Matices para la vida

Las calles de un país muestran la educación de su gente

Una experiencia que voy disfrutando, aunque me preocupa, es poder hacer de lo que veo por las calles un elemento de reflexión. En este sentido surge este tema,  que es una  conclusión de este ejercicio.

Las calles de un país muestran  la educación de su gente, pues en ellas,  se despliega todo lo que se ha guardado y  producido en las familias.  La escuela enseña y la familia educa, si la familia va haciendo su trabajo, entonces,  van  a salir todos  los elementos  que se han gestado  al interior del sistema, de la misma forma,  la escuela, si pone su aporte plenamente contribuirá a que sus egresados muestren comportamientos diáfanos en las calles.

La educación, según lo plantea el pedagogo brasileño, Pablo Freire, en el libro (La educación como práctica de la libertad) es una praxis, una reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.  Entiendo, que esta acción y reflexión de los seres humanos, a la que se refiere Freire, se manifiestan constantemente, y de ese modo, nos permite hacernos seres pensantes, actuantes, deliberantes, con tal suerte que nos capacitamos para transformar el mundo en el que nos ha tocado vivir.    

Consecuencias de una buena educación y su manifestación en las calles

Una educación verdadera hace una transformación en la persona y ella actúa como un ser comprensivo.

La comprensión y valoración de sí misma le permite extender a otras personas niveles de respeto personal e interpersonal.

Manifiestan el conocimiento de sus derechos y deberes  en su transitar por las calles.

Todo esto se manifiesta de forma práctica, sencilla y profunda a la vez, pues genera unas conductas que contribuyen a la transformación del mundo en el que nos ha tocado vivir, citada por Freire, de tal modo que,  se es capaz de respetar a conductores, transeúntes, señales de tránsito, en fin, nos permite cuidar y cuidarnos.

Competencias que indican los  niveles de educación

A nivel curricular existen unas competencias fundamentales y estas, están diseñadas con la intención de que los egresados del sistema educativo muestren en sus actitudes, acciones y capacidades de transformar el contexto que les toca vivir. Competencias como: Ética y Ciudadana, Comunicativa, Pensamiento Lógico, Creativo y Crítico, Resolución de Problemas, Científico–Tecnológica, Ambiental y de la Salud, Autoestima y Desarrollo Personal (Ministerio de Educación de la Rep. Dom., 2016, Bases de la Revisión y Actualización Curricular Santo Domingo, R.D).

Estas competencias parecen nuevas y de hecho, así se plantean, sin embargo, de una forma u otra resume lo que en años anteriores era parte de la formación familiar, escolar y social. La ética y ciudadanía nos permitía tener lo que se llamaba urbanidad  y esta  nos ayudaba a mostrar niveles de educación simples y sencillos,  los cuales nos daban la posibilidad de saludar, respetar el espacio del otro y la otra, cuidar nuestros espacios públicos y privados, entre otros.

Al cultivar el pensamiento lógico teníamos una mejor capacidad de pensar, reflexionar, discernir y esto generaba equilibrio, buenos niveles de comunicación, materia que se aprende desde los primeros años de vida; la capacidad de resolver los conflictos radicaba en saber conversar y salía el famoso refrán “hablando se entiende la gente”, por tanto, teníamos elementos para resolver las diferencias con mayor capacidad, el cuidado ambiental y de la salud era como una especie de conclusión de los demás aprendizajes y finalmente, la valoración y el desarrollo personal, también es otra conclusión de todos los aprendizajes tenidos anteriormente, de tal modo que, estas competencias han sido parte de los niveles de enseñanza y aprendizaje que hemos tenido.

Las calles de un país necesitan personas  nuevas que:

Muestren capacidades humanas, donde se haga presente el don de gente

Seres capaces de mostrar niveles de evolución y crecimiento que permitan respetar a sus congéneres

Personas con niveles sencillos, eficientes y decididos de reflexión y discernimiento

Gentes que vean en los demás a sus semejantes y no a sus enemigos

Finalmente, las calles de un país necesitan seres pensantes, valorados y humanos.

Ya es hora de que nuestras calles disfruten de las competencias que hemos adquirido, también es hora de dejar a las generaciones nuevas una sociedad mejor.

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