Los indios Tenharim también luchan contra los incendios amazónicos

Foto: Un brigadista del Prevfogo en Humaita (Brasil). Cuando las llamas comienzan a iluminar la noche en la reserva indígena de los Tenharim, sus mejores hombres se adentran en la selva para combatir los incendios. EFE/ Fernando Bizerra Jr.

HUMAITÁ, Brasil.- Cuando las llamas comienzan a iluminar la noche en la reserva indígena de los Tenharim, sus mejores hombres se adentran en la selva para combatir los incendios. Son los bomberos del Prevfogo y su tarea principal es proteger las tierras ancestrales del fuego que cerca la Amazonía.

Como cada año cuando la época de sequía irrumpe en la región, los Tenharim sienten de cerca la amenaza latente del fuego en su reserva, un inmenso territorio situado al sur de Amazonas, el más grande de los nueve estados amazónicos de Brasil.

Pero desde hace algunos años en la casa de este pueblo originario viven también sus propios guardianes: una treintena de jóvenes indígenas dedicados al combate de los incendios en este tesoro medioambiental donde se encuentra la mayor cicatriz de la Amazonía, la carretera Transamazónica.

En esta carretera, construida en la década de los 70 por el régimen militar y que atraviesa la selva amazónica de este a oeste, los aspirantes a bomberos realizan algunos de las más duras pruebas para sofocar los fuegos.

Sin embargo, solo los más preparados consiguen alistarse a las filas del Prevfog, un centro especializado -dependiente del Gobierno federal- responsable por la prevención y el combate a los incendios forestales en Brasil.

Conocen como nadie la tierra donde crecieron, el curso de los ríos y la vegetación de la reserva Tenharim/Marmelos, la cual tiene con una superficie de cerca de medio millón de hectáreas, dos veces el tamaño de Luxemburgo.

Cuando las primeras llamas comienzan a pintar el horizonte de la reserva Tenharim, los bomberos ya están listos para calzarse las botas y vestir su tradicional chaqueta amarilla, en la que está bordada la silueta del oso hormiguero, una de las especies más amenazadas por las quemas.

EFE/ Fernando Bizerra Jr.

Los cerca de los 30 indígenas que integran las brigadas antiincendios son el orgullo de los Tenharim, reserva en la que conviven diversos grupos indígenas, entre ellos los Jiahui, cuyas tierras originales fueron ocupadas por terratenientes hace varias décadas.

«Ellos son los primeros, son los brigadistas valientes que salen a combatir el fuego», explica a Efe el cacique Jupai Jiahui, líder de una de las aldeas de la etnia Jiahui.

Gracias a los jóvenes del Prevfogo, relata Jiahui, los indígenas de esta reserva han aprendido a deshacerse de la maleza de forma controlada. Antes, cuenta, el fuego se adentraba con facilidad en el bosque, porque no tenían «noción».

«Nosotros los necesitamos, están aquí para combatir el fuego. Nos ofrecen charlas, porque antes no teníamos la noción. Prendíamos fuego (para deshacernos de la maleza) y quemábamos los bosques. No teníamos noción de nada», agrega Jiahui.

A pesar de las intensas lluvias de los últimos días, atípicas en la época de sequía, los bomberos han tenido que proseguir con su incansable batalla de combatir los incendios en el pulmón vegetal del planeta, hoy amenazado por la deforestación y los crecientes incendios.

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Un 44 % de los incendios forestales registrados este año en el estado de Amazonas ha afectado a reservas indígenas, áreas de asentamiento de recolectores artesanales y unidades de conservación ambiental, según datos divulgados recientemente por el Instituto de Protección Ambiental de Amazonas (Ipaam)

«Si no fuera por esos brigadistasa estaríamos cubiertos de incendios. Con los incendios perdemos alimentación, varios productos de la naturaleza», cuenta João Sena Tenharim, otro de los caciques.

Pero los Tenharim no solo luchan contra el fuego, sino también contra la presión de los terratenientes en medio de un conflicto de tierras que se expande por diferentes puntos del país y que algunas organizaciones no gubernamentales temen que pueda intensificarse con la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, partidario de la explotación de la Amazonía.

«Esta área era nuestra, pero el dueño de la hacienda nos expulsó y ahora está todo devastado ahí (…) Nosotros logramos probar que era nuestra tierra y hoy en día conservamos el campo», asegura Jiahui, quien pide una mayor actuación del Gobierno para proteger la reserva.

«Nosotros protegemos esta área, por eso deberíamos tener más seguridad, pero no tenemos nada», lamenta.

La preservación de la Amazonía es fundamental para los Tenharim, quienes viven de la caza, de la pesca, de la recolección y de la artesanía. Por eso, dicen, es tan importante para ellos proteger la naturaleza, su principal fuente de «alegría».

«Sin la naturaleza es difícil que el ser humano viva», sentencia el cacique Tenharim.

Cooperación regional es «esencial» ante incendios en Amazonía

La jefa de la División de Políticas y Recursos del Departamento Forestal de la FAO, Mette Løyche Wilkie, afirmó que la cooperación regional es «esencial» ante el fuego desatado en la Amazonía porque «los incendios no conocen fronteras».

En una entrevista con Efe, la experta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) sostuvo que los incendios que se han desatado en la Amazonía han tenido «un efecto devastador en el medio ambiente, en la salud de la gente y en sus medios de vida».

En esa línea, Wilkie, que participó esta semana en Montevideo de la 31º Reunión de la Comisión Forestal para América Latina y el Caribe (COFLAC), dijo que durante la conferencia se trabajó con los gobiernos de la región sobre cómo lidiar con estos sucesos en el futuro.

«Lo que podemos hacer primero es revisar por qué están pasando, dónde están pasando (…) Hay un proceso de cuatro o cinco pasos que tienen que tomarse para ver cómo llegar a un punto en que tengamos un mejor manejo de los bosques y estrategias de control de incendios integradas», apuntó.

La experta danesa, que trabaja en gestión forestal desde hace más de 20 años, señaló además que si bien estos incendios están ahora en el foco internacional se dan todos los años «con frecuencia sobre el fin de la estación seca» cuando se despeja terreno quemando, por ejemplo, residuos agrícolas.

«También pasan por los rayos, entonces hay muchas causas diferentes detrás de los incendios y muchos enfoques distintos en cómo lidiar con los incendios cuando empiezan», puntualizó.

Consultada sobre la responsabilidad de Brasil y de su Gobierno, acusado por organizaciones ecologistas de desatender la preservación de la Amazonía, Wilkie subrayó que estos fenómenos no se limitan a un país.

«Esto es algo que está pasando dentro de las fronteras nacionales pero también a través de las fronteras porque los incendios no conocen fronteras; entonces usualmente los tenemos expandiéndose de un país a otro. La cooperación regional es esencial en este sentido», resaltó.

A eso agregó que, dado que Latinoamérica es una región rica en bosques, aconsejaría a los países «tener un manejo sostenible de sus bosques» y encontrar alternativas, ya que «la madera por ejemplo puede sustituirse con otros materiales» para evitar la deforestación.

Por otro lado, la funcionaria de la FAO consideró que en la medida en que la región amazónica es una de las áreas forestales más grandes del mundo, cuando algo sucede allí a gran escala tiene «un impacto enorme» no solo en la salud humana por el humo que llega a las ciudades sino en el medio ambiente.

Wilkie estimó que así como afectan la biodiversidad de la zona, los incendios contribuyen al calentamiento global, ya que cuando los árboles se queman liberan dióxido de carbono hacia la atmósfera.

«La deforestación, la degradación de los bosques y los cambios en el uso de la tierra representan el 24 % de todas las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, así que es un problema enorme en el ciclo del cambio climático», valoró la especialista.

Sin embargo, matizó que estos hechos sirven para reaccionar y tomar medidas, ya que si se reduce la deforestación y se restauran los ecosistemas degradados puede reducirse hasta en un 30 % la emisión de gases dañinos a la atmósfera.

Sobre ese punto, Wilkie agregó que desde Naciones Unidas, a partir de una propuesta de El Salvador apoyada por más de 70 países, se promueve que el período entre 2021 y 2030 sea «la década de restauración de ecosistemas», que puede ser positiva para crear nuevos hábitats, generar empleo y combatir el cambio climático.

De todas formas, la experta opinó que con los compromisos actuales de los estados no se está «ni cerca» de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 %, como fija la meta a 2030 y aseveró que todos los actores deben involucrarse, así sea con acciones pequeñas como plantar un árbol.

Para Wilkie, el movimiento de estudiantes contra el cambio climático que tiene como referente a la activista medioambiental sueca Greta Thunberg y que reclama más acción es esperanzador.

«Ha sido muy alentador ver cuán comprometidas están las nuevas generaciones con generar cambios y cuánto nos están pidiendo a nosotros que actuemos y actuemos ahora y realmente necesitamos hacer eso», concluyó.

Del 2 al 6 de septiembre la COFLAC debatió en Montevideo las líneas de trabajo de la FAO en materia forestal para la región latinoamericana con miras a la COP25 que se celebrará en Chile en diciembre.

EFE

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