El Sol Naciente

Un espacio para ciencia, otro para creencia

Desde tiempos inmemoriales los pensadores de la humanidad se han preocupado por la trascendencia, vale decir entre otros estudiosos, los filósofos; así nace la Ética ya sea como un tratado o en discursos y tertulias donde los valores éticos asumen una dimensión que sigue el trazo de los comportamientos humanos con principios éticos.

Ya en el mundo griego encontramos en Sócrates vestigios significativos en su enseñanza con los jóvenes, en Platon y Aristóteles, que escribió uno de los más enjundiosos trabajos en la materia con el nombre Ética a Nicomaquea. Les siguieron San Agustin, Santo Tomás de Aquino, Benito Spinoza, Inmanuel Kant, Federico Nietzsche y un largo etc.

Todos reconocían que el ser humano trasciende, al margen de lo material, cuando se eleva en la naturaleza de su proceder moral y culmina su obra en vida cuando aparece la empatía por los demás semejantes a su condición humana.

Se cruza e impone lo espiritual en todas las creencias, sea cristiana, budista, islamista, musulmana o taoísta, porque queremos y aspiramos a una trascendencia que supere lo puramente personal y material: la trascedencia del ser; pero la doctrina ortodoxa pertenece a un mundo de sabiduría, no científica y por ende no se somete a un análisis social, económico ni político que escudriñe los fenómenos y comportamientos sociales, en dirección crítica a las causas que generan la actual sociedad de reversión de valores en que nos encontramos sumidos.

Y que es la Ética.? Pues es una rama de la Filosofia, que entre otras como la Estética, Metafísica, la Epistemologia y la Lógica, del griego ethos estudia los actos humanos o costumbres en tanto moralidad.

Sócrates por esa razón dijo: ” Conócete a ti mismo”, identificado al parecer con la idea de que situado el ser en la ignorancia( entiéndase carencia de todo proceso educativo) el sujeto no está en condiciones de diferenciar en ocasiones la delimitación entre lo virtuoso y lo no virtuoso, entre el mal y lo bueno.

Cuantos crímenes se han cometido por ausencia de saber tomar el camino correcto en circunstancias críticas o dilematicas. A todo hombre es posible que se le presentara dicho dilema, aún en el más talentoso conocimiento, porque ignora que la trascendencia no se consigue con el patrimonio, sino con su proceder espiritual y profundamente humano en lo social, personal y familiar.

Nuestro mundo global ha dejado los principios de la ética para adentrarse en la transitoriedad de lo material; los estudios humanísticos sucumben en los planes de escuelas y universidades porque no hacen al incumbente poseedor de riqueza y con un estilo de vida holgado a los ojos de la sociedad.

Este asunto, a mi modo de ver, hace desaparecer carreras humanísticas del currículum escolar e inclusive de las universidades, pero se mantiene con vigor en la Universidad Pública con la existencia de una prestigiosa Escuela de Filosofía, que diseña planes al través de Inafocam del Ministerio de Educación para insertar la asignatura de Filosofia y Ética en el Bachillerato, como en los tiempos antaños

Muy interesante decisión en una sociedad mundial dominada por la mercancía y las finanzas, donde se agudiza la pérdida de los valores particularmente en las nuevas generaciones, que inventan un desastroso e índicente lenguaje de calle en la música urbana, incitando al sexo fácil y a las drogas para servirles a los clubster de negocios. Nada responde a un vacío, es parte asociada al empuje de los bríos neoliberales que mueven las olas de la sociedad mundial.

Sin embargo, soñamos con la esperanza de que con las primicias que la UNESCO sembró en décadas anteriores sobre la necesidad de incorporar los estudios de la Filosofía en el Currículum, incluso en una conferencia de París, creo que en los años ochentas, y que continua incentivando no obstante su merma de su influencia en la ONU, los tesoneros esfuerzos de la Escuela de Filosofía de la Facultad de Humanidades en la UASD, los nuevos planes estratégicos abordados por el Ministerio de Educación expuestos por el Ministro Navarro en Seminario -Taller en la Universidad el día 17 de noviembre del presente año en el Auditorio de la Facultad de Economía.

Así que se levanta una estela de recuperar la Filosofía, que nos habla de valores, principios racionales y de una novedosa Ética moderna, que oriente a los jóvenes y adultos en la reconstrucción de valores positivos y mensajes virtuosos, en la misma línea que España lo acaba de ensayar en su Congreso hace varios días aprobando insertar la Filosofía y Ética en los cursos segundo y cuarto del Bachillerato, constituyendose en un gran ejemplo de lidiar éticamente con las nuevas generaciones que emergen en la sociedad global, que se desdobla en escéptica.

Además, hay aprestos en el Congreso Nacional por meter lectura de la Biblia en los estudios del Bachillerato, contrario a los principios constitucionales de una educación laica, consagrados en nuestra Carta Magna, siendo la segunda vez que la obra reformadora educativa del gran Maestro Eugenio Ma. de Hostos se conspira con ortodoxia alienante para desconocer su Programa como sucediera en la Era de Trujillo al través del periodico El Caribe; Hostos es nuestro, formo a Salomé Ureña y a un grupo de intelectuales a finales del siglo X1X con la insignia de la educación laica, tal como posterior lo proclamó Albert Einstein, al diferenciar la ciencia de la creencia , y esto, que ningunos de los dos fue ateo.

¡Cosa de la vida!. Y de la ortodoxia eclesial, que derriba pueblos en Medio Oriente y África en armas religiosas, cuando debe ser su filosofía y propósito salvar almas.

No permitamos esa violación a la Constitución, ni desconocazmos la insigne obra de Hostos por congresistas complacer en su fuero interno a la Iglesia con fines politiqueros populistas.

Usemos a los docentes de filosofía y hagamos un programa de enseñanza científica que prepare a los profesores de Educación Media en talleres independientemente de sus creencias, pero no avivar la pugna o discordia religiosa, que ya afloró en en criterios con evangélicos y católicos.

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