Abril entre dos fuegos: Conferencia de Joaquín Gerónimo, embajador dominicano en Cuba

Foto: Acento.com.do/Archivo/Afiche de promoción de la conferencia.

Por Joaquín Gerónimo

Buenas tardes apreciados amigos y amigas.

Me siento altamente honrado al dirigirme a ustedes desde esta sala Simón Bolívar del Centro de Estudios Martianos.

Mi agradecimiento a la doctora  Ana Sánchez Collazo, directora del Centro, por la amable hospitalidad  que  nos dispensa. Igualmente al compañero René González Sehwerert, Presidente de la Sociedad Cultural  José  Martí, por toda la colaboración brindada  para  la realización de este encuentro; su  presencia nos honra grandemente,  también nos hora con su presencia en la mesa el compañero vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba, Joel Cordoví.

Saludo igualmente con especial agrado la presencia de mis colegas embajadores, destacando la presencia del S.E. Pascal Ogembe, decano del cuerpo diplomático acreditado en Cuba.

Saludamos también, a las distinguidas personalidades invitadas de instituciones del gobierno cubano,  académicos, intelectuales, así como a los compañeros trabajadores de la prensa y al público en general.

Un saludo muy especial para Patricio Bosch y Alberto Caamaño, hijos de  los dos principales protagonistas  de la gesta de abril, el profesor Juan Bosch y el coronel Francisco Alberto Caamaño.

En la historia de todos los pueblos, lo mismo que en la vida de todas las personas, hay acontecimientos que marcan de forma indeleble el alma y la conciencia, momentos para crecer y hacerse fuertes, cuando ser fuerte es la única opción para sobrevivir.

El tema que nos convoca hoy  a este encuentro es uno, que nos permite hablar de dos como si fueran solo uno: ABRIL entre Playa Girón y Santo Domingo. ABRIL ENTRE DOS FUEGOS. El fuego de 1961 y el de 1965.

Nadie mejor que Juan Bosch, nuestro insigne maestro de la política y de las letras latinoamericanas, para ayudarnos a entender la intrincada red de acontecimientos entrelazados que hicieron del Caribe una frontera imperial de 500 años. Así terminaría Bosch titulando su emblemática obra sobre la historia de los pueblos y naciones que conforman el arco de las Antillas, desde el sur de La Florida hasta la costa de Venezuela: «De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial». Este libro es una verdadera joya de la historiografía americana, para entender de dónde venimos, cómo llegamos a ser lo que somos y cómo éramos; un crisol de razas y culturas bajo las distintas banderas de los imperios colonialistas. Martí  lo resumió todo  en solo una estrofa de sus versos sencillos: “Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisién, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España”

Quizás en ningún otro pueblo o nación del Caribe se pueda apreciar con más claridad que en Cuba, ese encadenamiento lógico de acontecimientos que van marcando el destino histórico de un pueblo.

Desde el grito de La Demajagua, allá por el 1868, hasta la epopeya de Playa Girón, casi cien años después,  pasando por el Moncada y la Sierra Maestra, hay un solo hilo conductor de los eventos históricos, una enciclopedia de sacrificio y heroísmo, y un solo pueblo en lucha por su libertad.

Juan Bosch y Fidel Castro, se conocieron a finales del año 1947, cuando el primero dirigía el cuerpo de expedicionarios acampados en Cayo Confites, en ruta hacia la liberación del pueblo dominicano, atrapado desde hacía años en las fauces sanguinarias del dictador Trujillo.

Fidel era quizás el más joven de aquella legión internacionalista de libertadores.

Más allá de la diferencia de edad entre ambos y del temprano fracaso de aquella temeraria misión, estos dos hombres quedarían unidos para siempre en el devenir de los grandes acontecimientos de nuestra América, acaecidos en la segunda mitad del siglo veinte.

De eso trata nuestra disertación esta tarde. Pero antes que dar una conferencia, me gustaría solo servir la mesa con mis palabras, para una conversación entre amigos sobre lugares comunes de nuestra historia reciente. Historia de la cual algunos de los presentes han sido testigos de excepción, cuando no actores y protagonistas.

El triunfo de la revolución cubana en enero de 1959, junto al ascenso del liderazgo político internacional de Fidel Castro, definieron un nuevo escenario de conflicto con el imperio del norte, para aquel momento, pretendido dueño y señor de toda América. Lo acontecido en Cuba había sido, a los ojos de Washington, solo un mal ejemplo. Ya antes en Guatemala hubo necesidad  de mostrar los dientes de la CIA y usar el garrote contra el gobierno democrático de Jacobo Arbenz en 1954.  En el caso de Cuba habría que aplicar la misma medicina.

Para entonces, ya Juan Bosch había captado con fino olfato político la gravedad de los tiempos, aunque no lograba entender todavía hasta qué punto estaba comprometida la democracia en el Caribe y toda América Latina con la causa innoble de la dominación imperialista norteamericana.

Sin embargo, cuando le tocó asumir en 1962 el liderazgo político de su pueblo y, eventualmente, la presidencia de la República Dominicana en 1963, ya  había hecho conciencia de lo difícil que sería cultivar el árbol de la democracia en un escenario de confrontación ideológica al inicio mismo de la llamada guerra fría.

Su experimento de revolución democrática por la vía pacífica tan solo pudo durar siete meses.

El 25 de septiembre de 1963 fue víctima de un golpe de estado patrocinado por la CIA, en pleno ejercicio de la política imperial de contención del comunismo en su frontera geopolítica.

Los antecedentes de ese hecho son bien conocidos.

Luego del ajusticiamiento del dictador Trujillo a mediados de 1961,  Estados Unidos había definido sus prioridades para la República Dominicana. El presidente Kennedy habría dicho, esto se supo mucho tiempo después: «Tenemos tres opciones en orden descendente de preferencia; un gobierno democrático decente, la continuación de la dictadura o un régimen tipo Castro; debemos aspirar a lo primero, pero no podemos renunciar a lo segundo hasta estar seguros de poder evitar lo tercero.»

No hay que olvidar que esto estaba  ocurriendo solo unos días después del fracasado intento de la CIA contra Fidel Castro en la invasión de Bahía de Cochinos,  que terminó siendo para Cuba y para toda América Latina, la victoria de Playa Girón.

Una relación minuciosa de los hechos más relevantes que condujeron hasta la epopeya de Girón es reseñada por Juan Bosch en  el último capítulo de su libro ya citado «De Cristóbal Colón a Fidel Castro». He aquí una apretada síntesis conclusiva:

– «Al comenzar el año 1960, el gobierno de los Estados Unidos había resuelto que el gobierno de Fidel Castro debía ser derrocado siguiendo el mismo método que sirvió para derrocar al de Jacobo Arbenz en Guatemala.»

– «Para el mes de marzo la CIA había elaborado un plan de acción, que el presidente Eisenhower aprobó el 17 de ese mes.»

– «En el mes de septiembre de 1960, Fidel Castro estuvo en las Naciones Unidas en Nueva York, y pronunció un largo discurso ante la Asamblea General, en donde ofreció detalles sobre la conspiración que se orquestaba y advertía al gobierno norteamericano para que no llevara adelante sus planes.»

– «El día 18 de noviembre, John F. Kennedy, que había sido elegido poco antes Presidente de los Estados Unidos, fue informado por el presidente Eisenhower de todo el plan.» Como era natural, lo aprobó en su totalidad y lo puso en marcha de inmediato.

– «El 31 de diciembre, el canciller cubano Raúl Roa envió al Presidente del Consejo de Seguridad de la ONU una carta en la que afirmaba que la agresión a Cuba era inminente.»

– «Para mediados de marzo de 1961, y a un costo de cerca de 200 millones de dólares, la CIA disponía de seis batallones de infantería, una compañía de paracaidistas, un grupo numeroso de aviadores y otro de hombres ranas, todos cubanos, magníficamente adiestrados por norteamericanos en un campamento secreto en Guatemala,  y contaba además con una base naval y un aeropuerto en Puerto Cabezas, Nicaragua.»

– «Con toda esa fuerza y sin una sola onza de moral cayeron sobre Cuba por aire, mar y tierra, desde la madrugada del 16 de Abril, pero al anochecer del día siguiente los invasores de Playa Girón eran ya impotentes para romper el cerco de las milicias cubanas…» Fidel Castro en persona dirigió la operación militar en el mismo escenario de la guerra.

– «El día 19 de Abril caían en manos de las fuerzas cubanas los últimos grupos de expedicionarios. La batalla de Cuba había terminado, y con su final comenzaba en el Caribe una nueva época histórica.»

Todavía se escucha el eco lejano de las palabras de Fidel Castro aquel 16 de abril ante una multitud de enardecidos habaneros: «…Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estamos ahí, en sus narices, ¡Y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros acribillaron a balazos a los aviones agresores!…Compañeros obreros y campesinos, ésta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes»

A partir de entonces el imperio tomaría las medidas necesarias para bloquear y blindar su frontera en el Caribe. Todos los acontecimientos políticos estarían predeterminados y condicionados por el fuego de abril en Girón: El ajusticiamiento de Trujillo 40 días después en la República Dominicana; la crisis de octubre en La Habana; el complot contra Duvalier en Haití desde finales de 1962; y por supuesto, el golpe de estado al gobierno de Bosch y la posterior intervención militar de 1965 para impedir su retorno al poder.

En el lenguaje coloquial de nuestros pueblos se hubiese podido haber dicho… «LOS PLATOS QUE CUBA ROMPIÓ EN PLAYA GIRÓN LOS TUVO QUE PAGAR LA REPÚBLICA DOMINICANA EN ABRIL DE 1965»

Pero en este punto habría que destacar el hecho de que Cuba fue el primer país que levantó su voz para condenar la invasión militar norteamericana en Santo Domingo. Hay que decir más. La posición firme y enérgica de Cuba en la ONU denunciando la intervención imperialista fue lo que evitó que Estados Unidos usara la fuerza demoledora de su ejército para  tomar a sangre y  fuego la zona constitucionalista. El precio hubiese sido la destrucción de la ciudad primada de América, porque los  heroicos combatientes del coronel Caamaño  estaban dispuestos a caer bajo los escombros de la ciudad antes que entregar el último espacio de soberanía de la República en Armas.

Una relación escueta de los hechos y sucesos durante los primeros días de la guerra de abril en Santo Domingo, extraída de documentos  secretos del gobierno, desclasificados posteriormente en los archivos de Estados Unidos, nos da una idea aproximada del nivel de involucramiento y determinación del poder imperial,  por aquellos días de infamia y oprobio,  en medio de la turbulencia política.

– «El sábado 24 de Abril se informa desde la embajada norteamericana en Santo Domingo, mediante «MENSAJE CRITIC» al Departamento de Estado, reportando sobre el golpe contra el gobierno de Reid (gobierno de facto fruto del golpe de estado de 1963 al gobierno constitucional del profesor Juan Bosch).»

– «En la madrugada del domingo 25 de abril, la embajada norteamericana en Santo Domingo reportó que la situación se está rápidamente deteriorando. Tropas del ejército entrando en la capital. Disparos dispersos. Fuerzas rebeldes (constitucionalistas) están tratando de tomar Radio Santo Domingo. Ejército movilizando respaldo a Reid.»

– » Al mediodía del domingo 25:

Radio Santo Domingo en manos rebeldes reportando que el gobierno de Reid había sido derrocado y que el país estaba retornando a la constitucionalidad con Bosch.»

– «Al amanecer del lunes 26 de abril plantas de radio y televisión siguen en manos rebeldes. A media mañana se reportó desde la embajada que la posición de los opositores al golpe se está debilitando, plantean que solo la intervención de los Estados Unidos puede prevenir el retorno de Bosch.»

– «Durante todo el día martes 27 se intensifican los bombardeos de la Fuerza Aérea sobre la zonas rebeldes; la embajada reporta que tropas del general Wessin están entrando a la ciudad desde el este del rio Ozama.

– «Al mediodía del miércoles 28 de Abril la embajada reporta: Al final de una sesión regular del Consejo de la OEA, el embajador dominicano reportó sobre los sucesos, destacando el envolvimiento de los castro-comunistas. Ninguna acción fue requerida o tomada y ningún otro de los miembros de la OEA habló.»

– » Ese mismo día 28, Una hora después, el embajador norteamericano, W. T. Bennett, reporta sección sudeste de Santo Domingo en manos rebeldes. A seguidas  envía MENSAJE CRITIC con pedido de los militares dominicanos a Estados Unidos para que preste su ilimitada e inmediata asistencia militar.»

– «A las 4:15 de la tarde el embajador Bennett reporta a Washington situación deteriorándose rápidamente. Equipo del país es unánimemente de la opinión de que ha llegado el momento de desembarcar los marines. Tres horas más tarde el embajador Bennett reporta situación deteriorándose y pide a Washington considerar intervención armada inmediata con objetivo más allá de la protección de vidas de los Estados Unidos.»

– «A las 8:30 de la noche del miércoles 28 de abril el presidente Johnson anunció desde la sala de prensa de la Casa Blanca el desembarco de tropas.»

Después del 28 de abril, a la vuelta de pocos días, los Estados Unidos habían desembarcado en territorio dominicano más de 42 mil marines, para impedir el avance y la inminente victoria de la revolución constitucionalista bajo el liderazgo militar del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. Se iniciaría a partir de aquel momento una nueva etapa de la guerra, que adquiría entonces carácter patriótico y anti-imperialista, llevando a la radicalización de los sectores más moderados en el frente constitucionalista.

Luego de 30 días de confrontación, ablandamiento con fuego de mortero y vanos intentos de llevar las fuerzas constitucionalistas  a la capitulación, se iniciaría un largo proceso de negociación política, bajo el asedio de las tropas interventoras y en condiciones militares claramente adversas para el coronel Caamaño y su reducto de resistencia patriótica confinado entre los muros de Ciudad Nueva.

Allí se había formado el nuevo gobierno constitucional de la República en Armas, presidido por el coronel Caamaño, siguiendo instrucciones del presidente Bosch desde su exilio forzado en Puerto Rico.

Los días 15 y 16 de junio fueron los más intensos y heroicos de la guerra. Los invasores lanzaron una gran ofensiva  intentando en vano tomar la ciudad rebelde; los combates de esos dos días gloriosos costaron enormes bajas al invasor. Se contaron por centenares. Pero las fuerzas del coronel Caamaño también entregaron su cuota de sacrificio, aunque mucho menor.

Esta guerra sin victoria fue para Bosch la segunda gran lección de su vida política.

Ahora estaría convencido de que no bastaba haberle ganado la batalla política en el terreno electoral a la rancia oligarquía, heredera natural de la dictadura trujillista; tampoco había sido suficiente haber derrotado en el campo de la guerra a la cúpula militar corrompida y golpista, soporte indecoroso del depuesto régimen de facto. A partir de ahora habría de tener de frente nada menos que a la potencia militar más poderosa del hemisferio, y ello le obligaría a replantear de cara al futuro, todos los esquemas de lucha y organización política.

Tiempo después, le tocaría a Bosch desde su exilio en España, hacer el recuento de los hechos; remover los escombros de este otro fuego de abril, y reflexionar acerca del futuro de la democracia americana bajo la tutela imperialista.

Al escribir por aquellos años su monumental historia del Caribe, lo que hizo Bosch fue lanzarse a una búsqueda profunda de los elementos causales de la intervención militar de los Estados Unidos, que ahogó en sangre la revolución democrática constitucionalista en la República Dominicana. Su tesis la dejó resumida así, desde el final del primer capítulo de su emblemática obra:

«El Caribe comenzó a ser frontera imperial cuando llegó a La Española la primera expedición conquistadora, que correspondió al segundo viaje de Colón. Eso sucedió el 27 de noviembre de 1493. El Caribe seguía siendo frontera imperial cuando llegó a las costas de la antigua Española la última expedición extranjera, la norteamericana que desembarcó en Santo Domingo el 28 de abril de 1965.»

El heroico pueblo dominicano había librado una guerra sin posibilidades de victoria, pero podría decirse que su victoria fue haber peleado con dignidad esa guerra.

Nunca olvido aquella frase motivadora de la Madre Teresa de Calcuta, con la cual alentaba a los humildes en su lucha cotidiana por la vida: «UN ESFUERZO TOTAL ES UNA VICTORIA COMPLETA»

Sin embargo, lo cierto y doloroso es que la liberación definitiva de nuestro pueblo quedaría pospuesta sin fecha.

La juventud  revolucionaria  y el pueblo combatiente de abril hubo de pagar un alto precio en los años de la post-guerra: cárcel, exilio y muerte durante años de represión y barbarie, bajo los designios macabros de la doctrina de seguridad nacional, impuesta desde Washington por todos los confines de América Latina y el Caribe.

El tiempo ha transcurrido y ha dejado sus marcas imborrables. La historia continúa y aquí estamos hoy, medio siglo y más después de aquellos días de abril, mirando hacia el pasado con orgullo y hacia el futuro, aún con esperanza.

El calendario está lleno de días gloriosos para todos los pueblos. La rosa de Martí se puede cultivar en Junio como en Enero. Pero  este Abril de primavera ardiente, entre Girón y Santo Domingo,  estará siempre presente, allá y aquí, «ENTRE DOS FUEGOS»,  como ejemplo del coraje y la dignidad de nuestros dos pueblos.

Pensé que éste debió ser un excelente final para mi presentación de esta tarde, pero luego me dije… no;  y a riesgo de agotar la paciencia del auditorio decidí agregarle una página más.

Hasta aquí solo hemos hablado del pasado; y la prudencia aconsejaría no adentrarse en la complejidad política de los tiempos presentes. Por demás, no corresponde al mejor sentido de la diplomacia escudriñar en  conflictos del pasado para provocar divisiones en el presente. Todo lo contrario, es nuestro deber como diplomáticos abrir todos los caminos al entendimiento, en la búsqueda de la paz entre las naciones.

Sin embargo, no podríamos soslayar el hecho cierto de que éste presente de turbulencia política global, se parece cada vez más a aquellos aciagos días de inicios de la guerra fría, cada vez menos fría, cada vez más amenazante para nuestro pueblos.

Hay viejos hábitos recurrentes en algunos de los principales protagonistas del tablero político mundial; aunque debiera entenderse que  en el mundo de hoy, que no es el de hace 50 años, ningún estado es lo suficientemente fuerte como para pretender destruir a los demás sin provocar su propia ruina.

En este punto queremos volver al pensamiento iluminado de nuestro maestro, profesor Juan Bosch, quien hace justamente 50 años escribió un controvertido ensayo de geopolítica titulado “El Pentagonismo, sustituto del Imperialismo”. Su tesis se refería al surgimiento en Estados Unidos de una macro estructura fundamentada en la industria de la guerra, lo que empezó a ser denominado entonces y denunciado después como el “Complejo Industrial-Financiero-Militar”. El pentagonismo devenía así en una especie de nuevo poder transnacional asociado a las fuerzas militares de los países sometidos a la hegemonía imperial.

Los acontecimientos del tiempo presente nos obligan a reflexionar sobre éstas y otras ideas que deberíamos recuperar desde los viejos archivos de la guerra fría.

De todas maneras, la conclusión de Bosch sobre el tema viene cargada de optimismo y revestida del más puro ideal humanístico: “No ha habido en la historia, ni lo habrá mientras el mundo esté poblado por seres humanos, un poder con suficiente fuerza para dominar el globo, y desde luego, si pudiera haberlo, no sería el pentagonismo. El pentagonismo dispone de una fabulosa maquinaria de guerra, pero carece de una causa que entusiasme el corazón de los hombres que puedan usarla. Y es en el corazón humano, no en la capacidad destructora de una bomba, donde está la respuesta a las angustias de los pueblos.”

Entonces, ahora sí. Mi mejor manera de terminar: una sencilla frase de un líder mundial responsable, encontrada hace poco en el portal electrónico de noticias TeleSur: “LA HISTORIA NO LLAMA A DIVIDIR A LA GENTE, SINO ALERTARLA A NO COMETER LOS MISMOS ERRORES” (V. Putin)

¡Muchas gracias!

Centro de Estudios Martianos

Sala Simón Bolívar

La Habana, Cuba.

24 de Abril,  2017

Participa en el debate

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.

© 2011 - 2019 Editora Acento SAS. Todos los derechos reservados.
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Se un periodista ciudadano - Comparte las incidencias de tu comunidad.