Las 5 "D"

Educación e identidad

“Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir 

la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”.

Howard Phillips Lovecraft

Hace años que está fuera de discusión el hecho hartamente comprobable, de que la clave del desarrollo de los pueblos, reside en el grado de importancia que se otorgue a la educación, así como el esfuerzo dedicado a la misma. Por lo que los gobiernos no deben cejar en materializar estas concepciones, comprometiéndose junto a todos los grupos y estratos sociales, tanto públicos como del sector privado, a aunar todos los empeños e invertir los recursos que sean necesarios en el proceso y la política educativa del Estado, pues se trata del futuro de la patria.

La República Dominicana no debe ser la excepción, máxime si se tiene pendiente que nuestro país sirvió de sede para la reunión del Foro Consultivo Internacional sobre Educación para Todos, dentro del Marco de Acción Regional, del 10 al 12 de febrero del año 2000, donde los países de América Latina, El Caribe y América del Norte, renovaron los compromisos de Educación para Todos, establecidos diez años antes en la Conferencia Mundial, celebrada en Jomtien, Tailandia, del 5 al 9 de marzo del 1990. Allí, los países participantes asumieron una serie de compromisos tendentes a mejorar de manera significativa la educación en cada uno de ellos; compromisos referidos a  aumentos importantes de la inversión de recursos, sostenimiento de logros alcanzados, mejora en la calidad de los programas educativos, identificación de grupos aún excluidos de la educación básica, y priorizar políticas que disminuyan la repetición y deserción; entre muchos otros acuerdos asumidos.

Si hay un elemento que resalta positivamente en las acciones del Gobierno actual en la República Dominicana, son los esfuerzos en lo concerniente a la educación. Pero algo de gran importancia que debe asumir la política educativa del Estado Dominicano es fortalecer en la mentalidad ciudadana, el conocimiento de sí mismo como ente perteneciente al grupo social al que pertenece, a través de la promoción de la identidad y el sentido de pertenencia y destino común. En otras palabras, es establecer una relación Educación-Identidad que considere dos vertientes, a saber, educación dirigida al conocimiento de lo nacional, y de lo cultural, pues no vemos posible que pueda prosperar ningún proyecto de Nación o Estado sin el elemento de cohesión y estabilidad que brinda la plena conciencia de identidad nacional. De manera que la educación estatal en nuestro país debe convertirse en regente protector y propulsor de la identidad nacional-cultural. Soy de parecer que esta debe entenderse como una red en la que se estructura, enlaza y da forma conceptual a la conciencia nacional sobre su identidad.

Es momento de reconocer que en la actualidad, en la República Dominicana se vive un momento de crisis de identidad que responde al fenómeno de transculturación estimulado por el proceso de globalización que vive el mundo, por sólo mencionar uno de los más importantes factores incidentes. De ahí que veamos a diario episodios de irrespeto por nuestros símbolos patrios; indiferencia ante la depredación del Medio Ambiente; falta de interés y menosprecio por los elementos artísticos dominicanos; la falta de reconocimiento y enaltecimiento de nuestros próceres y héroes; irrespeto de nuestra Constitución y las leyes; y una muestra por excelencia la constituye los bochornosos actos de corrupción que vemos a diario.

Todo este sombrío panorama hace necesario, que no sólo el Estado lleve todo el esfuerzo, sino que deben involucrarse  los partidos políticos, el sector empresarial, intelectuales, organizaciones no gubernamentales (ONGs), sindicalistas, colegios y universidades privadas, como los distintos gremios; entre otros representantes de las fuerzas vivas de la Nación, a fin de concertar un proyecto de rescate de  nuestra identidad nacional, cultural, y de nuestros valores nacionales. Nuestros estudiantes deben recibir la enseñanza y la inculcación del amor y deber patrios; de nuestra historia, con un cariz real que eleve el orgullo por nuestras gestas gloriosas; así como los auténticos rasgos característicos de nuestra identidad nacional-cultural (incluyendo aportes de grupos migratorios, interculturalidades y sincretismos “reales”), poniendo énfasis de manera principal en nuestro idioma, folclor, literatura, creencias religiosas, y gastronomía, entre otros rasgos.

Aquí cabe el interés que debe primar, de erradicar todo sesgo ideológico, haciendo conciencia de que los conceptos de nación, identidad nacional y nacionalismo, necesariamente no tienen que ser nocivos, ni estar ataviados con indumentaria racista o xenófoba cuales han sido socorridas muy parcialmente, pues se echa manos de una visión únicamente política que restringe mentalmente. “los esfuerzos y luchas por la soberanía e independencia no serán nunca ilegítimas, perturbadoras del orden, y mucho menos malvadas”.

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