La inteligencia es fundamental para tener éxito. Y hay que reconocer que Danilo Medina ha sido muy zagas y talentoso en el manejo de la opinión pública y de los medios, contando además con una oposición dividida, conciliadora y poco critica. Nos ha metido en una gran burbuja, para ver desde lo alto un país diferente.
Comenzando con la educación, puso en práctica un oportuno plan de alfabetización del que se tiene poca información pero mucha prensa, ha construido miles de aulas alrededor del país, cuya inauguraciones son la noticia del día todos los días y ha contratado a cientos de maestros que no sabemos si reúnen las condiciones para ejercer su función, pero que de todas manera necesitan un fuerte aprendizaje para elevar la calidad del estudiantado dominicano.
Sin embargo, en sus dos años y medio de gobierno, no ha logrado cumplir con el 4% del PIB a la educación y nadie habla de ello. ¿Es suerte, sagacidad, manejo mediático o hipnotismo colectivo? Y si analizamos la situación educativa del país, el 4% aun sería insuficiente para superar las grandes deficiencias que poseemos en este campo.
Otro aspecto es el manejo presupuestario. Hasta el momento Danilo ha cumplido con la meta prevista en cuanto al déficit fiscal. Este se ha mantenido entre un 2.5% y 2.8% del PIB, tal como fue programado. Pero en cuanto a la asignación de los recursos hay un marcado deterioro en la calidad del gasto y tampoco nadie se fija en eso. Un ejemplo concreto es la caída violenta del gasto de capital a costa de un aumento progresivo en el gasto corriente, donde sobresalen los nombramientos masivos de gente que no tiene nada que hacer y las asignaciones groseras a los programas clientelistas, llamados “sociales” que están carcomiendo el presupuesto sin tener ningún impacto en la reducción de la pobreza. A esto se añade la corrupción y el despilfarro que protagonizan decenas de instituciones inservibles que debieron desaparecer hace años.
Otro sobresaliente ejemplo de cómo copar los medios de comunicación son las famosas visitas sorpresas. Mucha gente en diferentes comunidades alrededor del país espera esa visita con ansiedad porque algo se le pega y hay que reconocer que han sacado a flote a muchos productores que estaban en quiebra. Pero ese programa lo maneja el Presidente con un grupo de sus allegados que nada tiene que ver con las instituciones responsables de las aéreas que son beneficiadas. Por ejemplo, los productores agropecuarios reciben sus fondos del FEDA, una entelequia que debió de desaparecer hace años, mientras que el Ministerio de Agricultura permanece al margen cuando es la institución que debe darle soporte técnico y seguimiento al buen uso de esos recursos.
La pregunta es ¿Por qué no se usan esos fondos para recapitalizar el Banco Agrícola y coordinar su asignación con las demás instituciones del sector agropecuario a fin de asegurar el éxito de las inversiones y su sostenibilidad? Simplemente porque eso no saldría en la prensa con la intensidad con que se difunde cuando es el propio Presidente el protagonista del espectáculo. A eso yo le llamo ingenio político, porque Danilo Medina es un buen estratega si alguien ha olvidado eso.
Respecto a la deuda, si bien la negociación con Petrocaribe la redujo en unos US$2,000 millones, el Gobierno de Medina ha ido demasiado lejos pidiendo dinero prestado. Solo en sus dos años y medio de gestión aumentó la deuda en más de US$3,500 millones, algo insólito.
Otra de las habilidades del Presidente es la de no hablar. Rara vez Medina se dirige a los medios de comunicación o hace alarde de algo. Además, le da larga a los temas más conflictivos y busca siempre una solución salomónica que deja a todos confundidos o más o menos satisfecho, pero que no resuelven el fondo de la cuestión. Un ejemplo es la supuesta despenalización del aborto o el Plan de Regularización de Extranjeros, ambos con serias limitaciones para resolver las complejidades que uno y otro representan para la sociedad dominicana.
Donde la copa se reboza es en el caso de las reformas. Hay media docena de reformas que están en discusión pero no avanzan o simplemente no se quiere que avancen. El Código Laboral es uno de ellos o la reforma del patético y desastroso sector salud en base a las leyes vigentes aprobadas hace más de una década. El tema salarial es otro complejo proceso donde todos se tiran la piedra para no dar un paso adelante. El Plan Energético Nacional, conformado por un centenar de participantes, jamás llegará a feliz término por la forma en cómo se aborda, los intereses envueltos y la visión que tiene el gobierno sobre el tema.
En resumen, con dos años y medio gobernando, la gestión de Danilo Medina muestra señales de progreso en algunas aéreas pero en otras las cosas empeoran y rápido. El problema es que las primeras son el pan de cada día en los medios de comunicación y las otras apenas se mencionan como problema. Así las cosas, todo parece color de rosa y la opinión pública, sometida a un bombardeo intenso de las cosas buenas que hace el Presidente, olvida que seguimos viviendo en un mar de frustraciones, con los mismos índices de pobreza y desempleo, una creciente criminalidad y sin ninguna esperanza de progresar si continuamos obviando las transformaciones institucionales más importante que requiere el país y que se evita enfrentar a toda costa.
Por eso no es de sorprender la alta opinión favorable que tiene el Presidente Medina, que arrastra hasta sus críticos, aun con la queja de la mayoría de la población sobre su mala situación económica. Es una contradicción atípica que se repite por años en todas las encuestas gracias a que vivimos en una isla de la fantasía y ahora dentro de una gran burbuja mediática.