Eugenio María de Hostos y la educación actual

Hostos trae una concepción educativa acorde con la realidad histórica, una educación científica que desterró de las aulas, en las que el dinámico maestro educó, toda idealización sobre los hechos y dirigió a los alumnos a usar más la razón.
Rev. P. Jesús Castro Marte - 3 de diciembre de 2015 - 12:09 am - Deja un comentario

Cada momento histórico está marcado por un desarrollo social, y esto exige cambios en el sistema educativo, porque los objetivos van cambiando con el tiempo. En el período de la Colonia, la educación tenía una orientación religiosa, de acuerdo a la monarquía existente, aceptando los principios cristianos del momento. El concepto de la independencia va a orientar la educación con otras metas muy diferentes a la filosofía escolástica. Surgen nuevas ideas progresistas, el derecho divino del monarca cambia por el derecho del hombre.

Hostos creó un sistema de enseñanza actualizado a la realidad existente que vivía la República Dominicana. La sociedad dominicana del siglo XIX era limitada a nivel del progreso educativo. Para Hostos, la herencia colonial fue un atraso de mentalidad. Por eso, puso a la escuela en el eje de la sociedad, alrededor de ella se moldeaba toda la actuación social.

La Escuela Normal representó una novedad fundamental en el ambiente dominicano y el campo de la educación. El modelo ideal de Hostos, basado en la educación, en la escuela, consistió en crear una estructura de muchos maestros con una obligación social.(1)

La República Dominicana, en el año 1875, recibía al destacado pedagogo. El país a su llegada se encontraba bajo un sistema educativo que daba más prioridad a lo religioso que a la ciencia, pues, el idealismo cundía las mentes de los educandos.

Hostos no fue comprendido en ese momento histórico, porque pretendía proponer un modelo educativo diferente. Las visiones científicas y éticas que quiso explicar fueron vistas sospechosas y no aplicables, como una aspiración ideal. “Hostos quería escuela para todo el mundo, que no se quedara sin tomar un sorbo de esa agua mágica que es la educación”.(2)

Se puede decir, en forma de crítica, que la ubicación de la filosofía educativa de Hostos en el campo del positivismo y el señalamiento de los rasgos naturalistas de su obras pedagógicas no son elementos suficientes para la determinación de su filosofía educativa, puesto que dicho personaje, habiéndose encontrado en esos contextos, los trascendió en la teoría y en la práctica con niveles de autocreatividad que conducen a la percepción de una pedagogía, una sociología de la educación y una filosofía educativa que más bien pueden calificarse como hostosianas.(3)

El positivismo de Hostos se limita fundamentalmente al sector educativo. En el campo de la moral, la jurisprudencia y la sociología, Hostos tuvo una marcada influencia, aunque no ocurrió lo mismo en el campo filosófico.

Por esa razón, Hostos creó una práctica educativa y muchos de sus discípulos, a quienes se conoció como los normalistas, eran las personas de confianza para ir proyectando la idea educativa.

Hostos entró en competencia con el liderazgo cultural que hasta entonces habían ejercido los católicos Meriño, Billini, Bonó y García. El maestro puertorriqueño no era católico y consideraba que el aula no era un espacio catequético. En su Escuela Normal no se enseñaba religión, sino moral social.

Como hemos dicho, Hostos inició su labor pedagógica en la República, en 1879. Tiene que abandonar el país en diciembre de 1888, ante el ataque del presidente Ulises Heureaux. Tras el asesinato del general Heureaux, el país volvió a vivir un período de euforia semejante a la de los años 1844, 1865 y 1879. Todo parecía indicar que, a semejanza de la Revolución francesa, el antiguo régimen desaparecía para dar paso a un orden nuevo. Los hostosianos asumieron entonces un papel dirigencial en el Congreso, en el gobierno y en la prensa, y volvieron a plantear sus propuestas reformadoras, esta vez con mayor contundencia.

Con sus planes educativos, Hostos previó la necesidad de crear “una clase letrada en aptitud de dirigir el país”. (4) Pero la pugna de la escuela no dio mayores resultados.

La ley de escuelas normales de 1879 creó una generación de normalistas, pero el normalísimo no era ni causa ni efecto del desarrollo económico, en particular azucarero, de la época. El proyecto de ley de reforma educativa presentado por Hostos en 1901 no se materializó. Tampoco dio frutos la reforma de la educación de inspiración católica de 1895 que, con la muerte de Heureaux, llegó a su fin.

Hostos sufrió las revoluciones, y más de una vez su diario y su correspondencia dejan al descubierto sus angustias. “La situación de este pobre queridísimo país es de las que aconsejan la emigración, hasta yo mismo he pensado en ella; pero cuando me pongo a pensar en lo mucho que lo quiero y que lo quieren mis dominicanos, así como en la posibilidad de que aún me sea dado prestarle algún gran servicio, desisto de toda idea de emigrar”.(5)

El modelo educativo hostosiano perduró muchos años después del fallecimiento de Hostos en 1903. Sus procedimientos pedagógicos y su ideario moral conformaron una generación de maestros dedicados al servicio del alumno. Pero el deterioro de la sociedad dominicana, sus luchas caudillistas, y sobre todo la intervención norteamericana, pusieron en duda todas las ilusiones que ellos habían cifrado en las instituciones democráticas de los pueblos.(6).

En su realidad histórica del final siglo XIX en el marco educativo, el enfrentamiento entre Hostos y Meriño fue de corte ideológico.

Hostos trae una concepción educativa acorde con la realidad histórica, una educación científica que desterró de las aulas, en las que el dinámico maestro educó, toda idealización sobre los hechos y dirigió a los alumnos a usar más la razón. Su Escuela era considerada racionalista.

Para 1883 se crea el Instituto Profesional, donde se produce una reconciliación  entre Eugenio María de Hostos y Fernando Arturo de Meriño, pero esta unidad entre ambos personajes fue porque el arzobispo demostró capacidad intelectual y desde el gobierno hizo que Hostos tomara otra visión.

“Actualmente, la educación dominicana tiene mucho de memorística, son innumerables los centros educativos que siguen sustentando una educación tradicional. Nuestra educación es fundamentalmente verbalista, memorística y confesional”.

La educación dominicana necesita terminar de despojarse de toda idealización de los hechos o fenómenos que la ciencia hoy día aborda con verdadero acierto. Igualmente necesita acabar con la educación tradicional, que sostiene una enseñanza basada principalmente en la memoria. Debe marchar hoy conforme con los avances y las exigencias del siglo XXI en cuanto a la educación, y así nuestra vida social sería más enriquecedora.

Notas

  1. Antonio  Lluberes. Ob. cit., p. 118.
  2.  F. García. Evangelio Vivo de Hostos. San Juan, Editora Jay-Ce Printing, 1989, p. 43.
  3.  Oscar Robles Toledano. La influencia de Hostos en la Cultura Dominicana. Ciudad Trujillo, Editora del Caribe, 1956, p, 57.
  4.  Ibíd., p. 68.
  5.  Juan Bosch.  Hostos el Sembrador. Santo Domingo, Editora Alfa y Omega, 1985, p. 201.
  6.  Antonio Pedreira. Ob. cit., p. 229.

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