o sensoriales, son lingüísticas. Por eso afirmamos que la adquisición del lenguaje cambia la mayoría de nuestros procesos cognitivos. Se puede discutir mucho sobre el carácter innato del lenguaje y su rol en la evolución del cerebro. Tan cierto es que nuestro cerebro está perfectamente preparado para adquirir el lenguaje, como que sin un proceso de entrenamiento externo a temprana edad no lo desarrollaremos nunca. Ese es el caso del experimento del pequeño salvaje.

Como el lenguaje natural, oral, es un tema controvertido, prefiero hablar de lenguajes escritos. El lenguaje escrito cambia nuestra forma de comunicarnos y, además, nuestro entorno pues se empieza a poblar de textos y, con ello, de mucho más conocimiento que perdura en el tiempo, permitiéndonos más logros. Lo mismo ocurre con los lenguajes científicos, por ejemplo. En este punto, uno puede argumentar que esos lenguajes son herramientas epistémicas, no tecnologías cognitivas. Nos da la impresión de que todo lo que sucede en nuestro cerebro al utilizar un lenguaje de algún tipo, sigue siendo una actividad interna de nuestro cerebro. Nada parece que se externalice. El texto de Dascal que antes citaba está orientado a explicar esos ejemplos de “externalización” en el caso del lenguaje.

La cuestión que planteas, entonces, es qué hace distintivo el ciberespacio frente a estas otras herramientas de externalización. Pues lo distintivo es que ahora es muy claro que los computadores  automatizan y sustituyen otros procesos cognitivos. Podemos discutir sobre el caso del lenguaje, pero de lo que no cabe duda es que las tecnologías computacionales sí sustituyen esos procesos cognitivos y los llevan a cabo de manera automatizada. Cuando uno ejecuta un acción preprogramada en una computadora y obtiene unos resultados, ya no es consciente (a no ser que sea el programador) de los procesos y recursos cognitivos que se han puesto en juego para obtener esos resultados.

Aunque llevamos utilizando tecnologías cognitivas durante casi toda nuestra historia, ahora su potencia y su orientación tan directa a la mecanización de actividades cognitivas más complejas requiere otra evaluación. Pero no solo una evaluación ontológica, sino ética y moral sobre las condiciones en las que estamos delegando esas facultades cognitivas a las tecnologías de nuestro entorno.

(Universidad de Diderot, Paris, 2019). Maricarmen Gil Ortega, de la Universidad del Oeste de Londres, Reino Unido_ Roberto Feltrero, España (UNED)_ Yvelisse Melo y Andrés Merejo, Universidad Autónoma de Santo Domingo

(A.M): Para Singel, la mente está constituida por experiencia subjetiva y la plenitud de la conciencia que permite conocer esa sensación subjetiva, un procesamiento de información y un flujo de información que puede estar en la conciencia o por debajo de ella” (P.66).Su discurso hace referencia al pensamiento de Rupert  y Clark , sobre  la filosofía de  la mente extendida, la cual está embebida en el entorno que la rodea , más allá de sus orígenes corpóreos , más allá de su interior. Ellos, además de situarla en el cráneo, la colocan en un sistema de información  que está fuera del cuerpo y en contextos sociales, en lo relacional; es decir que la mente, también “mantiene una interacción y un intercambio constante con ese mundo exterior, con otras personas y con otras entidades del entorno” (ibid; p.172). Desde esta perspectiva ¿cómo tú enfocas la Filosofía de lo posthumano o transhumano y su relación con estos replanteamientos de la filosofía de la mente que tú has trabajado? ¿Cómo tú articulas el sujeto cibernetico, los cyborgs a la ciberesfera que está formada por espacios interactivos cibernéticos de información y conocimiento?

(R.F.O): Para poder responder esta pregunta de tanta actualidad en los debates filosóficos, conviene aclarar un poco esos conceptos que bien traes a colación en este diálogo. Más bien voy a hacer una diferenciación y simplificación para hacer más fácil el discurso. Usemos la palabra transhumanismo para definir el movimiento intelectual que establece que estamos, por decirlo de manera tajante, obligados a utilizar todas las tecnologías y conocimientos científicos y médicos para conseguir que el hombre supere todas sus debilidades y se convierta en un ser mejor, física e intelectualmente. Y reservemos el término posthumano para definir el estado final o las capacidades de ese ser superior.

Es la definición de qué es posthumano lo que dispara la imaginación y multiplica las opciones de cuáles son las posibilidades del ser-posthumano. Un ser modificado genéticamente lo es, siempre que esas modificaciones respondan a mejoras físicas sustanciales. Si la modificación es a nivel físico mediante el uso de implantes, tecnológicos o nanotecnológicos, el sujeto posthumano será entonces un ser dependiente de esos artefactos y de naturaleza tecnológica híbrida. Pero una visión más informacional de lo posthumano nos puede llevar también a admitir como posthumanas a las máquinas o robots de inteligencia artificial que nos puedan llegar a sustituir como habitantes del mundo, o como inteligencia dominante. Y en esta línea, pero menos apocalíptica, tenemos la propuesta de que el posthumano será aquel ser artificial en el que consigamos implantar nuestra mente, nuestros recuerdos, nuestras experiencias. De ese modo podremos conseguir la inmortalidad a través de la existencia en seres artificiales posthumanos controlados por nosotros, por nuestra mente trasplantada a un cuerpo mecánico.

Si hablamos solamente de transhumanismo como esa obligación moral de ser cada vez mejores, podemos entender cómo la teoría de la mente extendida viene a desmitificar la parte más ficcional de esa teoría para naturalizarla, en cierta medida. Como ya comentamos cuando hicimos alusión a esa metáfora tan lúcida de Andy Clark sobre nuestra condición de seres nacidos para ser cyborgs (natural-born cyborgs), en el aspecto cognitivo estamos siempre reconstruyendo y mejorando nuestro cerebro natural. Pero lo hacemos mejorando el entorno tecnológico o artefactual en el que se desarrolla esa actividad cognitiva. Somos cyborgs, si, en la medida que usamos papel, lápiz, ábacos, calculadoras o computadores. Según la mente extendida o la teoría de la cognición distribuida de Hutchins, esos elementos tecnológicos son parte de nuestros sistemas cognitivos. Ya nos hemos hibridado con la tecnología, al menos desde el punto de vista cognitivo, y ya somos transhumanos desde hace mucho tiempo.

Lo mismo ocurre si hablamos del sujeto cibernético en el sentido en el que tú lo sueles utilizar, Andrés. No como un humano dominado o controlado por la máquina, el kybernetes, sino como un sujeto integrado en una ciberesfera. Y es que los computadores, que se originaron inicialmente como tecnologías para el control automatizado, han alcanzado su más altas cotas de influencia en los seres humanos como tecnologías de la información y la comunicación, no del control. Por eso la ciberesfera que no tiene la acepción negativa de sistema de control, sino la de espacio de tecnologías informacionales.

¿El sujeto cibernético es producto del transhumanismo? Sí, podríamos afirmarlo, es un producto de nuestra mejora gracias al rico entorno informacional que nos proporcionan las tecnologías. ¿Es el sujeto cibernético posthumano? Bueno, las visiones más radicales del posthumanismo no lo aceptarían así. Quizá las del transhumanismo tampoco, pero como lo he tratado de simplificar, es decir, como el deber moral de tratar de ser mejores, si se puede decir que, cognitivamente, somos ya transhumanos también gracias al entorno del ciberespacio.

Creo que la conclusión para todo este tema, de nuevo, debe ser axiológica. Si el valor que prima en el desarrollo tecnológico del ser posthumano es la idea de que todos podemos ser tecnológicamente perfectos, entonces significará que todos seremos iguales. Al menos en esas características modificadas por las tecnologías (genéticas, digitales o nanotecnológicas, igual da). Esta es una de las utopías clásicas de la ciencia ficción: una sociedad de seres perfectos y, por ello, felices. Y en esas utopías siempre se encierra algún tipo de mecanismo de control o enajenación de esos seres felices.

Pero si el valor que prima es la justicia, entonces la visión transhumanista débil que estoy tratando de defender se puede ver como un camino sin destino final. Siempre estaremos usando las tecnologías exteriores para mejorarnos como personas, cada uno en su ideal de persona. La justicia derivará de esa autonomía personal para construir un individuo mejorado según las convicciones de cada uno. Pero con la misma consideración de ciudadano que el resto.

Pero ese camino tiene dos direcciones a la hora de mejorar al ser humano. Mejorar su cuerpo es uno. Mejorar su entorno para que cada cuerpo individual pueda desarrollar todas sus capacidades es el otro camino. Mi grupo de investigación en España sobre cuestiones de personas con discapacidad, dirigido por Mario Toboso, hace una interpretación muy interesante de estas cuestiones desde el concepto de diversidad y con el marco teórico de enfoque de las capacidades desarrollado Amarty Sen o Nussbaum. Las personas (mal llamadas) discapacitadas, no requieren, necesariamente, de tecnologías para tener las mismas capacidades que aquellos que no estamos afectados por esos problemas. Ellos usan capacidades y habilidades funcionales diferentes para resolver los mismos problemas. Una persona con problemas de visión puede leer igual de rápido su texto en braille que uno de nosotros lo hace con sus ojos. Ejecuta la misma tarea y alcanza los mismos resultados con otras habilidades funcionales. Por ello hablamos de diversidad funcional, no de discapacidad. La tecnología no tiene por qué ser necesariamente utilizada para modificar sus cuerpos y hacerlos iguales que los del “ciudadano tipo”. La tecnología la usamos, en este caso el teclado o el libro en braille, para modificar el entorno de modo que ofrezca alternativas para sus habilidades funcionales y no suponga una barrera para su desempeño con sus propias habilidades y recursos.

Evidentemente, podríamos usar las avanzadas tecnologías que gustan a los transhumanistas para alcanzar un umbral de capacidades mínimo. Ese es un concepto interesante y es una posibilidad que queda abierta al individuo que así lo decida. Pero la justicia consiste en que los entornos sociales, ya sean educativos, laborales o de cualquier tipo, se transformen para admitir la diversidad y garantizar la inclusión de todos. Es decir, el proyecto transhumanista de mejora del ser humano se hace más justo y equitativo no cuando nos hace a todos iguales, sino cuando lo que mejoramos es el entorno en el que se desenvuelve cada ser humano para permitirle alcanzar todos sus objetivos personales, individuales, con sus propias herramientas funcionales.

Esta conclusión está en consonancia con las reflexiones valorativas que hicimos sobre la cognición extendida. Y tienen una prueba palpable: las transformaciones que estamos viendo en los últimos años en la ciberesfera apuntan a este entorno pluralista e inclusivo. Tanto en el desarrollo de millones de espacios web diferentes, como en la riqueza y diversidad de proyectos de aplicaciones de software. Esa pluralidad de recursos tecnológicos e informacionales ha posibilitado muchos más espacios para la diversidad, la integración y la inclusión, que para la consecución de un solo tipo o perfil de ser humano superior. La realidad tecnológica que hemos construido entre todos y que ya tenemos en nuestras manos, como el caso de la ciberesfera, supera desde el punto de vista moral o ético a ideales futuristas como el del sujeto posthumano.

(A.M). Parto de una filosofía cibernética innovadora, que he definido como el estudio epistemológico cibernético y sistémico del lenguaje –cerebro  – mente, así como de una teoría del sujeto cibernético  y su relación con el control de la comunicación, la información, el ciberespacio y el poder social en el cibermundo ( cibercultura) y el mundo (cultura)  que forman un hibrido planetario. Algunas de estas reflexiones van por las líneas de investigación que tú vienes realizado desde hace dos décadas y tienen que ver con el enfoque cognitivo, los valores, estrategias puntuales en el diseño y manejo de aplicaciones tecnológicas en el ámbito computacional y ciberespacial. ¿Cómo tú articulas la filosofía  en ámbitos estratégicos del cibermundo,  la innovación social y educativa? ¿De la tecnología disruptiva y la revolución 4.0?

(R.F.O): Creo que el papel de la filosofía en este contexto se entiende muy bien simplemente si pensamos en el caso del transhumanismo que acabamos de comentar. La reflexión sobre el ideal de un sujeto posthumano implica casi todas las ramas de la filosofía. Desde la ontología, en el sentido de qué exige un concepto del ser humano y de cómo queremos transformarlo a un nivel ontológico, hasta la ciencia y la ingeniería puesto que hay que reflexionar sobre ellas como las herramientas para esa transformación. Y, por supuesto, toda la reflexión moral y ética sobre lo que significa para nuestros conceptos de justicia, libertad o autonomía moral e intelectual. Cualquier reflexión sobre un sujeto racional, cibernético o posthumano implica todas estas ramas de la filosofía y, por ello, la formación filosófica sigue siendo indispensable. Pero no solo una formación en filosofía clásica, sino en filosofía aplicada.

Respondiendo a tu pregunta desde este punto de vista, hay que señalar que, más que “articular la filosofía”, los filósofos del siglo XXI estamos ampliando el campo de estudio para aplicar la filosofía a todas estas problemáticas. La filosofía de la ciencia y la tecnología ahora encuentra espacios nuevos en la filosofía de la información y la computación, cuando hablamos de la ciberesfera. En la filosofía de la ingeniería cuando pensamos en la dependencia de nuestra sociedad de las soluciones tecnológicas. También la bioética ha emergido como un campo filosófico independiente con toda la reflexión sobre la modificación genética de los seres vivos.

Se trata de aportar la metodología de la filosofía para elucidar conceptos y comprender las conexiones y las implicaciones de estos cambios tecnológicos en el ser humano y en la sociedad. El campo de “Ciencia, Tecnología y Sociedad”, que incluye también la perspectiva y metodología sociológica, es el mejor ejemplo de las nuevas tareas de los filósofos. Cualquier proyecto de investigación en ciencia o tecnología requiere de un análisis desde esta perspectiva y así se está exigiendo por las instituciones públicas que los financian. También se incluye como materia obligatoria en la mayoría de los estudios de ingeniería. En los mejores casos se complementa con materias como “ética para ingenieros”,”ética profesional” o apuestas más integradoras por el desarrollo sostenible.

Es un reto para nosotros los filósofos apoyar e impulsar la obligatoriedad de estas materias en las nuevas titulaciones técnicas en el ámbito de educación secundaria y de la educación superior. Y para ello debemos seguir investigando en cómo hacer filosofía aplicada a todos estos campos, y cómo hacerla divulgativa y útil para iniciar la reflexión humanística sobre el desarrollo tecnocientífico en general.

Pero, al hilo de tu pregunta, creo que merece especial atención la propuesta de la filosofía de la innovación. La mayoría de las cuestiones axiológicas que estamos trabajando en esta entrevista nos llevan a conceptos como los de cultura científica, alfabetización digital, brechas tecnológicas, innovación disruptiva o apropiación social de la ciencia y la tecnología. Y esos conceptos confluyen en los estudio sobre innovación social. Algo que encaja con todo lo que estamos viendo de la relación entre cognición y valores. Recordemos que para esta perspectiva axiológica de la cognición el concepto de apropiación cognitiva es fundamental. No tiene nada que ver con la “propiedad” de un recurso tecnológico, sino con la capacidad de entender su funcionamiento para diseccionarlo e integrarlo, en el su todo o en alguna de sus partes, en nuestros procesos cognitivos para resolver tareas. La apropiación débil consiste en conocer el recurso, comprender sus funciones básicas y saber usarlo. Pero la apropiación fuerte, que es cognitiva, se basa en comprender su diseño y funcionamiento de manera completa. Solo así podremos modificarlo cuanto sea necesario para adaptar su funcionamiento a nuestras necesidades particulares. Y esa adaptación es innovación per se. Si tomamos el concepto de apropiación cognitiva de la tecnología que se elucida en toda la reflexión axiológica sobre la mente extendida, las conexiones con la innovación social son claras y directas. Y, con ello, llegamos a la idea de que todos somos sujetos innovadores, porque toda adaptación y aplicación de un recurso tecnológico en un contexto determinado es innovación social.

Por ejemplo, el profesor ahora debe apropiarse cognitivamente de las tecnologías para ser profesor-ingeniero-innovador. Solo así podrá aprender a rediseñar y adaptar sus materiales y recursos tecnológicos digitales a su contexto educativo, haciendo innovación educativa. Como el filósofo debe ser filósofo-ingeniero-innovador precisamente para entender bien cómo funciona el entorno tecnológico en el que aplicar sus conceptos y metodologías. Solo así podrá innovar para descubrir esas nuevas subdisciplinas aplicadas que mantengan viva y actualizada la reflexión filosófica.

No en vano nuestro común amigo y colega Javier Echeverría ha decidido usar una de sus fructíferas metáforas y reformular el campo de la filosofía de la innovación como innología. Es decir, toda una ciencia dedicada a la innovación en todas sus vertientes. En su vertiente cognitiva, sin duda, la innología nos lleva a un concepto mucho más interesante, a mi juicio, que el de sujeto posthumano. Nos lleva al concepto de ciudadano-innovador o, como me parece más preciso, ciudadano-ingeniero. Estamos en un mundo rodeado de tecnologías, informacionales, mecánicas, biológicas o biomédicas. Y para seguir desenvolviéndonos como ciudadanos de pleno derecho en ese entorno tecnologizado, debemos apropiarnos de la cultura tecnológica. Solo así seremos capaces de innovar y adaptar ese entorno a nuestras preferencias. El ciudadano racional clásico debía alfabetizarse para participar y debatir con pleno derecho en la sociedad democrática. Pues ahora el ciudadano cibernético debe convertirse en ciudadano-ingeniero para ser capaz de aprovechar los beneficios del entorno tecnológico y apropiarse cognitivamente de su funcionamiento para poder participar en el proceso de innovación y construcción colectiva, que debe ser democrática y abierta, de ese entorno.

Ahora que en República Dominicana celebramos el año de la innovación y el emprendimiento, queda claro la necesidad de esta reflexión sobre la innovación que, necesariamente, debe articularse desde lo cognitivo hasta lo social. Ojalá podamos seguir discutiendo estos temas para poder construir una filosofía de la innovación en el contexto de los países caribeños.

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