El autoritarismo y la memoria dominicana

El novelista y dramaturgo norteamericano Cormac McCarthy dice en su novela All the Pretty Horses que “las cicatrices tienen el extraño poder de recordarnos que nuestro pasado es real.”  Si aplicáramos este pensamiento a la realidad dominicana podríamos afirmar que el pasado dominicano es súper real dada la inmensidad y la abundancia de cicatrices históricas que marcan la piel y conciencia de nuestra nación. Entre las cicatrices más marcadas se encuentran las relacionadas con el complejo legado de las experiencias políticas vividas entre los años 1931 y 1978. Y dicho esto la pregunta de lugar es la siguiente: ¿qué ha pasado con la memoria colectiva de las heridas políticas de este período? O, en otras palabras, ¿cuál es el estado de la memoria dominicana contemporánea? En este corto ensayo me aventuro a discutir algunas ideas respecto a cómo la sociedad dominicana recuerda su pasado traumático. El objetivo no es discutir la veracidad o falsedad de la memoria ni de las conexiones de éstas con expresiones partidarias, sino más bien reflexionar sobre  las características y tribulaciones de las luchas por la memoria en la sociedad dominicana.

Para empezar, recordemos que por casi más de tres décadas la dictadura Trujillista produjo memorias de terror y de abusos que el régimen se empeñó en reprimir para así obligar al pueblo a privatizar el duelo y el trauma. Sólo tras la caída de la dictadura pudieron estas memorias circular en el ámbito público y penetrar la conciencia colectiva. No obstante, en mi opinión, en nuestro país la  lucha por hacer justicia tras la caída del dictador no condujo a procesos de lucha por la  memoria con un ímpetu comparable al visto en sociedades como la argentina o la chilena tras la caída de la dictadura militar. En estas sociedades sudamericanas hubo un activismo sostenido y agitado por la búsqueda de “la verdad,” y en el caso de Chile hubo activismo aun antes de la caída misma de la dictadura de Pinochet. Y aunque los procesos no han sido totalmente exitosos ni totalmente efectivos en estas sociedades, si hay evidencia de campañas estatales de exhumación, de recuperación de evidencias forenses, de registro de víctimas, de trabajo de comisiones de la verdad y justicia, de perdones presidenciales, de precedentes legales contra los victimarios, de expulsiones dentro del cuerpo militar, y de conflictos fuertes de lucha por la memoria que persisten hasta el día de hoy.

Evidentemente, la cuestión de la lucha por la memoria ha seguido un camino diferente en nuestro país. Entre las causas de este fenómeno podríamos citar la táctica de borrón y cuenta nueva que caracterizó la práctica de los gobiernos que sucedieron a Trujillo. Incluso el Profesor  Juan Bosch  quien  llamó a iniciar el proceso de búsqueda de la verdad privilegió la gobernabilidad a través del borrón y cuenta nueva. Al fin y al cabo esta política más bien condujo a la institucionalización del olvido y a la impunidad y también a la legitimización de la idea de que lo importante era avanzar hacia el futuro sin tener que abordar los  traumas y crímenes políticos  del pasado. Otra causa importante lo ha sido el papel relativamente pasivo jugado por el estado dominicano en procesos de justicia y asunción de responsabilidad con relación a crímenes y abusos políticos cometidos durante y después de la dictadura. También ha sido un factor significativo el hecho de que fue el heredero político de Trujillo- esto es el Dr. Joaquín  Balaguer –quien dominara por tantos años el aparato estatal y la vida política nacional en el período post-trujillista. La presencia del Dr. Balaguer en el poder significó que el Trujillismo continuó siendo representado en el Estado, y por tanto, las energías nemónicas de la sociedad fueron disuadidas desde el poder bajo la influencia de agentes políticos desinteresados en adentrarse en los legados del pasado. No podemos dejar de señalar que también ha habido debilidad y fragmentación dentro las fuerzas anti-autoritarias del sector político y en la sociedad civil, y que esto ha contribuido a la desarticulación de los actores sociales ligados a los trabajos de la memoria. Por último, y como lo sugiere mi gran amigo, el banilejo Manuel Guerrero,  los bajos niveles educativos del pueblo dominicano y el marcado carácter conservador de nuestra cultura también juega un papel en todos estos procesos. En general, estos factores y sin duda otros no mencionados – causaron un debilitamiento del ímpetu nemónico de la sociedad y crearon un retraso en el proceso de politización de la memoria.

Esta caracterización más bien tenua de la situación de la memoria dominicana no niega los aportes pedagógicos y políticos provistos por los trabajos de memoria ejecutados sistemáticamente por instituciones como la Fundación Testimonio, la Fundación Manolo Tavárez, la Fundación Hermanas Mirabal, la Fundación Héroes del 30 de Mayo, la Fundación Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, la Fundación Hermanos de la Maza, la Fundación Caamaño, entre otras. Mi observación es, más bien, que la memoria colectiva del autoritarismo no llegó a capturar un estatus de alto perfil en la sociedad dominicana. De hecho, la cuestión de la memoria ha mantenido bajos niveles de intensidad y de consecuencia política, y por lo tanto, la nación dominicana no ha sido testigo del tipo de conflictos de memoria encontrados en otras naciones latinoamericanas que también fueron victimizadas por el sable dictatorial, y que hoy aún viven procesos intensos de lucha por recuperación de la memoria y de justicia y reconciliación.

Ahora bien, es importante declarar que la memoria dominicana vive en la actualidad un momento importante. Hasta podríamos afirmar que nuestra sociedad ha estado atravesando por un proceso de animación  de la memoria. Esto así porque en los últimos años la sociedad dominicana ha visto un incremento en los archivos históricos y en las actividades relacionadas con la conmemoración de los legados del trujillismo y del balaguerismo y de los eventos históricos de la post-dictadura. Por ejemplo, el Archivo General de la Nación ha emprendido numerosos proyectos que sin duda contribuyen a la recuperación de la memoria.  Ya desde hace unos años también habían surgido momentos de la memoria que incitan el recuerdo y que facilitan la representación y discusión del pasado.  Casos concretos de instrumentos y momentos de la memoria lo son la publicación  de los libros A la Sombra de mi Abuelo (Aída Trujillo, 2008) y Trujillo, Mi Padre en Mis Memorias (María de los Ángeles Trujillo (Angelita), 2010). También en el 2010, el Ministerio de Cultura anunció el proyecto Colección Bibliográfica Memorias a través del cual se publicaran 26 volúmenes de trabajos enfocados en la represión trujillista y el movimiento de resistencia contra la dictadura. En  2011, Emilio Herasme Peña estrenó el documental  La Muerte de Trujillo: La Gesta Patriótica de Mayo de 1961, en su aniversario.  En junio del 2011 el entonces Presidente Leonel Fernández condecoró por decreto a Miguel Bisié y al fallecido Manuel De Ovin Filpo quienes participaron en la gesta del 30 Mayo del 1961. Con el decreto número 471-10, Fernández creó una comisión para conmemorar el 50 aniversario del asesinato de las hermanas Mirabal. Ese mismo año, la muy popular Feria Internacional del Libro presentó la exhibición Trujillo: La República Dominicana 50 Años Después de su Muerte.  En el mismo día de la celebración del 50 aniversario de la Muerte de Trujillo, la Fundación Héroes del 30 de Mayo anunció planes de solicitar una condena oficial contra los crímenes de la Era de Trujillo ante la Corte Penal Internacional en La Haya. La petición de condena contribuye a la energía nemónica  aun en el caso de que este Tribunal carezca  de competencia ratione temporis pues la RD ratificó el Estatuto de Roma el 12 de mayo de 2005, y en aplicación del principio de irretroactividad de la ley.  A nuestro entender el resultado es que cada uno de estos casos estimuló reacciones y generó conversaciones y debates sobre hechos del pasado.

Como ejemplos de trabajos de la memoria relacionados con el régimen de Balaguer podemos citar la declaración congresional de septiembre de 1997 que declara a Balaguer como “gran propulsor de la democracia, del desarrollo económico, de la estabilidad política y de la paz social en la República Dominicana. Padre de la Democracia”. También podemos citar las numerosas publicaciones, conferencias y celebraciones religiosas y políticas ejecutadas por la Fundación Balaguer en su nombre. Eventos en celebración del día de la mujer y del día del niño y de los reyes magos en la icónica casa de la Máximo Gómez también forman parte de los trabajos de la memoria implementados por la Fundación. Existen también otros instrumentos de memoria como por ejemplo el documental Balaguer: 96 Años de Historia de Saúl Pimentel, al igual que otras actividades que van más allá del alcance de la Fundación de las cuales podemos citar el tramo Santiago-Navarrete que lleva el nombre del Dr. Balaguer, la Plaza Centenario Joaquín Balaguer en el Mirador Sur, la parada del metro Joaquín Balaguer en la Máximo Gómez. Estos trabajos también generan conversaciones y debates sobre hechos del pasado, y como resultado ayudan a mantener viva la memoria.

No se puede echar de menos como trabajo de la memoria las maneras informales en las cuales los políticos han invocado la figura de Balaguer en contextos electorales y de alianzas y de cómo éstos han usado elementos del libro político de Balaguer para crear sus propias imágenes políticas y representarse frente a las masas. No todas estas iniciativas pueden ser cubiertas en este artículo aunque con certeza debe haber muchos ejemplos visibles para el que tenga un ojo sensible a este fenómeno. Notoria fue la exhibición inaugurada en las oficinas de la Junta Central Electoral en febrero de 2012 en la cual se conmemoraba a personajes icónicos de la historia nacional. La exhibición eleva a los conmemorados en virtud de la asumida  “filosofía noble” que los caracterizaba.  La exhibición compara la filosofía de los conmemorados con la filosofía de Duarte, Sánchez y Mella. La exhibición incluye la “sala de los partidos” en las cuales las figuras del Dr. Joaquín Balaguer, del Profesor Juan Bosch, del Dr. José Francisco Peña Gómez y del Dr. Manuel Aurelio Tavárez Justo son invocadas como estandartes de la larga lucha por el “desarrollo democrático de los últimos 50 años”. De manera curiosa la exhibición homogeniza la historia, la filosofía política y el legado  de estos hombres-historia a pesar de las divergentes características  individuales y políticas que los marcan. Volviendo al tema específico de la  memoria de Balaguer podemos decir que todos los trabajos de memoria mencionados hasta ahora en este ensayo se subscriben a una narrativa de excepcionalismo alrededor de la figura y el legado del Dr. Balaguer. Esto así porque el Dr. Balaguer emerge consistentemente en esas narrativas como una figura precursora del desarrollo económico, político y cultural del país y también como un hombre con logros concretos y de sentido patriótico y moral. A pesar de la abundancia de esta narrativa excepcionalista no podemos ignorar las iniciativas nemónicas que la contradicen. Estas iniciativas existen y están dirigidas a cuestionar el legado de Balaguer desde el punto de vista de los derechos humanos, del daño causado por el balaguerismo a las instituciones y a través  de la celebración de los héroes de la resistencia y de los llamados en  favor de la  justicia en contra de la impunidad. Los familiares, amigos, allegados y ex camaradas de las víctimas han jugado un papel protagónico en estos procesos.

A este respecto, una sala del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana enfocada en el período de los doce años de Balaguer representa esta etapa de la vida nacional con énfasis en la violencia política y la pérdida de hombres y mujeres de principios y coraje. La sala presenta el legado Balaguerista como uno que es de pérdida y de superchería  política, no de desarrollo y progreso social. Lo mismo podemos decir sobre los documentales La Herencia del Tirano: Balaguer y el Poder (1998) y Balaguer: La Violencia del Poder (2003) de René Fortunato y de publicaciones como Charamicos de Ángela Hernández (2003), Amín Abel Hasbún: Un Gigante Dormido de Fidel Santana (2001) y Cuesta Arriba: Memorias de Chaljub Mejía (1997),  las cuales expresan una visión del pasado que contradice la narrativa excepcionalista de Balaguer. En vista de la confrontación simbólica entre la memoria de excepcionalismo y la memoria de la violencia y caudillismo político no cabe duda que Balaguer es una figura con fuerte capital nemónico  capaz de generar fuertes emociones individuales y sociales y de fomentar discusiones encontradas sobre el pasado, el presente y el futuro dominicano.

La tarea de lugar ahora es poder determinar 1) por qué acumuló Balaguer tanto capital nemónico o lo que es igual ¿por qué es Balaguer una figura memorable? En nuestra estimación, el capital nemónico de Balaguer está basado en los factores siguientes: 1) larga trayectoria política y de dominio del poder en momentos cruciales del siglo veinte, lo que le permitió acumular grandes cantidades de capital simbólico y político y cultivar un legado que, aunque  evidentemente   relacionado, es al mismo tiempo independiente  del régimen de Trujillo,  2) ejecución de una pedagogía política consistente y efectiva a través de la oratoria, la autobiografía, métodos autoritarios consistentes con la cultura política nacional. Un estilo, método y mensaje  político definido y consistente, auto-representación como estadista puro y hombre excepcional;  y 3) implementación de políticas pro-memoria entre las cuales podemos citar el levantamiento de obras de infraestructura que fungen hoy como símbolos de su obra y estandartes de sus logros desarrollistas.

No está de menos el señalar que el papel de Balaguer como figura modelo para otros políticos también ayuda a incrementar su vigencia nemónica. A lo que me refiero es que el capital nemónico de Balaguer se actualiza en la medida que los líderes políticos de hoy invocan su figura en diversos contextos y con diversas motivaciones a través de expresiones simbólicas y de conmemoraciones concretas.

Expuestas todas estas consideraciones  la otra pregunta que grita por respuesta es aquella del por qué es exactamente en los últimos años que la sociedad dominicana está pasando por un proceso de animación de la memoria. Al sopesar esta pregunta es bueno recordar en primer lugar que el recuerdo se facilita con el paso de los años lo cual desde mi perspectiva tiene importancia para el caso dominicano. Trujillo fue ajusticiado hace ya más de 50 años y  Balaguer dejó la presidencia hace ya 20 años. Balaguer  tiene ya más de 10 años de fallecido. El paso del tiempo facilita el distanciamiento sicológico de las viejas y las nuevas generaciones. Este distanciamiento da más fluidez al recuerdo y al olvido. El transcurrir del tiempo se convierte siempre en un aliado de la memoria. Además de esto en la sociedad dominicana también se han  desarrollado diferentes comunidades de la memoria  y hay asimismo más recursos y medios para conmemorar el pasado. En los últimos aos también ha habido – lo cual es comparable a otros casos de América Latina- más apoyo a iniciativas y proyectos de memoria por parte de las ONGs, de instituciones públicas y organismos internacionales.

Pero dicho todo esto, ¿Cuál es la relevancia del renovado ímpetu nemónico de nuestra sociedad? ¿Por qué molestarse con todo este asunto de la memoria? La cuestión es que según los expertos el presente y  futuro de una nación son influenciados por la manera en que esta elija resolver asuntos pendientes del pasado. En nuestro caso, se puede decir que es bien significativo el cómo los dominicanos elijamos resolver los asuntos del  legado autoritario y de su significado en el vivir colectivo presente y futuro.

Al respecto también se entiende que el tratamiento que la sociedad dominicana le da  a la memoria de su  pasado traumático puede de manera significativa inhibir o facilitar los procesos de cuestionamiento de las causas que crean y reproducen los problemas nacionales y de cuestionamiento de los círculos y repertorios políticos que aún representan  ese pasado. De igual manera el tratamiento que los dominicanos le demos a nuestro  pasado autoritario condiciona la calidad del ejercicio de la ciudadanía y de la consolidación  de una verdadera democracia en el presente. Más aun, los procesos de cuestionamiento del pasado traumático tienen la capacidad de trillar caminos más estables para el florecimiento de mejores condiciones para la transparencia, la justicia, y para el desarrollo de un  liderazgo con autoridad moral. Parte de nuestro presente y futuro depende cualitativamente de cómo resolvamos los asuntos pendientes del pasado.

Bienvenida sea pues el relativo auge actual de la memoria dominicana. Y terminemos hoy como comenzamos: cuestionándonos al respecto. Dado el discutido relativo auge,  ¿Cuáles son las implicaciones del resurgimiento de nuestra memoria histórica? ¿Cuál es el futuro de nuestra memoria histórica a un corto y largo plazo y cuáles actores y grupos sociales van a moldearla más significativamente?

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