¿Nunca es demasiado tarde…?

Finalmente la sociedad dominicana se enfrenta a la realidad de que sin buenos maestros jamás lograremos la excelencia en el aprendizaje de los alumnos. En la desesperación, buscamos a tientas la varita mágica que nos permita combinar instantáneamente  todos los ingredientes para formar de manera acelerada educadores de alto desempeño. Concentramos la atención en la formación profesional de los maestros a nivel terciario (que reconocemos es muy importante), sin valorar en su justa dimensión el factor de reclutamiento de los mejores prospectos y la necesidad de facilitar su dedicación a tiempo completo a los estudios.

Los equipos deportivos saben por experiencia que si bien sus “academias” de entrenamiento son importantes, lo esencial es reclutar a los mejores candidatos y proveer las condiciones para su dedicación a tiempo completo a prepararse para la competencia profesional sin tener que buscársela. Y para ese propósito tienen una organización de escuchas descubriendo sistemáticamente el talento en los más apartados rincones del mundo. Se  proponen identificar  los prospectos a la más temprana edad posible, pues entienden que si no empiezan a la edad apropiada los fuertes entrenamientos que se requieren para llegar al estrellato, se desperdicia el elevado potencial de los jóvenes atletas. Tienen bien claro las destrezas básicas que buscan en los jovencitos. Expenden grandes esfuerzos e invierten muchos recursos para firmar los mejores prospectos a temprana edad y hacer que se dediquen en cuerpo y alma al deporte, pues saben a ciencia cierta que ese sistema da los mejores resultados.

Las universidades más prestigiosas del mundo valoran el factor del alto nivel académico y la capacidad de liderazgo de los estudiantes de nuevo ingreso en igual medida que la idoneidad  de su programa de estudios, la excelencia de su profesorado,  y la calidad de su infraestructura. Tanto es así que esas instituciones dedican grandes recursos al reclutamiento de los mejores candidatos vía sus programas de admisión, y miden su éxito por el número de postulantes de alto nivel que solicitan ingreso. En algunos casos tienen hasta veinte y más solicitantes de muy altas calificaciones  por cada plaza disponible, fruto de sus campañas de reclutamiento muy agresivas en todo el mundo. También ofrecen ayuda financiera generosa a los prospectos de bajos ingresos familiares, en aras de atraer a los estudiantes excepcionales a la institución y permitirles dedicarse a los estudios sin penurias ni distracciones.

Actualmente nuestros programas de formación inicial de maestros trabajan con los egresados de nuestros liceos, que sabemos generalmente no han brillado en las últimas décadas por la excelencia académica. Y como  la carrera pedagógica lleva décadas de desprestigio en el país, los mejores bachilleres no ingresan a las facultades de educación. Con tal de tener el título de bachiller, las facultades de educación admiten a los estudiantes sin mucho miramiento. Muchos de los futuros maestros actuales fueron estudiantes marginales en básica y media, y por buenos que sean los programas de formación pedagógica y los instructores (criollos o importados), esos pobres bachilleres no podrán compensar su deficiente educación básica para descollar como buenos maestros. Y menos si tienen que trabajar para poder estudiar en régimen sabatino. Lamentablemente para ellos es demasiado tarde, por muchos esfuerzos que hagamos para recuperar el tiempo perdido. Ellos son víctimas del pasado; evitemos que los estudiantes de básica de hoy sigan siendo víctimas en el futuro.

Sin embargo, no es demasiado tarde para adoptar las medidas necesarias para que los mejores estudiantes de la educación media ingresen a las facultades de educación, si nos empeñamos a fondo en lograrlo. No estamos tarde (aunque cada día que perdemos es crítico para el futuro de la nación) para trazar políticas y diseñar y ejecutar programas de reclutamiento de los mejores prospectos. En varias ocasiones hemos esbozado la urgencia de identificar a jóvenes de buena conducta y excelencia académica al completar la escuela básica, con el propósito de entusiasmarlos a ser maestros.* Apoyo e incentivos, así como mayores exigencias académicas y de conducta, para atraer a los mejores adolescentes a prepararse durante la educación media, son esenciales para garantizar la excelencia del alumnado que ingrese a nuestros institutos pedagógicos y facultades de educación. Computadoras portátiles, programas especiales de verano, clases avanzadas en las materias fundamentales, y exposición intensiva a la riqueza cultural de nuestro pueblo y las demás civilizaciones, son solo algunos de los incentivos necesarios para distinguir y estimular a los mejores prospectos para el magisterio desde su ingreso al liceo. Debemos establecer un programa de transferencias a las familias de bajos ingresos que eviten que los alumnos identificados como prospectos tengan que asistir en régimen nocturno al liceo por tener que  trabajar para sostenerse. Al mismo tiempo, desplegar  un amplio programa de difusión de la búsqueda del mejor talento para el magisterio, de las nuevas condiciones de empleo para los maestros, y de la importancia de los educadores para la nación, debe ser parte esencial del gran esfuerzo por atraer jóvenes valiosos a las aulas.

En lugar de culpar a los nuevos postulantes a maestros por su pobre desempeño en las pruebas y en el aula (ellos también son víctimas del quebrado sistema educativo que es producto del abandono por el liderazgo político y social durante cinco décadas), debemos concentrarnos en cambiar la forma de reclutar los candidatos  a la noble profesión de educador. Adoptemos las mejores prácticas a sabiendas de que es muy tarde querer remediar la deficiente formación básica cuando llegan al nivel universitario.  Mientras trabajamos en mejorar nuestras escuelas y liceos en sentido general y para todos los alumnos, necesariamente tenemos que fomentar mediante programas especiales el talento magisterial mucho antes de que sean bachilleres e ingresen a estudios pedagógicos los futuros maestros. No apostemos a la dicha esperando por arte de magia formar buenos maestros en las universidades e institutos pedagógicos a partir de pobres bachilleres, pues entonces de seguro sí será demasiado tarde para ellos y para la nación.

*Como lectura complementaria ver dos recientes entregas sobre el tema: http://acento.com.do/2015/opinion/8209909-mal-comio-no-piensa/  http://acento.com.do/2014/opinion/3390155-la-patria-te-necesita/

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