Vocería de los dioses

China, Haití y el turismo

El anuncio de que China planea invertir US$30 billones en Haití debe llenarnos de júbilo. La sorpresa es grata porque el continente americano no ha sido hasta ahora un destino importante de la inversión china.  Pero más que nada importa lo que esto podría significar para nuestra economía y para la migración haitiana hacia nuestro territorio.  Con ese proyecto podríamos incrementar nuestras exportaciones hacia Haití (nuestro segundo socio comercial), reducir la migración y también generar una avalancha de desarrollo turístico bilateral.

La anunciada inversión china estará destinada a obras claves de infraestructura.  Se incluye una planta de generación eléctrica de 600 megas, un nuevo Ayuntamiento para Puerto Príncipe y la construcción de todas sus calles, un tren que comunicara al país y miles de viviendas para los damnificados del terremoto del 2010. Sin duda, tales obras tendrán  un enorme impacto sobre el desarrollo del hermano país.  Puesto que los chinos ya han hecho una inversión de características y montos similares en Ruanda, un país devastado en el 1994 por el genocidio de la etnia tutsi, se puede esperar que la versión haitiana no tenga nada que envidiarle a esa experiencia africana.

La pregunta obligada, por supuesto, tiene que ver con la motivación china.  ¨No existe tal cosa como un almuerzo gratis.¨  Pero la motivación es fácil de comprender cuando se conoce que uno de los grandes problemas de la economía china actualmente es la excesiva capacidad de producción industrial.  En un evento celebrado en Beijing en mayo pasado, el Presidente chino Xi Jinping anunció,  a más de 100 países emergentes representados, un proyecto modelado por la antigua Ruta de la Seda (llamado en ingles ¨One Belt, One Road¨) al cual se destinaran cientos de billones de dólares para inversiones de infraestructura (http://www.huffingtonpost.com/entry/china-extends-her-silk-road-to-haiti_us_5984927ae4b0bd8232029723).

Tales inversiones no solo absorberían una parte de su producción industrial sino también a cientos de miles de sus trabajadores. Por otro lado, los países beneficiarios proveerían las materias primas que tanto necesita la economía china para seguir creciendo a las elevadas tasas de las últimas dos décadas. Los chinos parecen estar decididos a hacer crecer su influencia con el estatus que le confiere ser la segunda más grande economía del mundo después de la de EEUU (https://www.weforum.org/agenda/2017/03/worlds-biggest-economies-in-2017/). En el 2016 la economía china creció 6.7%, mientras la de EEUU solo 1.6%. 

La iniciativa haitiana es parte de los aprestos chinos para incrementar su presencia económica en América Latina.  De acuerdo a lo anunciado por Xi Jinping en la reunión del CELAC celebrada en Beijing en el 2015, China se propone invertir US$250,000 millones en América Latina en los próximos 10 años y lo de Haití seria parte de ese monto. Se anuncia también que entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre de este año, se celebrara la principal cumbre empresarial entre China, América Latina y el Caribe (“China-LAC CCPIT Business Summit 2017”). El evento servirá como un mecanismo de promoción y una plataforma para impulsar el comercio y la inversión.

¨En el Caribe, también han tenido acercamiento con Jamaica. El pasado año una empresa China firmó un acuerdo para construir un megapuerto que sería un centro de recepción de los enormes barcos chinos que pasarían a través del Canal de Panamá.  El portal informativo refiere además que las inversiones chinas en proyectos en Trinidad y Tobago, las Bahamas y en Guyana, también están en ascenso, y que Chile busca un financiamiento de US$9.000 millones para varios grandes proyectos de infraestructura.  En Venezuela los chinos están evaluando proyectos de inversión petrolera, como parte de la agenda de inversión conjunta, especialmente en el marco de la comercialización de hidrocarburos.¨

No se conoce, por otro lado, de ningún plan de expansión  militar chino en el exterior.  De hecho el aparato militar chino no se tiene como uno de los más capaces del mundo, aunque su ejército sea el más numeroso (http://armedforces.eu/compare/country_USA_vs_China).  Lo único que se conoce en América Latina es una base espacial china en Argentina (https://www.youtube.com/watch?v=I9ofc6MaopM), mientras en África acaban de abrir una base logística en Djibouti, África (http://www.infobae.com/america/mundo/2017/08/01/china-inauguro-su-base-militar-en-africa-la-primera-fuera-de-su-territorio/).  Sería muy poco probable que China tenga intenciones de instalar alguna capacidad militar en Haití, pero si es posible que tenga intenciones económicas respecto a la cercanía de Haití con los EEUU. 

En efecto, Haití puede ofrecerle a los chinos una base de operaciones para la entrada de sus productos a EEUU, con quienes ellos mantienen su principal relación económica.  Son varios los programas que ha establecido EEUU para favorecer especialmente a Haití.  Entre estos se cuenta:  1) CBI: 3,500 productos entran a los EEUU libremente si son enviados directamente, con el requisito de que los insumos netamente haitianos sean por lo menos un 35%; 2) CBTPA (2000):  permite un tratamiento libre de cuotas y aranceles para ciertos tipos de vestidos y extiende un tratamiento equivalente al del NAFTA a un numero de otros productos excluidos anteriormente por el CBI; 3) HOPE/HELP Acts (2007/2008): extienden las preferencias para productos de vestir y textiles, incluyendo aquellos de coproducción con la RD, e incluyen maletas, prendas de dormir y sombreros, aunque para ello Haití debe cumplir con los estándares laborales estatuidos por sus propias leyes. 

Produciendo desde Haití los chinos pueden también tener libre acceso al CARICOM y tener un impacto significativo en las ventas de sus productos a nuestro país, además de beneficiarse del EPA.  Aunque Haití no es parte del DR-CAFTA es casi seguro que un aparato productivo chino-haitiano buscara la forma de aprovechar ese tratado para también vender en Centroamérica, México y el Canadá.  Todo dependerá de la capacidad productiva que logren instalar en Haití, tomando en cuenta de que posiblemente traigan a muchos obreros chinos a trabajar en las obras prometidas (tal y como lo hicieron en Bahamas donde financiaron el desarrollo de Baha Mar, el resort más grande del mundo). 

Estas perspectivas permiten visualizar, además de un incremento en las ventas de productos dominicanos a Haití, la contratación de firmas dominicanas para que ejecuten algunos de los trabajos.  Pero lo más prometedor de todo sería que la llegada de los chinos a nuestra isla propicie el desarrollo de un flujo de turistas chinos hacia nuestro país y aprestos entre Haití y la RD para cooperar en el desarrollo del turismo  bilateral.  La isla como un todo sería un destino sumamente atractivo para el mercado turístico internacional en vista de que contiene dos países radicalmente diferentes (en cultura, raza, idioma y religión).  Con 1,771 kms de litoral, Haití tiene más del doble de kilómetros de playa  que la RD (432 kms).

Para la RD y Haití la llegada de turistas chinos no está lejos, especialmente si, como ha hecho Haití, nosotros eliminamos el requisito del visado y solo exigimos la Tarjeta de Turista.  Ya existe un vuelo de Air China de 20 horas que une a Beijing con La Habana con una escala en Montreal.  Este vuelo opera desde el 2015, se reporta que ya ha transportado a más de 25,000 pasajeros (http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/08/04/air-china-establece-oficina-comercial-en-cuba/#.WbmGdLIjH3g) y es el único existente entre China y el Caribe.  Sin embargo, la llegada masiva de turistas chinos a nuestro país no tardara mucho, a pesar de los 13,500 kms que nos separan.  Con los aviones de largo alcance que estan desarrollando la BOING y AIRBUS será posible, a partir del año 2022, realizar rutas directas y sin escala entre el Caribe y China (http://hoy.com.do/planean-establecer-el-vuelo-mas-largo-del-mundo/), con una duración mucho menor a la que toma el vuelo de Air China ahora.

Para agilizar estos benéficos desarrollos, nuestro país debe establecer relaciones diplomáticas con China lo antes posible.  Debemos reconocer que nuestro interés nacional de largo alcance esta con esa nación, sin dejar de reconocer que Taiwán se benefició mucho de su comercio con nosotros a cambio de sus apreciadas ayudas.  Las compuertas a la inversión de China deben abrirse de par en par y así articular un enlace con la nación más populosa del planeta (1,400 millones de habitantes), una nación que fue la más poderosa del mundo en la Edad Media y que ya amenaza la hegemonía económica de EEUU.

Nuestro país, además, debe priorizar la captación de turistas chinos.  En el 2016 China lideró el mundo en gasto turístico (US$261 billones, un 12% más que el año anterior) y en volumen de sus nacionales que viajaron al exterior (135 millones).  Según la OMT, el turista chino encabeza el gasto turístico en el exterior desde 2012 y los desplazamientos al extranjero siguen una tendencia de crecimiento de dos dígitos anuales desde 2004 (http://www.eleconomista.es/economia/noticias/8293821/04/17/Los-turistas-chinos-vuelven-a-liderar-el-gasto-en-paises-extranjeros.html). 

Pueden ser los chinos, finalmente, los que le darían un empujón sideral al turismo bilateral en nuestra isla. Solo se requiere que provean un financiamiento blando para que, en una sociedad de gobierno a gobierno, Haití y la RD construyan tres hoteles de 500 habitaciones cada uno y, tal y como hace Cuba, se los den a operar a las grandes cadenas hoteleras internacionales.  Eso resolvería el problema de la reticencia de los inversionistas internacionales a comprometerse con Haití debido a la inseguridad jurídica existente y otros males seculares.  Ya Cabo Haitiano tiene su aeropuerto listo para recibir grandes aviones y solo falta que haya la capacidad hotelera para que los turistas se vean por trullas a ambos lados de la frontera.   

Después del terremoto del 2010 las naciones ricas del mundo prometieron ayudas de más de US$15 billones para rescatar a Haití de las ruinas.  Entre ellas sobresalían las tres que más vinculación tienen con ese hermano país: Canadá, EEUU y Francia.  Pero esa trilogía nunca cumplió con lo prometido; Clinton llego a prometer el asfaltado de 1,200 kms de carreteras y eso nunca se materializo.  Tal vez el anuncio del proyecto chino los espolee y se inclinen a dejar fluir su solidaridad, aprendiendo tanto de China como de Cuba en esa materia.

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