El voto secreto y las primarias abiertas

Francisco Alvarez Valdez - 2 de mayo de 2018 - 12:09 am - Deja un comentario

A la ciudadanía, sobre todo a la que es apartidista, no le interesa que se conozca por qué candidato o partido votará en unas primarias, pues pudiera generarle problemas que reducirían la libertad a la hora de votar y por esa razón la Constitución señala que el voto es secreto, pero la aplicación de esa norma complica aún más la logística y organización de las primarias abiertas y simultáneas por parte de la Junta Central Electoral (JCE).

Es cierto que la norma constitucional se refiere al voto secreto “en el ejercicio del sufragio para elegir a las autoridades de gobierno y para participar en referendos”, lo que podría llevar a algunos a pensar que no es aplicable en las primarias, que son un paso previo en la elección de las autoridades de gobierno.

En mi opinión, se estaría vulnerando la norma constitucional pues el bien jurídico protegido es la libertad del voto, que definitivamente se ve afectada cuando se revela por qué partido o precandidato se vota. Pero dejo rápidamente esta discusión puesto que el proyecto de ley aprobado en el Senado y enviado a la Cámara de Diputados, dispone, en su artículo 42, que el voto en las primarias abiertas y simultáneas será secreto.

¿Cuál es la consecuencia de respetar el voto secreto en las primarias? Que habría que descartar cualquier método que implique identificar por cuál partido o precandidato votarán los que concurran. Ramón Tejada Holguin describe el proceso así: “la persona que desea votar entra al centro de votación con su cédula en la mano, se dirige a la mesa, pide la boleta del partido en el cual va a votar, solo de ese partido” (http://desdeelpaisdealicia.blogspot.com/2018/04/que-son-y-que-no-son-las-primarias.html).  El método descrito por mi buen amigo viola el secreto del voto. Imagínense un empleado público del gobierno central o de cualquier ayuntamiento, que pida la boleta de un partido distinto al de la persona que dirige la dependencia pública para la que trabaja: tendría todo el derecho a pensar, o por lo menos la duda, de que estaría arriesgando su empleo, reduciendo su libertad a la hora de votar. Pero eso lo describe el propio Ramón cuando señala: “Como cada votante solo puede votar en la boleta de un partido, y pide solo la boleta del partido de su preferencia, los miembros de cada partido participante del proceso toman sus datos como votante de ese partido” (ídem). 

Actualmente existen 26 partidos reconocidos, todos los cuales, si desean participar en las próximas elecciones, si se aprueba el proyecto de ley de partidos políticos como lo aprobó el Senado, deberán celebrar sus primarias en forma simultánea con los demás partidos, con el padrón de la JCE. Si hubiese una sola boleta por partido, habría que entregarle a cada votante 26 boletas para que, en la urna, elija la boleta del partido de su preferencia, descartando las demás, para poder resguardar el secreto del voto. Pero como se elegirán los candidatos en los tres niveles (presidencial, congresual y municipal), no sería una boleta por partido sino tres, para un total de 78 boletas.

En 2016 los cargos electivos sumaron 4,106, distribuido en presidente y vicepresidente de la República, 32 senadores, 190 diputados y 3,882 cargos municipales (alcaldes, vicealcaldes, regidores, suplentes de regidores, directores, subdirectores y vocales). Si cada posición tiene por lo menos tres precandidatos, tendríamos en las primarias abiertas y simultáneas, un total de 12,318 precandidatos y si lo multiplica por el número de partidos serían 320,268 precandidatos.

Se puede alegar que las alianzas implican no tener que presentar dentro de cada partido a los candidatos propuestos, que pasan a la boleta de los partidos aliados sin tener que someterse a primarias. Esto es cierto, pero limitado a un 20% de las candidaturas. Réstele el 20% a las cifras antes señaladas y la situación sigue siendo inmanejable sin la tecnología adecuada.

En cuanto al escrutinio de los votos se alegará que votarán menos del 50% de los inscritos en el padrón de la JCE, lo que es cierto. Es más, entiendo que la votación rondará entre el 20% y el 30% (en la recientemente celebradas por el PRM, votó alrededor del 25% de su padrón, pero eran cerradas).  La tarea será ardua y complicada en cada colegio, al tener que lidiar, además, con tres urnas por cada partido, es decir con un total de 78 urnas.

La JCE ha dicho, y lo ha reiterado en estos días, que no está en capacidad de aplicar el voto preferencial a nivel municipal para el 2020, como lo manda la ley. El esfuerzo de todo tipo que hay que hacer para aplicarlo, se queda chiquito ante el que habría que hacer para organizar unas primarias abiertas y simultáneas, respetando además el secreto del voto. Si finalmente vamos en noviembre de 2019 a unas primarias abiertas y simultáneas, en las que la JCE arriesgaría su credibilidad a meses de las elecciones generales, sencillamente entrecruzaría los dedos índice y medio de las dos manos y hasta de los pies si me es posible, pues la JCE va a necesitar de mucha suerte y todo tipo de oraciones.

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