La columna de Miguel Guerrero

Jerusalén objetivo de conquistadores y centro del mayor conflicto en el Oriente Medio

      (La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, pone de nuevo el conflicto en el Oriente Medio en el centro de la atención mundial. El periodista y escritor Miguel Guerrero describe la larga historia de conquistas y ocupaciones que ha sufrido la ciudad santa de las tres religiones monoteístas.)

Jerusalén que significa “Ciudad de Paz”, algo que paradójicamente no ha conocido, ha sido a través de los siglos centro de disputas y objetivo de conquistadores. Cristianos, musulmanes y judíos reclaman hegemonía sobre ella, pero sólo éstos últimos han estado emocional y espiritualmente ligados a Jerusalén con el paso del tiempo a lo largo de la historia.

Su control ha pasado de una religión a otra y ha sido destruida y bloquea más de 20 veces en los últimos 3,000 años. La zona de Jerusalén fue prometida a dos tribus de Israel, cuando ese lugar fue repartido en los albores de la historia. En el año 1000, antes de la era actual, el rey David conquisto la ciudad y estableció en ella su capital. Su hijo, el rey Salomón construyó el templo transformando la ciudad en el centro espiritual y religioso de las tribus que componían entonces el pueblo de Israel.

Las huestes de Nabucodonosor, rey de la Babilonia, la destruyeron pero los judíos regresaron de su exilio en el 455 a.C Estuvo más tarde en el poder los macabeos y Herodes el Grande hizo de ella una ciudad gigantesca mucho después. Los árabes no llegaron a Jerusalén hasta el 636 d.C y en ella dominaron los Califas durante 500 años. En este período fue llamada Al Makdas. – el Venerable Santuario- debido a su santidad.

Los cruzados desalojaron a los califas en el 1,099 y entonces fue designada capital de la Palestina, pero ya los árabes habían dejado su huella construyendo allí muchas mezquitas y otros santuarios del Islam. Los musulmanes habían sacado a los romanos, quienes habían transformado a Jerusalén en una ciudad pagana que llamaban Aelia Capitolina y al cabo de un siglo los sarracenos se adueñaron de la ciudad permaneciendo en ella durante 300 años.

Los tucos hicieron también de Jerusalén un objetivo de su impero entonces en crecimiento y en 1517 el sultán Sulimán la conquisto, construyendo elevadas murallas que aún se conservan, para protegerla de agresiones extranjeras.

Durante siglos, Jerusalén creció, languideció y volvió a resurgir de sus cenizas dentro de los estrechos espacios físicos que le imponían las murallas levantadas por uno y otro conquistador, y no fue hasta mediados del siglo XIX cuando se construyó el primer barrio fuera de la ciudad amurallada, con lo cual nació lo que hoy se conoce como Nueva Jerusalén y en la que, a raíz de la división surgida como consecuencia de la guerra de independencia de 1948, los israelíes establecieron su gobierno.

Los ingleses tomaron la ciudad 1917 tras vencer a los turcos en la Primera Guerra Mundial, poniendo así fin a cuatro siglos de dominación otomana. Entonces Jerusalén pasó a ser sede de la Administracion Militar Británica que expiró el 14 de mayo de 1948 con la declaración del nacimiento del estado judío, decisión tomada al amparo de la resolución de las Naciones Unidas que había, meses antes, aprobado la partición de Palestina para la formación allí de dos estados independientes, uno judío y otro árabe palestino.

Con la destrucción del Segundo Templo, en el año 70 de la Era Cristiana, Jerusalén pasó a ser una ciudad profana bajo la égida romana, iniciándose la diáspora que se prolongó hasta la proclamación oficial del nacimiento del moderno Israel, siete décadas el 14 de mayo de 1948.

Tras la guerra de independencia, la ciudad quedó dividida. En poder de los judíos solo permaneció la parte nueva de Jerusalén. La Ciudad Vieja, con sus milenarias murallas y lugares santos, pasó a ser ocupada por Jordania. No fue hasta junio de 1967, cuando la ciudad fue reunificada e Israel estableció soberanía sobre toda ella, como resultado de la llamada Guerra de los Seis Días.

El vínculo de cada judío con Jerusalén ha sobrevivido a través de la historia. Cada día, en Israel o en la diáspora, se ha mantenido la tradición de rezar tres veces en dirección a la ciudad por el regreso a la misma. En la boda, el novio rompe una copa en el suelo en recuerdo de su destrucción y la del Segundo Templo y en caso de muerte, la forma usual de pésame era decirles al deudo que se conformará con la reconstrucción de Jerusalén.

El 9 del mes AB (del calendario judío), aniversario de dos destrucciones de Jerusalén, es día de ayuno y duelo para los judíos. Y en el exilio, cada vez que un judío construía una casa dejaba generalmente un muro sin pintar en recuerdo de la destrucción de la ciudad.

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