Con el permiso del ilustre y querido Neftalí chileno, alias Pablo Neruda, le he tomado prestado uno de sus hermosísimos versos para añadirle la palabra ¨no¨ y referirme con ello a la estrategia de comunicación, si es que hay algo de eso, que desde hace mucho tiempo está utilizando el Presidente Danilo Medina, y que consiste en estar siempre en un segundo plano, al igual que las cámaras de cine cuando hacen las tomas desenfocadas, y así pasar en muchas ocasiones difíciles bastante desapercibido, e inclusive escurrir el bulto.

Esto no es nuevo en las grandes ligas gubernamentales. Desde que los políticos descubrieron que el tiempo es un magnífico borrador de los nombres, los hombres y los hechos, sobre todo cuando son malos incorrectos y dolosos, y si se le añade además la enorme ventaja para ellos, de que los pueblos como los nuestros con no mucha educación tienen memoria colectiva de gallina, han echado mano a estos efectivos y económicos recursos de olvido para desentenderse de muchos asuntos lacerantes.

Al Presidente dominicano se le siente o mejor dicho se le percibe, ya no tanto, pero todavía, más por las llamadas visitas sorpresas que por dirigirse a los ciudadanos de manera regular, como entendemos que debería ser. No se trata de que a cada rato nos largue un rollo caustico por cortar una cinta, inaugurar una escuela o abrir una llave de agua o decir que todo va de maravillas, sino de que nos informe de la manera más objetiva posible -sin  retórica politiquera- sobre asuntos de verdadera importancia para el país.

Sabemos que el presidente Danilo no es un orador de primera, ni “habla bonito”, ni es un pico de oro en estas lides como presumía su antecesor, ni falta que le hace. Es más importante el contenido del mensaje sincero que su envoltorio por lindo y bien presentado que pueda ser. Pero un presidente debe mantener una vía de comunicación con su pueblo para informarlo de manera directa, orientarlo ante problemas de compleja solución, y ejercer su liderazgo. Hablar en las grandes ocasiones patrias o en momentos ineludibles o por presiones colectivas, es siempre insuficiente.

Por ejemplo, ante la marcha verde o en el caso del mega escándalo de Odebrecht, el Presidente Danilo parece hacerse “el sueco”, dejando el asunto a su aire, que se cocine solito, como el ceviche peruano, con el limón de los medios de comunicación y de un sistema judicial más que cuestionado. Lástima que el resultado no sea un platillo delicioso, sino una mazamorra de mayor confusión para los dominicanos que ya bastante liados estamos.

Entre los señalados de la lista de la corrupción hay gente de su partido y además muy cercanos a él, así como de la oposición, porque el oro tanto lo busca el cristiano como el moro. Sobre la lista y sus listos, sobre los sobornos y la corrupción, en especial la de su partido, debería hablar más y más claro sobre ello, y fijar su posición sobre todo lo que está aconteciendo, o de lo contrario la gente pensará que está echando mano al recurso del olvido en favor de los imputados, lo cual le acarrearía graves problemas, irreversibles, de credibilidad y de imagen

Y por lo tanto de para su manera de gobernar.

Lo siento, Danilo, pero en materia de comunicación, no me gustas porque estás como ausente.