Nunca he sido partidario de las teorías de conspiración. Sin embargo, en ocasiones he denunciado a través de las redes sociales que existe un plan bien diseñado, orquestado y financiado desde el extranjero con la finalidad de restaurar la maltrecha imagen del dictador Trujillo, trayendo esto como resultado la instauración del trujillismo como opción política en la República Dominicana.

Podrían pensar que soy un alarmista, pero una serie de hechos acontecidos en los últimos cinco años sostienen la tesis que planteo en este artículo.

En el año 2008, un jurado internacional escoge como ganadora del “Premio Nacional de Novela” a Aída Trujillo, nieta del dictador, por la publicación de “A la sombra de mi abuelo”, un texto dedicado a resaltar la experiencia de Aída como nieta del “Generalísimo”. El trabajo de Aída describe a su abuelo como un hombre sumamente cariñoso con sus nietos y amante de los entornos familiares. Aída tiene todo el derecho a publicar el testimonio de su relación personal con su abuelo, que no fue la misma de miles de dominicanos que sufrieron muerte y torturas durante la dictadura.

Sin embargo, mueve a suspicacia que un jurado designado por el Ministerio de Cultura, que en ese entonces presidía José Rafael Lantigua, otro reconocido escritor, entregara un premio en metálico a un trabajo que los círculos literarios del país calificaron de mediocre, por encima de otras novelas que técnicamente hablando, superaban con creces a la de Aída Trujillo.

Un año después, la tía de Aída, Angelita Trujillo, anuncia la publicación de sus memorias. Las mismas no circularon en el país gracias a las organizaciones anti-trujillistas, que hicieron valer por sí mismas la vigencia de la Ley 5880. El Estado no tuvo más remedio que ceder a la presión y aplicar su propia ley, impidiendo la circulación del libro en territorio nacional. Sin embargo, el periódico Listín Diario dio a conocer fragmentos del mismo, constituyendo la “obra literaria” de Angelita Trujillo un mero libelo, dedicado en su cuasi totalidad a difamar la honra y la memoria de personas que sacrificaron sus vidas por la libertad de la nación.

Para el año 2010, el hijo de Angelita, quien se llama igual que su tío, el sanguinario Ramfis Trujillo, anuncia la instalación en el país de una Fundación que buscaba promover el “legado” del Jefe. Otra vez intervinieron las fundaciones patrióticas a través de una acción constitucional de amparo y una sentencia de un tribunal civil le prohibió al Estado Dominicano autorizar el registro de una entidad dedicada a promocionar y a difundir la figura y valores encarnados por el sátrapa.

Ese mismo año, la familia de Trujillo, representada por su nieto, logró infiltrar la Cámara de Diputados y un legislador gracioso del PRD (partido que se fundó en La Habana en 1939 con el propósito de combatir al trujillismo) presentó un proyecto de ley que buscaba crear un museo dedicado a Trujillo en su tierra natal de San Cristóbal. El proyecto fue a vistas públicas y el abrumador rechazo que recibió llevó al retiro de la pieza de la cámara legislativa.

Dos años después, el mismo nieto del tirano vuelve a cobrar vigencia cuando organiza en un restaurant de Santo Domingo una fiesta de cumpleaños para su abuelo que termina con un “Rompan filas y viva el Jefe”, coreado por los presentes. Ese acto constituyó una franca violación a la Ley 5880 y aunque la actividad fue difundida por los medios de comunicación, a las autoridades del Ministerio Público no le interesó en lo más mínimo procesar por ante los tribunales penales al señor Trujillo Domínguez.

Estas acciones del nieto del dictador no son más que un plan bien pensado por Angelita Trujillo y algunos nostálgicos de la Era infame, diseñado para presentar al “Generalísimo” ante las nuevas generaciones como un hombre que se dedicó a sanear el país y a imponer el orden. Esta actitud puede encontrar su caldo de cultivo en un ambiente democrático como el que vivimos, plagado por el desorden, la corrupción, la impunidad, el caos en todas las esferas de la vida social y la ola alarmante de delincuencia en que vivimos.

Luego de que crezca esa añoranza por los “mejores tiempos” que se vivieron con el Jefe, entonces comenzaría el proceso de cabildeo para derogar la Ley 5880 y refundar el Partido Dominicano u otro partido que presente al trujillismo como opción política y como “solución” al grave problema de inseguridad ciudadana y corrupción hipertrófica en que hemos vivido durante los últimos cincuenta años.

¿Cómo impedimos el crecimiento de los sueños malignos de Angelita Trujillo y los nostálgicos de la Era? Desde la familia, formando en la niñez y en la juventud una conciencia patriótica que rechace una cultura política fundamentada en el crimen, la tortura y el pillaje. Desde el Estado, inculcando a través de la educación una enseñanza correcta de la historia que forme en el estudiantado una aversión hacia todo lo que significó la tiranía trujillista. Además, las fundaciones patrióticas, que cuentan en su seno con sobrevivientes de las cámaras de tortura, deben incrementar su labor de formación de la conciencia histórica nacional a través de sus testimonios.

Por último, el Estado debe terminar de aniquilar el trujillismo mediante varias acciones: la exclusión del aparato político-estatal de personeros de la Era, que todavía permanecen vigentes en la sociedad; la reparación económica a las víctimas de tortura de la dictadura y a los descendientes de aquellos que fueron asesinados; el procesamiento judicial de los sicarios y serviles del tirano así como del nieto del dictador, que se pasea por las calles del país pavoneándose de violar la Ley 5880 sin sufrir ninguna consecuencia.

Si el Estado Dominicano continúa en su actitud de pasividad frente a la conducta de Angelita Trujillo y su familia, que no nos sorprenda un retroceso en el tiempo a etapas ya superadas y juzgadas por el veredicto de la historia.