Rubirosa no podía imaginar que aquella muchachita lo pondría en su puesto. Cuando Odile Leonie Marie Josèphe Berard nació en Lyon, a finales de los treinta, Rubirosa tenía ya 28 años, dos matrimonios y muchísimos líos de faldas. Odile fue criada, además, en el seno de una familia conservadora. Pero ni su edad ni sus orígenes burgueses ni las crujías que pasó de niña – huérfana a los 5 años de edad, se mudó con su madre a un apartamentico en París – pudieron con su gran independencia.
Ya adolescente, la belleza y el encanto de Odile llamaban la atención: Apareció en la portada de la revista Paris Match, estudió actuación en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, donde sus colegas, incluyendo a Jean-Paul Belmondo, babeaban por su belleza. Sus curvas perfectas recordaban las voluptuosas estatuas de Rodin, por lo que, como “homenaje” al escultor, adoptó su apellido. Odile Rodin apareció en dos películas: Futures Vedettes (1955) con Brigitte Bardot, y Si Paris nous était conté (1956), con Danielle Darrieux, quien fue, curiosamente, la segunda esposa de Rubirosa. Entonces compartía un apartamentico con otra aspirante a actriz: Ursula Andress. Odile era, además de hermosa, talentosa y parecía tener una carrera prometedora por delante.
Fue entonces cuando Odile Rodin y Porfirio Rubirosa se conocieron en la fiesta que siguió a una partida de polo, a mediados de los cincuenta. Se casaron poco tiempo después, en la casa de unos amigos en las afueras de París. Rubirosa selló su último matrimonio deslizando en el anular de su quinta esposa una alianza de oro, salpicada de rubíes. Así la actriz Odile Rodin se convirtió en la estrella del Jet Set Odile Rubirosa. Porfirio la cubrió de joyas y abrigos de pieles, la paseó en avión por todo el mundo y en Mercedes y Ferraris por París, le dio mucho dinero para que se comprara toda la ropa que quisiera, bajo una condición: que le gustara a él. Pero el carácter latino del viejo playboy provocó más de un pleito: Rubi no permitía que se tiñera los cabellos y hasta influía en el peinado, elegía lo que debía ponerse: trajes y joyas discretas. Un día, cuando ella llegó a casa con un vestido bordado – que se había comprado sóla y por su cuenta – a él no le gustó y se lo picoteó. Pero al final ella ganó el pleito por cansancio.
En 1958 Porfirio Rubirosa llegó a Cuba como embajador de la República Dominicana, apenas algunos meses antes que Fidel Castro. La embajada fue bombardeada y la pareja tuvo que abandonar La Habana, inmediatamente. Pero en esos pocos meses se dieron la gran vida: pasearon en el yate de Stavros Niarchos, cenaron con los Rothschild y se fueron de crucero con los Kennedy y sus amigos, incluyendo a Frank Sinatra y Dean Martin. A principios de los 60 empezaron a visitar Brasil. Una vez Odile se presentó a una recepción en un bikini minúsculo. Rubi estaba furioso, pero ella estaba empezando a tener sus propias alas. Otra, en el carnaval, Odile desapareció y apareció horas más tarde en un club nocturno de Copacabana, donde los lugareños estaban babeando por la "mulata brésilienne" como la llamaban.
En 1965, en París, después de un exitoso partido de polo que su equipo ganó, Rubi organizó una parranda en el Nuevo Jimmy – para celebrar la victoria. Odile había ido en su propio carro, él en su descapotable Ferrari. Mucha celebración y bebedera sin fin. Esa noche Rubí bebió demasiado y todavía quería llegar al Calvados, restaurante tradicional entre los bohemios franceses. Odile volvió a su casa, en las afueras de Paris. Por la mañana, solo y a alta velocidad, Rubi chocó su carro contra un árbol en el Bois de Boulogne. Fue sacado con vida. Dicen que sus última palabra fue: "Odile".
El día del entierro, el cielo lloró tanto como Odile, que permaneció desorientada, se trancó en su apartamento en París, ubicado frente al Bois de Boulogne donde había muerto Rubirosa. Deprimida, se dedicó a comer. Engordó 20 libras.
Cuando reapareció, dos años después, hermosa, delgada y más exuberante que nunca, una cosa era cierta: todos los europeos querían tener la viuda de Rubirosa. Pero ahora era ella quien decidía cada paso, cada escote, cada tacones y cada hombre en su vida.
En 1970 Odile arremetió contra la alta sociedad de Río de Janeiro: La prensa carioca de la época le dedicó montones de artículos en las columnas sociales y entrevistas. Sus fotos eran famosas: Su caras, su boca, sus faldas con rajadito, sus blusas transparentes, sus cambios de piernas – muy anteriores y mejores que los de Sharon Stone – eran objetivos privilegiados por las cámaras de los fotógrafos. La prensa brasileña la apodó "La Viuda Alegre". "Necesito el amor de los hombres y mi libertad. Amo, sí, al mismo tiempo, tres, cuatro ", dijo Odile al diario O Globo y todavía le dijo lo que ella pensaba del brasileño:" Es fascinante. Pero nunca para casarse. Como amante es alegre, divertido, baila bien y ama bien. Como esposo es demasiado latino".
En 1972, Odile vuelve a Brasil y esta vez parecía que para quedarse: Había vendido su apartamento en París, se casó de nuevo (a pesar de su opinión sobre los cariocas) con Paulo Roberto Marinho, empresario brasileño y se adaptó rápidamente a Río: lo suyo era vivir sin lujos, beber cervezas, comer feijoadas y tomar el sol, topless en la playa de Grumari. Fue anfitriona de Mick Jagger, Valentino, Rod Stewart, Ursula Andress, Alain Delon, Candice Bergen…
Cuarentona, Odile seguía provocando. Al entregarle un vestido transparente creado especialmente para ella, el diseñador le sugirió una ropa interior color piel, y ella respondió: "¿Quién dijo que Didile va a usar ropa interior?”
A mediados de los años 80 la pareja se divorció y la separación un duro golpe para Odile, que no sabía qué hacer, pensó incluso en volver a trabajar como actriz, pero nadie la contrató… Fue una época decadente. En un bar, se subió al piano y comenzó a bailar can-can, sin ropa interior. En otro, meó delante de todo el mundo en una hielera y en otro, fue controlada por sus amigos ya que quería hacer un striptease. Ya en el Maxim’s en París, se levantó la falda y le gritó: "¿Quién quiere ver el culo de Didile?" Al parecer su trasero era, todavía magnífico, tanto que en 1981 una revista para hombres la incluyó entre las más sexy de Brasil. Por culpa de los escándalos, la gente que la recibió antes con los brazos y el corazón abiertos empezó a sacarle los pies. A pesar de los escándalos, fue elegida como la chica de la portada de Moet Chandon en Brasil. Entonces, en 1982, Odile apareció con Luiz Carlos Marino, hermano de su ex-marido, con quien tuvo un romance tumultuoso que incluyó pleitos en público.
En 1985, encontró al músico americano James Moss, 16 años más joven, con quien se casó, finalmente, en Maine. Gracias a su nuevo marido, Odile dejó la bebida y se animó a pintar. En 1997 se mudaron a New Hampshire, donde actualmente se encuentra viviendo en una casa confortable.
En 2003, la sorpresa: Odile envió a la prensa una foto en bikini de leopardo: Con más de 60 años, aparecía con un cuerpazo y más feliz que una lombriz. Ahora vive modesta, discretamente. Da largas caminatas en el vecindario de su casa, lee mucho, mucho más de lo que había leído en toda su vida, sólo se bebe una copa de vino, de vez en cuando y se niega a hablar con la prensa. A una amiga periodista que quería entrevistarla le envió una nota, que decía: "Te lo agradezco mucho, pero no puedo hacer excepciones. Pero puedes decir que el culito de Didile sigue siendo el mismo”.
Actualmente firma sus cuadros como Odile Berard.