Cuando amaban las tierras comuneras (3)

Cuando amaban las tierras comuneras plantea desde un hecho epocal como la primera ocupación  norteamericana bajo encadenamiento de propiedad de los terrenos
Odalís G. Pérez - 11 de octubre de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

Lo cierto es que como narra Pedro Mir:

“…la explicación más sensata y concorde con la mentalidad de Silvestre es aquella que al vincular el desarrollo de esta población al desarrollo de los terrenos comuneros pone en juego total el proceso histórico de la Isla puesto que con las ciudades ocurre completamente lo contrario de lo que según aquel sacerdote inglés ocurre con los hombres en el sentido de que si bien es verdad que ningún hombre es una isla, también es verdad que una ciudad puede serlo y en consecuencia hay que explicar a Macorís en los mismos términos en que se explica la isla entera incluyendo a la República vecina…” (p. 188)

Tal como se lee en la cita anterior la apropiación de las tierras comuneras pretende organizar todo un proceso de propiedad de la tierra para ser trabajada libremente y con ello contribuir a un orden rural más estable en cuanto al valor y función de la tierra. Nuestro autor se inscribe en un tipo narrativo materializado por sus estructuras enunciativas continuas, tal como se observa y se lee en el dispositivo de escritura.

Personaje y contexto crean las relaciones de verosimilitud y realidad que cobran valor en el nivel más abierto de fabulación y estrategia narrativa. Elementos barrocos y fantásticos rurales desarrollan los puntos y ejes composicionales activados por los acontecimientos desarrollados por el autor en complicidad con los narradores y narratarios implicados en la relación lectura-evento, meta del texto novelesco.

Si lo real como fortuna de relato se nutre de un imaginario insular donde lo mágico y lo circunstancial activan la sustancia narrativa, ello implica la aceptación de relaciones como efectos de realidad y de apariencia en el espacio de una experiencia traductora y procuradora de respuestas en el norte mismo del relato novelesco. El escritor no solo plasma una sustancia. Él mismo vigila, hurga, busca las líneas de un relato que en contexto tiende a representar los hilos comportamentales y emblemáticos de una identidad y un conjunto histórico definido también por sus raíces colectivas y fuera de acción. Lo narrado, el narrador y las claves necesarias de la narración producen lo que ha  sido todo por una dominación política y económica justificada a veces por el dispositivo regulador de la ideología y los aparatos de poder predominantes.

La novela, en este caso, es un componente donde lo social y lo individual se encuentran en el tiempo de lo imaginario que transcurre como tipo especial de acontecer y vivir. Por eso la noción de evento o suma de eventos que a su vez conforma la secuencia, se apoya en los recorridos del personaje o el narrador. En el caso de un texto como el analizado, encontramos los modos que llevan a la fábula, el desarrollo y el, o los desenlaces. El médico, doña Rufa, el pececillo, Silvestre o Romanita se entrelazan para conformar un espesor familiar, político y social que se extiende a todo lo largo de la historia-diégesis.

Así pues, el gavillerismo es el fenómeno que más allá de la aventura participativa del imaginario político epocal, incide en la política, la cultura rural y en las relaciones políticas previas a la dictadura de Trujillo.

El Este sería motivo de un entusiasmo y de una narrativa de la explotación y la contra-explotación. La tierra, los inmigrantes y el ingenio han sido las tres grandes cardinales, amenazas y contradicciones que han dividido y aun hoy problematizan al sujeto local. Cuando amaban las tierras comuneras plantea desde un hecho epocal como la primera ocupación  norteamericana, la nueva aventura del poder político y el entramado de adquisición de la tierra,  bajo encadenamiento de propiedad de los terrenos y la producción económica basada en el poder de la administración de los bienes colectivos e individuales.

Sin embargo, la novela presenta sobre la base de una escritura en movimiento, los signos de la aventura capitalista de forma y manera gestionaría. Los 30 capítulos, más el “Epílogo feroz”, muestran los signos de aquellas aperturas y clausuras productivas, donde también aparecen las nuevas relaciones de explotación y manejo de la propiedad de los terrenos comuneros, donde la memoria juega un rol importante, según sugiere Pedro Mir.

Pero las nociones de prosperidad y de progreso también sembraron un falso optimismo, deformando la idea de una falsa prosperidad y un falso progreso.

“La fortuna nuevas apetencias y necesidades que atrajeron a la antigua aldea de pescadores una verdadera procesión de comerciantes primero nativos y después extranjeros cuando los gustos se hicieron más refinados y  el agua antes se tomaba en u sabroso aunque rústico higuero pasó a ser tomada en un vaso de vidrio y más adelante en una copa de cristal de bacarat o de Bohemia y desde luego acudió toda gente capaz de ofrecer algo a cambio de los dólares que los nuevos ricos sacaban todos los años al liquidarse la zafra y no tardaron los puertorriqueños situados más o menos a la vuelta de la esquina en emprender una corriente emigratoria atraídos por la prosperidad de la República como decían ellos no si nostalgia y los cubanos vinieron en los mismos buques que trajeron las maquinarias de los ingenios porque fueron ellos precisamente los fundadores de la industria y suplieron la carencia absoluta de técnicos altamente especializados que exige la fabricación de azúcar con lo que se afectó profundamente la oferta y la demanda de novias con el consiguiente aumento en el volumen de venta de los encajes, los perfumes y las joyas y hasta de la calidad del papel de escribir que comenzó a aparecer en el mercado sin rayado y con su propio sobre y después de estos antillanos o tal vez al mismo tiempo vinieron los españoles, los alemanes, los holandeses, los italianos y por su propio lado los sirios, los libaneses, los palestinos y los jordanos y finalmente los barloventinos cuando los campesinos nativos que antes efectuaban el corte de la caña consideraron que ésa no era tarea digna de su nueva condición sino la de colono como se llamó a los tiraban caña para el central y liquidaban cada año una buena bolsa cuando no pasaban a ejercer funciones más espectaculares en la administración pública y como resultado de esa orgía cosmopolita resultó una imagen de Macorís que los más entusiastas describían con el calificativo País Chiquito porque la ciudad creció a manos de unos artesanos que hacían prodigiosos chalets de madera caracterizados por el primor de la decoración y la gente tuvo necesidad de educar a sus hijos y refinar las costumbres y a esos fines los pedagogos puertorriqueños que era muy prestigiosos por la tradición hostosiana fundaron academias y colegios de los cuales uno se llamó la Academia Antillana del señor Pardo junto con los mejores maestros del país como el Señor Serrano de la Vega Real que tuvo colegio de gran estirpe y severos coscorrones y a ellos se sumaron los poetas y soñadores de ola bohemia capitaleña como el bardo Gastón Deligne o un delirante Marianito Soler

Por fin he vuelto a verte pueblo mío

Nido caliente aún de mis amores”

Toda una épica tensiva de los contextos epocales, traduce en sus principales signos y culturemas los llamados modos de vida que han engendrado la modernidad, sus mecanismos de apropiación y dominación social. Pedro Mir narrativiza la historia mediante una búsqueda ficcional de los argumentos socio-culturales, así como de ese sujeto negado, a veces suspendido y otras veces vilipendiado por la misma trama de la historia.

Así pues, lo que presenta y a la vez promociona la cita anterior es un trayecto, un tramo de las ocurrencias históricas marcada por el ojo de los sujetos y acontecimientos. El empuje que ofrece el autor, junto a los modos de vocalizar lo social y re-combinar el espacio-tiempo narrativo, los llamados hechos sociales, políticos y económicos que incidieron en Macorís del Este y del mar, Puerto Plata y Santo Domingo, permite comprender los cuadros sociales y humanos que marcaron el pasado y el presente de la cultura-literatura dominicana del siglo XX.

Hasta el momento en que Pedro Mir publica esta novela, dicho género contaba con pocos experimentos novelescos y con tratamientos atrevidos en el orden discursivo-narrativo. Aunque ya Marcio Veloz Maggiolo había publicado Los ángeles de hueso y De abril en adelante, y Pedro Peix había publicado Las locas de la plaza de los almendros, lo cierto es que en el marco de la narrativa de los años 70, los ejemplos transgresores apenas comenzaron a construir escenarios de ruptura. El novelar en lo que podría llamarse la tardomodernidad, se ha expresado en determinados niveles de apertura y de ruptura cuyas consecuencias y búsquedas podemos leer de manera visible y transparente en las últimas novelas de Roberto Marcallé Abreu, Los manuscritos de Alginatho,  y otros textos transgresores como Mutanville de Arturo Rodríguez Fernández, La noche de los buzones blancos, Los despojos del cóndor y Pormenores de una servidumbre de Pedro Peix, y otros.

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.