Somos neurológicamente flojos, según estudio científico

¿Por qué los individuos no hacen ejercicio con regularidad a pesar de querer hacerlo, de soñar que se ejercitan y son musculosos, y pese al conocimiento de los riesgos asociados con la inactividad física? Los procesos automáticos que regulan los comportamientos pueden explicar científicamente esta paradoja.
Aldo Rodríguez Villouta - 7 de octubre de 2018 - 10:46 am - Deja un comentario
Foto: pixabay.com/StockSnap.com/

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- “Nuestro cerebro se siente atraído de una manera innata hacia el sedentarismo”, declaró quien dirigió el estudio, el investigador de posdoctorado de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá, Matthieu Boisgontier, junto con Boris Cheval, de la Universidad de Ginebra, en Suiza.

“Mediante electroencefalografía, investigamos la actividad cortical subyacente al enfoque automático y las tendencias de evitación hacia los estímulos que representan la actividad física y las conductas sedentarias en 29 adultos jóvenes”, explica el estudio.

El trabajo publicado este octubre -“Evitar conductas sedentarias requiere más recursos corticales que evitar la actividad física”- se lee en  https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0028393218303981?via%3Dihub.

Los resultados obtenidos al estudiar a estas 29 personas “sugieren que se necesitaron recursos corticales adicionales para contrarrestar una atracción hacia conductas sedentarias”,  destaca.

Los humanos quizá tengamos una tendencia genética hacia la inactividad, claro que conscientemente podemos obligarnos a movernos, “sin importar lo que nuestro cerebro” diga, reiteró el investigador Boisgontier.

Tras preguntarse si “¿acaso somos físicamente flojos de nacimiento?” y “¿estamos diseñados para estar sentados?”, el diario New York Times que comentó el estudio atribuyó a Boisgontier haberse remontado a la era cavernícola para explicar causas genéticas de la contradicción.

En ese contexto sostuvo que, en el inicio de nuestra especie, “era necesario conservar la energía” ante la falta de comida, porque “mientras menos calorías quemara ese ser cavernícola, menos necesidad habría de remplazarlas cuando no había disponibilidad de alimentos”.

Así que permanecer sentado en silencio fue una estrategia de supervivencia muy útil, “y eso pudo haber determinado la predilección del cerebro a mantenernos sedentarios”, argumentó Boisgontier.

Es decir, el que nuestro cerebro se siente atraído de una manera innata hacia el sedentarismo y no se haga caso al conocimiento de que el ejercicio es beneficioso, obedece a determinadas señales eléctricas dentro del cerebro.

No obstante, los autores del estudio esperan que el hecho de saber que la mente socava nuestra intención de ejercitarnos  renueve nuestra motivación para ponernos en movimiento, destaca el New York Time.

Un gorro con muchos electrodos 

Los investigadores colocaron en la cabeza de los voluntarios un gorro con muchos electrodos que leían y registraban la actividad eléctrica del cerebro.

Luego, hicieron que hombres y mujeres se sometieran a una elaborada evaluación en computadora diseñada para sondear cuál era su sentir respecto al ejercicio.

Conscientemente todos optaron por los ejercicios de gimnasia, pero a nivel inconsciente sus cerebros dijeron otra cosa.

“De acuerdo con las lecturas de la actividad eléctrica cerebral, los voluntarios –reveló la investigación- tenían que desplegar muchos más recursos cerebrales para desplazarse hacia las figuras físicamente activas que para aproximarse a las sedentarias, en especial en partes del cerebro relacionadas con la inhibición de acciones”.

“La actividad cerebral era mucho más leve cuando la gente se movía hacia los sofás y las hamacas, lo que indica que, en lo que respecta al cerebro, esas imágenes eran más atrayentes que las de ciclismo o alpinismo, sin importar lo que las personas se dijeran a sí mismas de forma consciente”, según las pruebas.

El estudio admite que sus conclusiones no son definitivas, ni mucho menos, además porque “todos los voluntarios eran jóvenes, saludables y planeaban estar activos. Se desconoce si otras personas mostrarían una actividad cerebral similar.

Boisgontier y sus colegas esperan estudiar niños y personas mayores en investigaciones posteriores para avanzar en el tema.

Diez minutos de ejercicios físicos mejoran la memoria

Otro estudio científico también determinó que una moderada cantidad de ejercicio físico mejora inmediatamente la memoria, pues ayuda a la conectividad entre las áreas del cerebro que ejercen esta función.

La revista científica Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, publicó en su edición de septiembre un estudio de la Universidad de California Irvine (UCI) y de la Universidad de Tsukuba de Japón que asegura que con diez minutos de ejercicios todo cambia.

“Utilizamos la RM (resonancia magnética) funcional en adultos jóvenes sanos para evaluar el impacto inmediato de un breve ejercicio de ejercicio suave en los mecanismos cerebrales que respaldan los procesos de memoria. Encontramos que esta breve intervención mejoró rápidamente el procesamiento de memoria altamente detallado y dio como resultado una actividad elevada en el hipocampo y las regiones circundantes”, dice el estudio: http://www.pnas.org/content/early/2018/09/19/1805668115

Añade que también se determinó “un aumento del acoplamiento entre el hipocampo y las regiones corticales previamente conocidas por respaldar el procesamiento detallado de la memoria. Estos hallazgos representan un mecanismo por el cual el ejercicio suave, a la par del yoga y el tai chi, puede mejorar la memoria”.

El hipocampo es clave para la creación de nuevos recuerdos, y “es una de las primeras regiones del cerebro que se deteriora cuando nos volvemos mayores y mucho más severamente en la enfermedad de Alzheimer”, señaló Michael Yassa, profesor de UCI y uno de los líderes de la investigación.

La investigación sugiere que pequeños intermedios para caminar durante el día pueden tener efectos considerables en mejorar la memoria y el conocimiento.

El estudio fue realizado en 36 adultos jóvenes saludables y según Yassa, director del Centro de Neurobiología de Aprendizaje y Memoria y de la recientemente lanzada Iniciativa del Cerebro de UCI, mostró que los períodos cortos de ejercicio moderado aumentaban la conectividad “entre la circunvolución dentada del hipocampo y las áreas corticales vinculadas al procesamiento detallado de la memoria”.

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